
La carne labiada se contrajo y luego se asentó. Kino la levantó, y allí estaba la gran perla, perfecta como la luna. Atrapaba la luz y la refinaba y la devolvía en una incandescencia de plata. Era tan grande como un huevo de gaviota. Era la perla más grande del mundo.
A muchos, o algunos de vosotros, os sonará el nombre del escritor estadounidense John Steinbeck; a casi todos, títulos como Las uvas de la ira, Al este del edén o De ratones y hombres, que son novelas muy conocidas de las cuales se han rodado películas en general de calidad.
En La perla se nos cuenta la historia casi mítica de Kino, un pescador mexicano de mediados del siglo XX, de su esposa Juana y del bebé de ambos, Coyotito, que viven en un paupérrimo pueblo de pescadores de lo que saca Kino buceando en busca de perlas.
Un día fatal, un escorpión desciende por la cuerda de la que cuelga la cuna de Coyotito y le clava su aguijón. Los padres acuden al médico, un europeo que vive en la parte urbanizada del pueblo, pero como son pobres no los atiende. Entonces se meten los tres en la barca y Kino se sumerge en las aguas del océano en busca de una buena perla que les permita salvar a su hijo. Encuentra una ostra gigante medio escondida en unas rocas, y al abrirla descubre una perla enorme y perfecta.
La perla tiene una función claramente desestabilizadora: revoluciona el poblado de pescadores, creando envidias y murmuraciones, hace que el monopolio de compradores de perlas presione a Kino al máximo para comprársela por un precio irrisorio, y provoca una extemporánea visita del médico, que hace como si curase a Coyotito cuando en realidad le está dando medicinas para que enferme y siga necesitando de sus cuidados. Desde que tienen la perla, todo parece ir mal para la familia de Kino, y a pesar de que Juana intenta varias veces deshacerse de ella, no comprenden hasta el final de la historia que habría sido mucho mejor que no la hubiesen encontrado.
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He comenzado este artículo diciendo que La perla es una historia casi mítica. Con ello quería subrayar la importancia e inevitabilidad que tiene el destino en esta novelita. A partir de aquí voy a desvelar detalles importantes de la trama de la novela, así que si tienes pensado leerla y no quieres que te fastidie el final, sáltate el resto del artículo. Al principio de todo un escorpión pica a Coyotito. El veneno de un escorpión, se nos dice en la novela, puede ser suficiente para matar a un bebé. A pesar de que Juana ha reaccionado como un rayo y ha succionado y escupido parte del veneno, los padres siguen muy preocupados por la salud del bebé, por lo que salen en busca de la perla. Y el hallazgo de la perla conduce a todo lo demás: intentos de robo, homicidios en defensa propia, preocupaciones gratuitas, desconfianza y miedo, hasta que todo desemboca en tragedia, y Kino y Juana se dan cuenta de que efectivamente no se quitarán el cenizo de encima mientras no se libren de la perla del mundo.
Si nos situamos en el final de la novela y miramos hacia atrás, nos damos cuenta de que, si la perla no hubiese sido encontrada, Coyotito habría sanado de forma natural y se habrían evitado un montón de desgracias. Con lo cual se puede llegar a la conclusión de que el escorpión debía haber matado a Coyotito, y que, al salvarlo Juana extrayéndole el veneno, ha de aparecer la perla para restablecer el destino, es decir, para provocar la muerte de Coyotito, que había sido evitada de forma antinatural.
El estilo del libro me ha parecido un poco feo, no encuentro otro calificativo más apropiado. Pero estoy seguro de que es culpa de la traducción. Ojo, no del traductor, sino de la traducción. Es algo que pasa también con Hemingway, y con otros escritores que intentan escribir de la forma menos barroca posible, con un lenguaje directo y sencillamente expresivo. La estructura del inglés, con sus sílabas trabadas (es decir, acabadas en consonante, al contrario que la mayoría de las sílabas en español) y sus palabas cortas, hace que determinados estilos literarios sean muy difíciles de traducir conservando la impresión que producen las palabras, lo que, por otra parte, se puede aplicar a cualquier idioma. Sin embargo, está claro que Steinbeck sabe dosificar muy bien las acciones, describir los paisajes de forma casi impresionista, evocando el color azul, blanco y verde del mar, y crear el misterio más allá de la historia, dejando detalles de la trama sin desvelar para que esto contribuya a ese aire mítico del que os he hablado.
En pocas palabras, es un bonito libro.