La República
Hoy se celebra el 75º aniversario de la proclamación de la II República Española.
No está de más recordar un par de detalles históricos, ahora que hay mucha gente reivindicado ese período. Por ejemplo, que la II República fue proclamada al perder unas elecciones1. O que no fue un oasis de libertad, respeto y laicismo, sino más bien una excusa para que unos cuantos fascistas (fascistas de izquierdas) metieran el dedo en el ojo de la parte de España que no pensaba como ellos. Y otros cuantos fascistas quemaran unos cuantos conventos. Hecho que aprovecharon otros fascistas -esta vez de derechas- para traernos un trozo bastante amargo y reciente de nuestra historia (la dictadura del general Franco).
Yo no añoro el período 1931-1936 en absoluto. Sí, valoro el hecho de que no hubiese una figura monárquica por encima del resto de los hombres. Y que el Estado fuese laico. Pero el precio que tuvimos que pagar fue demasiado alto.
Prefiero un país como el que tenemos hoy, con un rey viviendo a costa de todos nosotros, y con relativa calma social, antes que el de la II República, donde no había rey que valiese pero donde la gente iba pegándose tiros por las calles.
Y, no sintiendo ninguna simpatía especial por el clero, prefiero pagarles una subvención para que pinten la figura del Cristo antes que dejar que les quemen el templo. Sí, puede que esta caridad sea un defecto de la educación católica que recibí en mi tierna infancia, pero bueno, uno no puede pasarse la vida pidiendo disculpas por ser como es.
Por supuesto, preferiría vivir en una España donde no hubiese rey ni confesiones religiosas privilegiadas y que además viviese en paz, y espero que un día la vean mis tataranietos. Pero de momento, tenemos problemas más graves. La corrupción en Marbella, en Cádiz, en Melilla (porque supongo que aquí también hay… je, je, je) es más perniciosa para los bolsillos de los trabajadores que nuestra monarquía bon vivant.
La educación de nuestros menores es bastante basurienta, pero eso no lo vamos a arreglar volviendo a expulsar a los jesuitas del país.
No sé si me explico: a donde quiero llegar es a que la opción de tener un jefe de estado hereditario, o por el contrario elegido democráticamente, es uno de nuestros menores problemas (es más, estoy convencido de que para la mayor parte de la gente ni siquiera es un problema). Y después de todo, esa es la diferencia entre una monarquía parlamentaria como la nuestra y una república: la persona del jefe del estado. No, no me gusta que sea Juan Carlos I el jefe de mi estado, pero ya puestos, tampoco me gustaría que fuese Rodríguez Zapatero o Aznar. Ni ese Aznar cuyo grupo parlamentario no quiso condenar el levantamiento de Franco, ni este Rodríguez Zapatero que viene a reivindicar 75 años después uno de los ingredientes que cocinaron la mayor tragedia española del siglo XX, para dar gusto a no se sabe quién (ya que, que yo sepa, el PSOE es un partido respetuoso con el orden legal vigente, y no se cansa de repetirlo).
Así que sí, que viva la República, pero la III. Cuando llegue, que ya somos mayorcitos. Cuando queramos votar a IU ya lo haremos. Y la II que se la metan donde les quepa. Que no, que no estamos deseosos de revivir tragedias.
(1) La II República fue proclamada en España dos días después de unas elecciones municipales en que los monárquicos obtuvieron 22150 concejales y los republicanos 5574. Al parecer el voto rural no les pareció tan respetable a los republicanos como el urbano, sospechando que estaba influido por los caciques. Igual que ahora muchos cuestionan el voto del 14 de marzo de 2004, alegando que estaba influido por los atentados de Madrid. Esto es la democracia para nuestros políticos: si el voto les beneficia, el pueblo es sabio; si, por el contrario, les es adverso, le quitamos legitimidad a su voto alegando enajenación mental.