Ars longa, vita brevis

Violencia y justicia

19 de September de 2006

Cuando hablamos de justicia, siempre es necesario que diferenciemos bien dos concepciones de la palabra: la primera, como lo que es justo, es decir, que cada uno reciba lo que merece. El que dé bien, que reciba bien, y el que dé mal, que reciba su castigo. La otra concepción nos dice que “justicia” es el aparato creado para que arreglemos nuestros problemas en los juzgados en lugar de ponernos a meter tiros como en el salvaje oeste. Es decir, que esta segunda concepción de justicia es lo que permite que la vida en sociedad sea posible.

Vamos a hablar de violencia doméstica y maltratadores.

Hace unos días un salvaje la emprendió a puñaladas contra su mujer, de la que estaba separado, en la puerta de la casa de esta; los dos hijos de la pareja, de 17 y 25 años, oyeron los gritos de su madre, bajaron rápidamente del piso y provocaron la fuga de su padre, tras del cual salieron. A unos metros de donde se había producido el intento de asesinato le dieron caza, y ya de paso una paliza, tan vigorosamente que desde entonces el presunto maltratador se encuentra en la unidad de cuidados intensivos. Por suerte, la madre de los chicos, aunque herida, no corre peligro (noticia).

Hasta ahí lo ocurrido. Todo el mundo da su apoyo a los chicos, que bastante tienen; no solo su madre ha sufrido una agresión que ha puesto en peligro su vida, sino que además tienen que aguantar el deber de odiar a su padre, a quien de forma natural tendrían que querer.

Por supuesto, yo me sumo a todo el mundo y no solo compadezco a los pobres chicos, sino que los comprendo y, como todos, afirmo que si me pasara eso probablemente haría lo mismo, aunque tengo la infinita suerte de que es imposible que esa situación se produzca en mi familia, gracias al Hacedor.

El problema viene cuando la gente cree que realmente esa es la forma de hacer las cosas. Por mucho que el padre se lo merezca, alcanzarlo una vez que está huyendo y darle la del pulpo no era lo que había que hacer. Lo que había que hacer, cuando había sido reducido, era esperar a que llegase la policía y poner una denuncia. Quiero que se me entienda bien: los chicos son inocentes, y si la justicia funciona en este país, aunque sea mal, quedarán libres sin cargos.

Pero no se puede pretender que eso se convierta en la normalidad. Todos decimos en el ascensor, en la sala de espera del dentista y en la panadería que los hijos son unos héroes, que el padre se lo merecía y que todos habríamos hecho lo mismo, y es verdad. Pero también decimos que a los etarras habría que torturarlos y después matarlos, que “si agarro al niñato que me rayó el coche el otro día mientras estaba durmiendo lo hago pedazos”, y algunos también dicen que hay que combatir los cayucos a cañonazos. Pero si queremos que la justicia sea un instrumento que nos sirva para vivir en sociedad, es necesario que nos pongamos en contra de este tipo de acciones.

Lamentablemente, nada parece que se pueda hacer para acabar de una vez con la violencia machista, y nos queda aguantarnos y esperar a que poco a poco estas situaciones vayan extinguiéndose por sí solas. Pero la espera es amarga, desgraciadamente. Espero vuestras opiniones en los comentarios.

En La Lengua:

3 comentarios en “Violencia y justicia”

  • # Eduardo dice:
    31 de March de 2007 a las 21:39

    bien mas duro era

  • # Jorghe dice:
    26 de March de 2008 a las 1:47

    muy importante el tema gracias por publicar

  • # laura dice:
    18 de June de 2009 a las 18:43

    molt be tot

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