Ars longa, vita brevis

Rosario E. P.

22 de December de 2005

Foto: El Mundo.

Rosario E. P. tenía cincuenta años. Estaba durmiendo tranquilamente en un cajero automático -para que luego digan que la banca no es solidaria- cuando tres niñatos la emprendieron a patadas e insultos con ella, la rociaron con un líquido inflamable y la quemaron viva (más).

Es bastante probable que Rosario E. P. no tenga familia, o que no se hable con ella, dadas las circunstancias en que se desarrollaba su vida. Así que estoy casi seguro de que no habrá acusación particular en el juicio contra los tres presuntos asesinos (sí, presuntos en cursiva, como recurso irónico1; a la justicia le hace falta un juicio para quitar a estos animales la presunción de inocencia, pero yo tengo bastante con el vídeo de la hazaña y la confesión que hicieron ante la policía autonómica catalana).

Lo que decía: es bastante probable que de parte de la mendiga sólo esté el abogado del Estado, y de parte de sus asesinos algún que otro bufete poderoso. Cuando un hombre mata a su mujer, hay enfrente del hombre, en el juicio, tres o cuatro asociaciones feministas; cuando se abusa de los derechos de los inmigrantes, multitud de asociaciones acabadas en Acoge se personarán contra el explotador cazado; ah, ah, ah, pero en España no hay ninguna asociación en defensa de los mendigos, porque si la hubiera no habría mendigos, porque en España hay dinero a espuertas. Por qué no hay asociaciones así, yo no lo sé: supongo que no dan réditos políticos ni económicos.

Auguro buena suerte a los acusados, y además, qué diablos, sólo era una pordiosera, no es como si nos mataran a uno de nosotros; no es que nos parezca bien, pero suponemos que Rosario E. P. sabía a lo que se exponía cuando decidió dedicarse a la aventura de la mendicidad. De todas maneras, en nuestro país nadie pasa mucho tiempo en la cárcel.

Se llamaba Rosario E. P., y mira por dónde, me he llevado una sorpresa al ver que los medios de comunicación habían investigado para averiguar su nombre.

1: mediante la ironía se expresa con palabras lo contrario de lo que se quiere dar a entender.

Navidad

(Del lat. nativĭtas, -ātis).
1. f. Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.
2. f. Día en que se celebra.
3. f. Tiempo inmediato a este día, hasta la festividad de Reyes. U. t. en pl. con el mismo significado que en sing. Se harán los pagos por Navidades y por San Juan.

ORTOGR. Escr. con may. inicial.

(Fuente: DRAE)

Como ya he contado al menos dos veces -esta es mi tercera Navidad con vosotros- no estoy en contra del espíritu navideño. Mucha gente se pone de mala hostia, con perdón de la palabra, porque piensa que el solo hecho de que sea finales de diciembre no es motivo suficiente como para estar contento. Sobre todo para nosotros, ateos, agnósticos, nihilistas e incrédulos de otras especies. Vale, matemática y fríamente estoy de acuerdo. Es diciembre, ¿y qué? Hace dos mil años nació un niño, ¿y qué? Se junta para cenar un montón de gente que no se soporta, ¿y qué? Vale, vale.

Otras personas dan saltos de alegría por hechos mucho más banales. He ganado diez euros a la Primitiva. He enviado un sms a la tele y lo han puesto. Mi equipo de fútbol ha ganado una copa.

¿Y qué?

Pues eso, nada. Últimamente sobran los motivos para estar amargado. Demasiadas guerras en el mundo, no solo la de Irak, sino otras cincuenta que se están librando ahora mismo en el continente sobre el que tengo los pies (África); como ahí no están los malvados Estados Unidos, no le importan a nadie, es más, podemos seguir vendiéndoles armas desde nuestro pacifista Ministerio de Defensa sin atisbo de remordimientos.

Hay muchos niños que cenarán en el hospital en Nochebuena, porque los políticos, con nuestro voto y nuestro beneplácito (implícito), se gastan el dinero en tanquecitos, en banderitas, en ordenadores y en estatuts en lugar de dedicarlo a la investigación científica; esto no tiene visos de cambiar, porque, al contrario de lo que piensa la mayoría de mis semejantes, el ser humano es tonto del culo por naturaleza: de eso viven Sus Señorías.

En fin, creo que se capta la idea general, sin tener que hablar de los que mueren congelados y / o ahogados en el estrecho de Gibraltar, de las víctimas de los accidentes de tráfico, de las crías de foca, la caza indiscriminada de ballenas jorobadas y otras desgracias.

A lo que voy: no podemos desperdiciar una oportunidad para estar contentos. Aunque sea falsa. Si es porque gana el Madrid, pues porque gana el Madrid; si porque gana el Barça, pues porque gana el Barça. Si es porque me he encontrado veinte céntimos en la calle, buenos son, y si es porque es Navidad, pues no hacen falta más razones.

De acuerdo, es muy tonto estar diez días de buen rollo porque sea Navidad, pero más tonto es estar los diez días con la cara hasta el suelo.

