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La Lengua » La lengua y la fuerza

Ars longa, vita brevis

La lengua y la fuerza

1 de November de 2006

En lingüística es un hecho más que aceptado que la fuerza es solo una de las posibles formas de imponer una lengua, y que casi nunca sirve, por el contrario, para hacer que otra se olvide. Por lo general, la energía más poderosa para decidir qué lengua se hablará y cuál se olvidará es la economía, aunque desde el inicio de los movimientos nacionalistas durante el siglo XIX ha existido también un factor que llamaré sentimental.

Por ello, por ejemplo, en casi toda la Península se olvidaron las lenguas que se hablaban antes de la conquista de los romanos, ya que los indígenas vieron su oportunidad de medrar socialmente sólo si hablaban la lengua de los nuevos dominadores. Por ello también pervivió el vascuence, puesto que los antiguos romanos no vieron gran beneficio económico en la región, además de que los antiguos vascones resultaron ser un hueso duro de roer.

Los que hemos estudiado filología no solemos ver esto con grandes gestos de tragedia, porque la lengua existe para el hombre, y no el hombre para la lengua; lenguas grandiosas han evolucionado, como el latín o el más que probable indoeuropeo, y otras han desaparecido, como muchas lenguas indígenas precolombinas y todas las lenguas prerromanas de la península ibérica, a excepción del ya citado euskera. No pasa nada.

Lamentarse por la desaparición de una lengua es como lamentarse por la desaparición de los dinosaurios: nos gustaría ver uno vivo, sería un momento emocionante y de incalculable interés científico ver un tiranosaurio o conocer la gramática de la lengua de Tartessos, pero los dinosaurios se extinguieron, Tartessos desapareció y el mundo sigue dando vueltas. Y seguirán desapareciendo especies y desapareciendo lenguas. No pasa nada; a su debido tiempo, nuevas lenguas y nuevas especies aparecerán.

No digo que esto no tenga una dimensión ética, claro. Forzar, aunque sea indirectamente, a una población a que abandone la lengua de sus padres no es cosa de poca monta. Además, normalmente los individuos que deben aprender una nueva lengua por su utilidad social, suelen adquirir la destreza justa para desenvolverse dentro de las nuevas reglas sociales, lo que los convierte automáticamente en marginados. Pasa aquí, en Melilla, donde los alumnos cuya lengua materna es el tamazight o bereber se estrellan continuamente en la escuela o en las oposiciones. Pasa en Cataluña, donde una situación de bilingüismo crea conflictos diariamente.

Cervantes, en el gracioso episodio del vizcaíno en el Quijote (primera parte, capítulos VIII y IX), ridiculiza, con buen humor y sin mala uva, como es norma en él, a estos individuos que hablan una lengua que no es la suya:

-Anda, caballero, que mal andes; por el Dios que crióme, que si no dejas coche, así te matas como estás ahí vizcaíno.

Pero aunque Cervantes no pretenda hacer sangre con esta gracieta, la marginación más o menos grave de los individuos que tienen que usar una lengua que no es la suya es un hecho. Es como si en una orquesta le das a un violinista un contrabajo. O peor aún: el violinista puede hacerse contrabajista a base de esfuerzo y ensayo; la lengua materna se aprende en unas circunstancias sociales y psicológicas únicas, y nadie es capaz, por mucho que se entrene, de hablar una segunda lengua igual que la de sus padres.

¿Y qué se puede hacer con esto? Difícil pregunta, sobre todo en nuestro país. España es un país de varias lenguas, lo que constituye una de nuestras riquezas. Pero como siempre, los políticos usan cualquier circunstancia social como un arma para conseguir sus intereses, y convierten una riqueza en un problema. Franco, por ejemplo, antes. Ahora, determinados políticos nacionalistas (nacionalistas de cualquier nación, de España, de Cataluña, de Andalucía, porque una nación es un estado mental más que una realidad palpable). ¿Qué fue de Alfonso X el Sabio, que instituyó el uso de una lengua -el castellano- para las comunicaciones oficiales, sin imponerla por la fuerza, que escribía sus Cantigas en gallego sin inmutarse, y fomentó el uso cultural del árabe, el hebreo y el latín?

¿La solución en España pasa por volver a una única lengua oficial para la Administración del Estado? Yo me decantaría por esta solución, recibiendo, por supuesto, la inevitable retahíla de acusaciones de fascismo (ser fascista en este país es baratísimo, como escribía en El País hace poco José Miguel Larraya). ¿Pasa por mantener todas las lenguas, incluido el castellano, como oficiales en sus respectivas comunidades? ¿Por hacer en Cataluña oficial sólo el catalán, en Galicia el gallego?

