Ars longa, vita brevis

Inercia

12 de November de 2006

El hombre no sólo vive su vida personal como individuo, sino que, consciente o inconscientemente, también participa de la de su época y de la de sus contemporáneos, así que por más que considerase las bases generales e impersonales de su existencia como bases inmediatas, dadas por naturaleza, y permaneciese alejado de de la idea de ejercer cualquier crítica contra ellas, como era el caso del buen Hans Castorp, era muy posible que sintiese su bienestar moral ligeramente afectado por sus defectos. El individuo puede tener presentes toda clase de objetivos personales, de fines, de esperanzas, de perspectivas, de los cuales extrae la energía para los grandes esfuerzos y actividades; ahora bien, cuando lo impersonal que le rodea, cuando la época misma, a pesar de su agitación, en el fondo está falta de objetivos y de esperanzas, cuando ésta se le revela como una época sin esperanzas, sin perspectivas y sin rumbo, y cuando se le pregunta sobre el sentido último, inmediato y más que personal de todos esos esfuerzos y actividades -pregunta planteada de manera consciente o inconsciente, pero planteada al fin y al cabo-, no encuentra otra respuesta que el silencio del vacío, resultará inevitable que, precisamente a los individuos más rectos, esta circunstancia conlleve cierto esfuerzo paralizante que, por vía de lo espiritual y moral, se extienda sobre todo a la parte física y orgánica del individuo. Para estar dispuesto a realizar un esfuerzo considerable que rebase la medida de lo que comúnmente se practica, aunque la época no pueda dar una respuesta satisfactoria a la pregunta «¿para qué?», se requiere bien una independencia y una pureza moral que son raras y propias de una naturaleza heroica, o bien de una particular fortaleza de carácter. Hans Castorp no poseía ni lo uno ni lo otro, y no era, por lo tanto, más que un hombre mediocre, eso sí, en uno de los sentidos más honrosos del término.

Thomas Mann, La montaña mágica.

Los pasajes que aparecen en negrita han sido resaltados por mí. La montaña mágica transcurre en Europa unos años antes de la Gran Guerra. Me han resultado muy llamativas las coincidencias entre este fragmento y la sociedad europea actual, o al menos el modo en que yo la veo. Tengo contacto permanente con jóvenes, y veo pasar a decenas de ellos, bastante capaces, que se entregan a la desidia y a la vagancia por razones que no logro entender, pero que puede que estén relacionadas con esto: con una sociedad que no puede ofrecerles nada, aparte, claro está, de un coche más rápido o una consola de videojuegos más potente. Quizás este “efecto paralizante” del que habla Mann se está reproduciendo en la Europa de principios del siglo XXI, como se daba, según él, en la Europa de principios del XX. ¿Creéis que vivimos un momento análogo? Sin que esto quiera decir, por supuesto, que estemos a las puertas de la III Guerra Mundial… aunque hay gente que así lo cree, y motivos para pensarlo tampoco les faltan. Vuestras opiniones, como siempre, en los comentarios.

3 comentarios en “Inercia”

  • # Manuel dice:
    13 de November de 2006 a las 14:46

    Pues no te voy a decir que no…

    La verdad es que creo que hay una cierta tendencia a pasar de todo y dejarse llevar sin el más mínimo esfuerzo entre la sociedad…

    Como dice el texto, aunque una persona tenga unos sueños u objetivos personales, la imposibilidad de llevarlos a cabo le cohibe de tal manera que le lleva a la desidia e inactividad…

    Lo cierto es que para alguien joven, cargado de sueños, hoy en día es muy difícil llevarlos a cabo por falta de medios y de ayudas para poder, por lo menos, intentarlo.

    Yo mismo he sufrido ese desencanto personal de tener un sueño, una idea… y no poder llevarla a cabo ante las enormes dificultades existentes.
    En nuestra sociedad, ahora mismo, solo los que disponen de capital pueden poner en marcha nuevos proyectos… y el que no lo tiene, debe de pasar mil y una dificultades para conseguir la financiación suficiente… y eso si llega a conseguirla.

    Y en la mayoría de las empresas, ni siquiera se busca o premia a los empleados que puedan aportar nuevas y frescas ideas…

    Así que al final, es normal que muchos se vean tentados a limitarse a hacer lo justo para ir saliendo adelante… total, por lo que nos pagan, que encima tampoco es demasiado, no merece la pena partirse la espalda…

  • # Marcos dice:
    15 de November de 2006 a las 20:48

    La desidia de esos jovenes puede que tenga que ver con la desidia de sus padres, y digo esos jovenes porque no todos son mediocres, e incluso los hay mediocres que no dejan de intentarlo.
    Creo que los jovenes al final tendemos a valorar más lo económico que la actividad en sí, el cómo está remunerada esa actividad, o ese trabajo, y si es reconocida. Nos cuesta demasiado hacer las cosas bien por el mero hecho de hacerlo bien.
    La última parte de tu interesante (como siempre) entrada no es descabellada, de hecho, creo que suele parecerlo cuando ya es demasiado tarde.
    Aprovecho para felicitarte por tu excelente blog.

  • # Elías dice:
    15 de November de 2006 a las 22:57

    Gracias por vuestros comentarios, y bienvenido, Marcos.

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