La Mendiga
(Revista de blogs)
Los años y el luto hacen que la mendiga de la esquina parezca cada vez más pequeña. De entre los harapos, más pardos que negros, asoma una mano amarilla, sólo hueso y arrugas, como una pata de pollo con la palma hacía arriba. Todos los días pienso que el euro no le cabrá en la mano y todos los días me equivoco. La mano se cierra al contacto del metal como una planta carnívora. Algunos amigos me han dicho que no se me ocurra darle dinero. Que esa mujer es muy rica. Que pide por pedir. Que no lo necesita. Pero mi moneda fiel no se va con el hombre del violín, ni con la mujer estatua embadurnada de purpurina. No se va con el cieguito. Ahora todos los días al echar el euro, pienso que en verdad debe ser millonaria. Un disfraz de mendiga tan elaborado y, sobre todo, tan convincente debe costar mucho dinero.
Escrito por Ramón en El Taller.
17 de Enero de 2006 a las 16:14
Me ha gustado más el corazón con el que ha sido escrito el post, que el corazón con el que das la moneda.