Además, ya no está de moda criticar estas fiestas por el consumismo que despiertan. ¿Qué pasa, que el resto del año no somos consumistas? ¿O es que solamente desperdicias dinero en estas fechas? Vamos, hombre, que nos pasamos el año entero comprando chorradas caras y sólo nos parece reprobable esta actividad en Navidades. Pues ya son ganas de joder.

Y no sigo porque me estoy calentando.

Feliz Navidad, amigos lectores.

Sin palabras

20 de December de 2005

Llevo unos quince minutos delante de esta noticia, pensando en cómo escribir un artículo en La Lengua sobre ella, pero confieso que no se me ocurre nada.

Al menos nada que no me haga avergonzarme de mí mismo.

Fotografía de Miguel Ángel Marcos bajo licencia Creative Commons.

Tírame la semilla de un beso al aire,
que seguro llega
a mi parcelita en las nubes
pa que junto a mi corazón crezca,
a mi parcelita en las nubes
pa que junto a mi corazón crezca.

Por eso te planté
mi corazón en una maceta,
pa poder echar raíces
donde quiera que tú fueras.

Hoy, en Canciones bonitas, La maceta, de La cabra mecánica.

La ley antitabaco

18 de December de 2005

A partir del 1 de enero estará terminantemente prohibido fumar en los espacios de trabajo, los locales públicos de más de 100 m2 deberán habilitar una zona exclusiva de fumadores y los de menor superficie podrán decidir si dejan fumar en ellos o no.

Además, la ley, como todo lo políticamente correcto (y odiar el tabaco lo es), desliza entre sus artículos unas cuantas majaderías dignas de mención, como la prohibición de regalar cigarrillos de chocolate (de cacao, se entiende) a menores de edad, o que me puedan denunciar y multar por fumar en mi despacho, si lo tuviere, por considerarlo lugar de trabajo. Si queréis saber más sobre lo que va a cambiar la ley os recomiendo este especial del diario 20 minutos.

Quienes siguen La Lengua desde hace mucho tiempo saben que yo lo dejé en abril de 2004 (por favor, lee la nota al pie de esta misma entrada), y desde entonces estoy más contento que unas pascuas, aunque he engordado un poquito, que tampoco me venía mal. Al contrario de lo que se pudiera pensar, no me he convertido en un talibán antihumos. Y es porque creo que el talibanismo nace de la imposibilidad de gozar lo que uno quiere y la posterior tendencia a prohibirlo: o mía o de nadie. Es decir: creo que quienes más se quejan del humo del tabaco son normalmente ex fumadores que no han logrado librarse del síndrome de abstinencia, ese malvado homínido que nos hace odiar lo que queremos y desear lo que no nos conviene. Un ex fumador medio ve a otras personas fumando y se pone de los nervios porque piensa que están gozando un placer que es doblemente placer porque lo tienen prohibido.

Yo, sin embargo, no envidio a los fumadores, sino que los compadezco, y creo que por eso no me he convertido en talibán. A veces me quejo cuando me llenan una habitación de humo, y los chimeneas me lanzan ráfagas acusadoras: “A ti lo que te pasa es que estás loco por fumar”. No parecen entender que si quisiera fumarme un cigarrillo, lo haría. ¿Qué me lo impide? No fumo porque no quiero.

Si estoy en una reunión entre amigos y alguien quiere fumarse un pitillo, no tengo inconveniente, aunque prefiero que se pida permiso. No es, por supuesto, una cuestión de jerarquía ni de legalidad, es una simple cuestión de educación. El estar ocasionalmente en una habitación con gente que fuma no creo que aumente mi riesgo de padecer cáncer de pulmón más que salir a la calle en una hora de mucho tráfico. Otra cosa es el trabajo, claro, donde entiendo que se prohíba, aunque pienso que deberían prepararse zonas para fumadores. Después de todo, un restaurante es un sitio al que voy porque quiero, y si no me dejan ejercer mi derecho de adicto me puedo ir a otro sitio, pero en el trabajo no tengo más remedio que quedarme.

Y no debemos olvidar que un fumador es un enfermo que padece una adicción a la nicotina. Es decir, su organismo ha creado la necesidad de una cantidad mínima de nicotina diaria para evitar el malestar del mono. El fumador necesita un número de cigarrillos diarios, porque su cuerpo lo requiere. Puede que un fumador compulsivo se fume veinte o treinta cigarrillos diarios por costumbre, por tedio o por otras razones, pero otros diez se los fuma a causa de su enfermedad.

Se puede desacostumbrar a un heroinómano a base de quitarle la heroína y la metadona, pero no creo que sea el medio más humano. Yo no quiero que la gente fume: el tabaco empeora la salud, el olor y el aspecto de mis seres queridos, apesta los sitios que frecuento y, por si todo esto fuera poco, el humo me causa molestias y riesgos como fumador pasivo. Pero no soy partidario de una ley seca contra el tabaco.

En televisión y otros medios estoy viendo estos días una serie de anuncios que intentan hacer comprender a los fumadores que la ley también es mejor para ellos. E incluso que la ley es sobre todo mejor para ellos. Pues sólo estoy de acuerdo en cierto modo.