Los problemas lingüísticos son extremadamente complejos, ya que no hay prácticamente ningún ámbito de la vida que pueda existir sin el lenguaje. Yo no tengo la solución, por supuesto, pero creo que las cosas mejorarían mucho si todos pusiéramos un poco de buena voluntad.

Pero me temo que los que tienen en sus manos la mayor parte del poder no están por la labor. Lo mejor es dedicarse a tener el mejor coche posible y a insultar al adversario, porque ¿a quién le importa que lo llamen Sabio una vez que se está muerto?

6 comentarios en “La lengua y la fuerza”

  • # EFE dice:
    1 de November de 2006 a las 15:22

    Yo, que tengo una formación humanista sacada de leer el Tele Indiscreta, apoyo la moción de aliminar todos los flecos económicos posibles. Una única lengua oficial para el estado. Y que se mantengan culturalmente el resto, si se quiere, pero muchas lenguas implica mucha burocracia, y el exceso de ésta es la lenta muerte de cualquier estado.

    Ah, y cuando hablo de estado me refiero a la UE.

    Que de momento no llega a confederación, pero acabará siéndolo, no hay más alternativa viable, salvo las utopías de salón basadas en la inhalación masiva de textos de Rosseau.

    Ah, ¿qué lengua? Pues podemos votarlo si nos hace ilusión, pero yo veo bastante claro que ya hay un idioma hegemónico a nivel mundial y que lo más barato (¡bendita, maldita economía!) es seguir la corriente y no oponerse a ella.

  • # Elías dice:
    1 de November de 2006 a las 16:25

    ¿El chino? 😉

  • # Manuel dice:
    2 de November de 2006 a las 11:36

    Es el primer texto racional y tan cargado de razón que leo al respecto de este tema…

    Mi madre es gallega, como toda su familia… y durante años pasé veranos enteros allí, con mis abuelos y tíos…

    Allí casi siempre se habla en gallego (o se fala en galego), a menos que alguien sepa que eres de fuera, momento en el que tienen la deferencia de hablarte en castellano sin ningún tipo de problema…

    Y esto ha sido siempre así, desde que yo recuerde… mucho antes de los arranques nacionalistas que quieren imponer sus criterios acerca de la lengua a utilizar.

    Es decir, pese a que la educación se ha realizado siempre en castellano, con su asignatura correspondiente en gallego, el gallego ha sobrevivido sin ningún problema hasta la actualidad.
    No ha hecho falta que un partido político obligase a nadie a hablar en gallego… ni en la calle, ni en las administraciones públicas.
    De hecho, la gente nunca le ha dado la mayor importancia… si empezaban a hablar con alguien en gallego, y esta persona les responde en castellano, automáticamente cambiaban el ‘chip’ para seguir la conversación en castellano.

    O incluso, si la persona con la que hablan entiende el gallego, entonces pasa una cosa muy curiosa, como es mi caso, y es que uno habla en gallego mientras el otro lo hace en castellano sin ningún problema… que es lo que me sucede a mi con mi familia.

    Lo que quiero decir, es que una lengua seguirá existiendo mientras la gente la siga usando… y sin necesidad de que sea impuesta por nadie.

    Y como tú muy bien dices, el hacer obligatorio su conocimiento, tan solo sirve para encarecer y enrevesar una ya de por sí complicada Administración.

  • # lubre dice:
    8 de November de 2006 a las 19:15

    Está muy bien toda esta teoría, un único idioma es una buena opción, siempre que sea el mio, claro está.

  • # kelp dice:
    9 de November de 2006 a las 19:51

    Claro, lo aprender varias lenguas es una paletada propia de pueblerinos.
    Yo eliminaria idiomas como el finlandés, el sueco, el noruego, etc. Menuda tonteria que les obliguen a aprenderlos. También eliminaría el castellano y haría que solo fuera obligatorio aprender inglés como idioma universal.
    Es mucho más práctico.

  • # Elías dice:
    9 de November de 2006 a las 21:44

    Nadie ha hablado de eliminar nada, kelp.

    Y lubre, me parece que un solo idioma para la administración, ojo, es una buena idea. Y no el mío, sino el que comparten todos los administrados. Creo que acabaría con unos cuantos problemas, pero es una opinión, por supuesto 🙂

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