A una gata

¿Qué mensaje tus ojos azulados
celan, terrible fiera en miniatura,
bola de pelo, anhelo de aventura,
que me sigues maullando a todos lados?
En tu sangre viven antepasados
que habitaron altivos la espesura
de una jungla esmeralda. Fiera, oscura
genealogía de tigres olvidados.
Tú y yo nos parecemos. Justamente
yo también fui león y fui pantera,
y me he quedado en gato solamente.
Ahora ya no recuerdo cómo era.
Vulnerable, doméstico, indolente…
cómo hemos decrecido, compañera.
Elías Gómez García.
Publicado en La Lengua el 15 de septiembre de 2003. El bellezón de la foto es nuestra gata siamesa Katy, inspiradora del relato, que nos dejó hace casi ya dos años.
6 comentarios en “A una gata”
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# Estepaisano dice:
Nota del editor: El vídeo enlazado en este comentario es de una extremada crueldad. Consiste en la muerte despiadada de un gato a pisotones.
Que tus versos sirvan también para rendir póstumo homenaje al gatito cruelmente asesinado por esta chinaca:
http://videodownloader.net/especial/gato.wmv
AVISO: El vídeo es extremadamente cruel y salvaje, y al parecer es parte de una campaña publicitaria de unos fabricantes de calzado chino. Hijos de puta.
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# Agustín dice:
El video me causa una repugnancia absoluta. Los animales no son como las personas, carecen de nuestra maldad, por suerte para ellos. Pienso que el que mata a un animal (o a una persona) sin causa justificada merece el mismo trato ni derechos ni leches. Coincido con Estepaisano en que hijos de puta, pero preferiría que no figurara el video. no hace falta. Creo que sería de buen gusto quitarlo con el permiso de Estepa.
Elías tu gata era una pasada, y la blanca también, pero a mi el que me gusta es el que muestras reflejado en tu ipod en una foto
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# Victor dice:
EL PERRO COJO
Con la pata coja colgando, despojo de una pedrada, pasó el perro por mi lado.
Un perro de pobre casta, uno de esos, callejero, pobre de sangre y de estampa, que nacen en los rincones de perras tristes y flacas, condenados a comer basura de plaza en plaza, que de pequeños, por lo fino y ágil de la infancia, baloncitos de peluche, tibios bolones de nácar los acurrucan, los miman, los sacan al sol, les cantan… de mayores, conque ya se les fue la gracia, los dejan a su ventura, mendigos de casa en casa sus hambres por los rincones y su sed sobre las charcas…
¡Y que tristes ojos tienen! , ¡Qué recóndita mirada!, como si en ella pusieran su dolor a media asta… y se mueren, de tristeza, a la sombra de una tapia si es que un lazo no les da una muerte anticipada.
Yo lo llamo: – ven, no te hago nada- todo hociquito curioso, toda sed, hambre, nostalgia.
El perro escucha mi voz, olfatea mis palabras, como esperando o temiendo, pan, caricias o pedradas, no en vano lleva marcado un mal recuerdo en la pata.
Lo llamo otra vez: – ven aquí, no te hago nada -, dócil a medias, avanza, moviendo el rabo con miedo y las orejitas gachas… – ven aquí, no te hago nada- eso es… ¡adiós a la desconfianza!, que ya se tiende a mis pies, a tiernos aullidos habla,
ladra, para hablar más fuerte, salta, gira, gira, salta, canta, ríen, ríen cantan, lengua, orejas, ojos, patas y el rabo es un incansable abanico de palabras… -¿ que piedra te dejó cojo?, ¡malhaya, malhaya!… el perro me entiende, sabe que maldigo la pedrada, esa pedrada dura que le destrozó la pata y con el rabo me está agradeciendo la lastima.
-No te preocupes, que no ha de faltarte nada, yo también soy callejero, diente de distintas plazas y a patita coja voy, de jornada en jornada, las piedras que me tiraron, me dejaron coja el alma… vamos pues perrito, ¡anda que te anda!, tú por tus calles oscuras, yo, por las mías calladas, tú la pedrada en el cuerpo, yo, en el alma… y si te mueres, yo te enterraré en mi casa, bajo un letrero que diga: – aquí yace, un amigo de mi infancia- y en el cielo de los perros, pan tierno y carne mechada, te regalará San Roque, una muleta de plata-… Compañero, si los hay, amigo, dónde los haya, mi perro y yo por el mundo, pan pobre, rica compañía.
Era joven y era viejo, por más que yo lo cuidaba, el tiempo malo pasado lo fue dejando sin alma, fueron muchas hambres juntas, mucho peso para sus tres patas.
Una mañana, en el huerto, debajo de mi ventana, lo encontré, tendido, frío, como una piedra mojada, como duro musgo el pelo con el rocío brillaba, ya estaba mi pobre perro muerto de las cuatro patas y hacia el cielo de los perros, se fue, anda que te anda, las orejas de relente y el hociquito de escarcha… Portero y dueño del cielo, San Roque en la puerta estaba, ortopédico de mimos, cirujano de palabras, bien surtido de recambios con que curar viejas taras: -para ti tu rabo de oro, a ti tu ojo de ámbar, a ti las orejitas de nieve, tú, tu colmillo de nácar, tú… y mi perro le reía, tú, tu muleta de plata… Ahora sé, por que está la noche agujereada, luceros, estrellas, no, no, es mi perro que cuando anda, con la muleta va haciendo, agujeritos de plata…
Manuel Benítez Carrasco – Granada, España
No hay ninguna duda de que los animales, todos y cada uno de ellos, son infinitamente mejores que las personas.
V.
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# Priscila dice:
Preciosa la gata y preciosos los versos. ¡Ay, poetas! ;-)
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# Cristina dice:
Preciosos los versos, sí señor. Has sacado de un gato muchísimas cosas y lo has trascendido.
Y preciosa la gata, cierto.
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# ana belen dice:
la odio es una china de porqueria quiero matarla le haria lo mismo con ese taco ojala que se muera que idiota que es me gustaria doblarle el cuello y que quede mirando para atras algun dia voy a mandar una guerra contra china comenzando con la casa de esa tonta chinita


