Ars longa, vita brevis

Ilusiones ópticas

26 de February de 2006

Es muy interesante observar cómo se puede crear un estado de opinión simplemente con imágenes, sin decir nada. A pesar de que sabemos que la vista es uno de los sentidos más fácilmente manipulables, seguimos inconscientemente aferrados a la idea de que nuestros ojos no nos pueden engañar.

Se suele decir: “si no lo veo, no lo creo”. Y basándose en ese estúpido dicho se han cometido los mayores timos de la historia. El timo de la estampita. El timo de las imágenes trucadas de la Unión Soviética, con esas fantásticas fotos en donde aparecían y desaparecían como por ensalmo los camaradas según soplara el viento en el Kremlin. Seguramente esto está motivado por el hecho de que nuestra especie, en su evolución, ha ido perdiendo parte de la utilidad del sentido del oído y del olfato, en favor de un desarrolladísimo sentido de la vista.

Cuando surgió la nefasta moda de colorear los clásicos del cine en blanco y negro, usaron un burdo truco para que la gente pensara que el color mejoraba la imagen: oscurecían el fotograma original y lo ponían al lado del fotograma coloreado, y claro, se veía mucho más y mucho mejor la imagen coloreada (aunque los colores fueran un crimen per se). Cuando uno ve una fotografía, una película, un programa de televisión, tiende a olvidar que no está viendo un referente (es decir, un objeto real) ante sus ojos; está viendo un signo, esto es, algo que sustituye a la realidad, no la realidad. La fotografía o el fotograma que vemos ha pasado por una serie de filtros. Como mínimo, el ojo del fotógrafo, con todos sus prejuicios. Como no conocemos la imagen real (el referente, la cosa), entonces para nosotros la realidad es la realidad más el barniz de sus prejuicios aplicado por el fotógrafo. Cuando vemos una puerta barnizada, somos incapaces de imaginar con total certeza el color original de la madera. Pues cuando vemos una fotografía, lo mismo: somos incapaces de saber qué imagen real había debajo del prejuicio.

Esto es muy bueno para el arte. Un fotógrafo manipula la realidad y convierte un objeto cotidiano en un extraño ser salido de una pesadilla. Estupendo (véase el post anterior). Después de todo el arte es en parte opinión, y la opinión de cada cual es libre.

Sin embargo, cuando se pretende informar, hay que tener cuidado con el barniz que se aplica. Hemos de buscar una resina cuyo color se aproxime lo máximo posible al de la madera, ya que lo deseable sería que el destinatario de la información se hiciese una idea fidedigna de la realidad de la que se informa. Ya que no puede conocer el objeto de primera mano, el informado merece que el informante sea una persona de confianza, no un trilero que le estafe y se meta en el bolsillo su derecho a una información veraz, cobrándole además el precio del periódico.

– – –

Ayer hubo una multitudinaria manifestación en Madrid en contra de la política antiterrorista del Gobierno. Fue multitudinaria, esto no es una opinión: una multitud pueden ser 500 personas ó 500.000. No digo que tengan razón ni que dejen de tenerla, ese no es el motivo de este artículo, y además seguro que Malaprensa nos desvela la cifra más realista en uno de sus magistrales artículos.

El diario en línea El Plural (más irónico el nombre, imposible, cuando en la misma portada se define como “progresista”) publica una fotografía donde se aprecia al ex presidente del gobierno Aznar riéndose a carcajada limpia. El otrora respetable diario El País la reproduce, pero no contento con el encuadre original, aplica un zum hasta dejar la imagen así:

Aznar ríe

Si os fijáis, veréis que se reduce la imagen a la presencia de dos caras. Una, compungida, tal vez se insinúa que es una víctima del terrorismo, presente en la manifestación, por su semblante triste (aunque posiblemente sea un guardaespaldas). La otra, la de Aznar, un hombre de risa nada fotogénica, de hecho un hombre que raramente se ríe, pero a quien se ha pillado in fraganti partiéndose el pecho en una manifestación de tema tan oneroso como las víctimas de la barbarie etarra. ¿De qué se ríe Aznar? Eso parece preguntarnos la fotografía. Y la respuesta ya está programada: está manipulando a las víctimas. Mientras las víctimas están expresando su dolor, él se está sirviendo de ellas e incluso tiene la desfachatez de reírse en sus caras.

El Mundo, por ejemplo, suele usar la misma técnica, aunque más en su versión impresa que en la web. Sin embargo, si queréis un ejemplo similar, mirad esta noticia y la foto que la acompaña.