El que un fumador fume menos por tener que salir a la calle cada vez que quiere echar un pitillo (y ya veremos las consecuencias económicas de esto) puede hacer que fume menos, e incluso que los fumadores no muy adictos decidan de una vez dejar el tabaco. Pero no entiendo por qué tienen que obligarles a ello.

Prohíbe fumar en el trabajo si quieres. Pero hazlo por mí, que no soy fumador. No lo hagas por los fumadores. ¿O también vas a prohibir que me coma dos huevos fritos al día y un filete con su grasita? Que cada cual haga con su salud lo que quiera, y que luego, claro está, se atenga a las consecuencias. Ya está bien de tutelas estatales.

Si te quieres suicidar, no conduzcas en dirección contraria por la carretera, porque pones en peligro mi seguridad. Pero si te quieres ahorcar en tu casa, no tengo inconveniente. Aunque si lo que necesitas es ayuda para no autodestruirte, por supuesto te daremos toda la que necesites. Coged este párrafo y cambiad los términos, y tendréis mi opinión sobre el tabaco.

(Un debate mucho más intenso y agrio vendría al hablar de quién tiene que sufragar los gastos médicos de los fumadores. ¿Yo, que no soy fumador, con mis impuestos? Si queréis opinar, vuestros son los comentarios.)

Nota: No he logrado hacer la mudanza desde Blogger a WordPress tan bien como habría querido, pero no encuentro a nadie que me ayude. ¿Conocéis a alguien, o alguna empresa, que se dedique al mantenimiento de webs? Estoy dispuesto a pagar un precio razonable por la depuración del diseño y la importación de los antiguos archivos de La Lengua. Si conocéis a alguien que pueda echarme una mano, dejad por favor un comentario, o mejor escribidme a elias(arroba)lalengua.info. Os lo agradeceré muchísimo.

Crónica de un juicio

(Revista de blogs)

Tendríais que haberlos visto, mirándonos como a bichos raros, perdonándonos la vida (espero), riéndose de nosotros. Pero son unos cobardes, como no han dejado de demostrar en toda su historia, y apostaría lo que fuera a que si allí, en vez de los cuatro mindundis que éramos, hubiera no ya cuatrocientas, sino simplemente cuarenta personas, agacharían la cabeza y desaparecería toda su arrogancia.

Es un fragmento del texto que Paco P. me envió para que lo publicase en La Lengua, si lo tenía a bien. Se trata de su crónica personal sobre el macrojuicio que se está realizando contra el entorno de ETA en la Audiencia Nacional. Os recomiendo leer el texto completo.

Amor a primera vista

Mal tiempo para votar, se quejó el presidente de la mesa electoral número catorce después de cerrar con violencia el paraguas empapado y quitarse la gabardina que de poco le había servido durante el apresurado trote de cuarenta metros que separaban el lugar en que aparcó el coche de la puerta por donde, con el corazón saliéndosele por la boca, acababa de entrar.

José Saramago, Ensayo sobre la lucidez.

Da gusto cuando la primera frase de un libro constituye una lección de literatura práctica. Y es la primera frase que leo del premio Nobel Saramago. Amor a primera vista.

Monadas

17 de December de 2005

Monada

Cute Overload es un blog donde se publican las fotos más empalagosas y adorables. Ojo que engancha.
(Parece que han tenido un problema con su servidor y están recuperando las imágenes… avanzad hasta casi el final de la página y podréis ver las que ya han subido de nuevo)

Vía Boing Boing.

Orden de registro

16 de December de 2005

¿Qué buscan en mi casa
estos señores?

¿Qué hace ese oficial
leyendo la hoja de papel
en la que he escrito
las palabras “ambición”, “liviana” y “quebradiza”?

¿Qué barrunto de conspiración
le anuncia la foto sin dedicatoria
de mi padre en guayabera (lacito negro)
en los predios del Capitolio Nacional?

¿Cómo interpreta mis certificados de divorcio?

¿Adónde lo llevarán sus técnicas de acoso
cuando lea las décimas
y descubra las heridas de guerra
de mi bisabuelo?

Ocho policías
revisan los textos y dibujos de mis hijas
se infiltran en mis redes afectivas
y quieren saber dónde duerme Andreíta
y qué tiene que ver su asma
con mis carpetas.

Quieren el código de un mensaje de Zucu
y en la parte superior
de un texto críptico (Aquí una leve sonrisa triunfal del camarada):
“Castillos con caja de música. No dejo salir
al niño con el Coco. Yeni.”

Vino un especialista en intersticios
un crítico literario con rango de cabo interino
que auscultó a punta de pistola
los lomos de los libros de poesía.

Ocho policías
en mi casa
con una orden de registro
una operación limpia
una victoria plena
de la vanguardia del proletariado
que confiscó mi máquina Cónsul
ciento cuarenta y dos páginas en blanco
y una papelería triste y personal
que era lo más perecedero
que tenía ese verano.

Raúl Rivero

Julián Marías

15 de December de 2005

El filósofo y académico de la lengua Julián Marías ha muerto hoy en Madrid.

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