Lo que más triste me parece de todo esto no es que los medios de comunicación manipulen, lo cual ha sido una constante desde que se crearon. Después de todo, los medios están dirigidos por personas, y las personas acuden normalmente a sus intereses. Lo más triste, decía, es que los consumidores de uno y otro medio tragan la manipulación sin masticar. El lector medio de El País o de Escolar.net encuentra en la imagen de Aznar la confirmación de que el ex presidente no es más que un chabacano manipulador de víctimas. Su opinión ya está formada por años de manipulación, la foto es simplemente un refuerzo. Se puede imaginar a Aznar con la boca así de abierta durante todo el recorrido de la manifestación, con el agua de la lluvia llenándole la boca, carcajeándose mientras sus útiles víctimas lloran. Al mismo tiempo, el lector acrítico de El Mundo (o el lector medio de Elzapatazo.com, por ejemplo) asume que el ministro Montilla se está riendo de todos los currantes que le pagan una hipoteca a La Caixa mientras él se llena los bolsillos de millones de pesetas.

El consumidor español de medios de comunicación cree estar comprando periódicos, cuando lo que compra es una revista de su club de fútbol llena de caricaturas de los jugadores del equipo rival. Todo por la causa de la polarización. Todo para convertirnos en ratitas que ante determinado estímulo ofrecemos siempre determinada respuesta. No debemos dejar que los periódicos nos programen. Debemos ser críticos con ellos.

Si compramos un periódico para asumir todo lo que diga como si fuese un credo, entonces estamos perdidos. Es como pagar a un asesor financiero que nos diga siempre que nuestras cuentas estén saneadas, aunque nos estemos arruinando. Cuando entremos en bancarrota, ya no tendrá remedio. Y además el asesor financiero se lavará las manos.

6 comentarios en “Ilusiones ópticas”

  • # Renault dice:
    1 de March de 2006 a las 10:33

    Excelente, Elías. Ni siquiera yo, que ya es decir, hubiera sido capaz de proponer un símil más acertado:

    “…El consumidor español de medios de comunicación cree estar comprando periódicos, cuando lo que compra es una revista de su club de fútbol llena de caricaturas de los jugadores del equipo rival…”

    Llevo tiempo deseando poner un copipaste (o copipastilla) de tu blog en el mío, pero nunca encontraba el momento de hacerlo. Ahora, como sabes, estoy en un momento realmente crítico por lo que ha pasado en la Audiencia Nacional, y espero que no te tomes a mal si aprovecho este forzado impasse para mencionarte.

    Y otra cosa: ni eso era una pipa ni esto es un mensaje privado.

  • # La Lengua » Blog Archive » Ilusiones ópticas (II) dice:
    8 de March de 2006 a las 22:10

    […] Os hablé hace unos días de la manipulación de imágenes por parte de periodistas sin escrúpulos con fines políticos. Os ponía el ejemplo de la foto de Aznar riéndose en la última manifestación de la AVT. Hoy el diario El Mundo, en su edición impresa, nos ofrece en la página 46 otro buen ejemplo. Con todos ustedes, el conde Drácula. […]

  • # jorfasan dice:
    18 de March de 2006 a las 19:17

    Opino, Elías que dejas de lado el aspecto clave de los medios de comunicación: son un negocio. Ya sabes, cashflow, balances, cuentas de resultados, beneficios, beneficios y sólo beneficios. Para lograr esos beneficios han de competir en un mercado. Así que no te extrañe que sean cada vez más una mercancía… y adjunten dvds, libros, móviles o cualquier otro item que grita antes tus ojos: soy una mercancía. Quizá el código de barras te ayude a no olvidarlo.

    Y como son una mercancía un empresario como Rothschild se compra Liberation; un fabricante de armas, Serge Dassault se compra Socpresse, que publica unos 70 títulos, entre ellos Le Figaro, L’Express, L’Expansion y decenas de diarios regionales; el dueño de Hachette, Lagardère, también sabe de armas… eso en Francia donde el negocio editorial es mucho más sólido que en España. ¿Has podido rastrear quiénes son los dueños de los diarios de mayor tirada en España? No son un grupo de idealistas o científicos de la noticia. Son unos señores que se sientan en empresas de telecomunicaciones, en consejos de grandes Bancos, constructoras… Eso que se llama el poder. El de verdad, no los bedeles correveidiles de la política.

    Hay muchos estudios sesudos y menos sesudos donde se relata quienes son los guardianes de la libertad (N. chomsky) o cuáles son los efectos -en lo que a la objetividad se refiere*- de que los industriales y banqueros que dominan la escena económica se hayan hecho con casi la totalidad de los medios de comunicación (le monde diplomatique, tiene un excelente “medios de comunicación en crisis”).

    * el ejemplo más claro ha ocurrido con la guerra de Irak. Los mandarines de los medios evitaron investigar las mentiras de Bush sobre Irak.

  • # La Lengua » Blog Archive » Confesiones (ética periodística) dice:
    23 de April de 2006 a las 14:25

    […] Ilusiones ópticas. […]

  • # La Lengua » Blog Archive » Coherencia dice:
    16 de September de 2006 a las 13:34

    […] Ilusiones ópticas […]

  • # La Lengua » Blog Archive » Un mundo feliz dice:
    17 de December de 2006 a las 21:51

    […] Ilusiones ópticas, y II […]

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