Ars longa, vita brevis

La iglesia y la escuela

17 de Noviembre de 2005

Guió don Quijote, y habiendo andado como doscientos pasos, dio con el bulto que hacía la sombra, y vio una gran torre, y luego conoció que el tal edificio no era alcázar, sino la iglesia principal del pueblo. Y dijo:

—Con la iglesia hemos dado, Sancho.

Don Quijote de la Mancha, II Parte, capítulo IX.

Es difícil, por muy racionalista que se sea -y yo me considero tal- desligar en España la iglesia de la escuela, cuando han andado juntas durante cientos de años. Ahora está de moda reivindicar la importancia que tuvo en nuestro país el islam como importador y traductor de la filosofía griega, entre otros saberes, y es un mérito que no voy a negarle. Pero por el mismo motivo tampoco puedo negar la labor de conservación y de enseñanza que los monasterios cristianos han tenido durante gran parte de la historia nacional. De hecho, durante cientos de años, prácticamente no había más maestro en este país que los monjes.

Claro que ya no estamos en la edad media. Yo soy agnóstico, y aspiro a que cada día las religiones, todas, pierdan un poco de la influencia pública que tienen, y conserven en el ámbito privado todo el poder que les deje cada cual.

No creo que la religión tenga mucha cabida en la educación moderna. De hecho, la escuela de nuestro siglo hunde sus raíces, más que en los monasterios románicos, en la Ilustración y sus movimientos antioscurantistas (Wikipedia), que tuvieron que luchar contra cientos de años en que la iglesia decía lo que era verdad y lo que era mentira, lo que se podía enseñar y lo que no, bajo amenaza de torturas y muerte. Y la Ilustración quiso combatir la superstición y la creencia ciega por medio de la investigación y el racionalismo. Y el sentimiento religioso es algo que respeto profundamente, pero es creencia ciega. Y en la escuela moderna eso no cabe.

Enseñamos a los niños que dos más dos son cuatro, pero no les pedimos que lo acepten como dogma: se lo demostramos con miles de ejemplos. Les invitamos a dudar y les retamos a que nos lleven la contraria. Y cuando alguien demuestre que dos más dos son cinco, cambiaremos todos los libros de texto.

¿Qué se enseña en clase de religión? Pues en el caso de la católica, que Dios creó el mundo en seis días y descansó al séptimo. Pero no lo demostramos. Y ay del alumno que se atreva a ponerlo en duda: su nota menguará tan rápidamente como se multiplicaron los panes y los peces.

En unas clases les decimos a los alumnos que tienen que razonar y dudar, y luego, una hora a la semana tienen que aceptar y decir amén. Qué esquizofrenia, ¿verdad?

Ahora bien; el sábado pasado se echó un montón de gente a la calle. Según el diario EL PAIS fueron 375.000; según los convocantes, más de 2.000.000. Los dos mienten, pero me da igual: cada uno de ellos sirve a sus intereses, lo cual es legítimo. Pero el caso es que hubo una manifestación multitudinaria. Y aunque no quieran reconocerlo, uno de los principales motivos que movieron esa manifestación fue que en la nueva ley la asignatura de religión dejará de contar para nota.

Me gustaría que este país fuera menos religioso. También me gustaría que a la gente le gustase más Picasso y menos Pasión de Gavilanes. Pero bueno, no es así y me jorobo. No tengo derecho -ni lo quiero- a decir a la gente qué tiene que gustarle o en qué tiene que creer. Si una parte importante de la sociedad quiere que se dé a sus hijos la opción de estudiar religión en el cole, pues bueno. Estiraremos un poco más los impuestos.

Pero ¿que sea evaluable? No, hombre, no. Los profesores de religión, al contrario que el resto del cuerpo, son elegidos a dedo por las dignidades eclesiásticas, sin pasar por fase de concurso-oposición como los demás. Los criterios de selección son poco claros; es requisito imprescindible ser buen católico. ¿En qué consiste eso? Pues en no divorciarse, no ser madre soltera, en fin, ya sabéis. La idoneidad la llaman. Pues fijaos: no voy a criticar este sistema de selección. Después de todo, ¿qué se puede preguntar en un examen para ser profesor de religión? ¿Cómo apareció la especie humana sobre la tierra? ¿Y si digo que fue fruto de la evolución de las especies me suspenderán? ¿Y si contesto exactamente lo mismo para ser profesor de ciencias naturales me aprobarán? Lo que os decía más arriba: pura esquizofrenia.

Sigamos con el razonamiento. Si hacemos la religión evaluable, los profesores de religión, defendiendo su sustento, es previsible que mantengan la asignatura como lo que ha sido siempre: una maría. Que todo el mundo saca de notable para arriba, vamos. Y así se matriculará mucha gente: un modo fácil de subir la nota media. Y cuanta más gente se matricule, más profesores pagados por todos los ciudadanos. Ahora hablo de todas las religiones, no solo la católica, ya que creo que está dentro de los planes del Gobierno -ya lo han puesto en práctica, en Melilla, por ejemplo- meter imanes en el cole para adoctrinar a los púberes. Menuda ocurrencia. Siempre supe que la izquierda quería sacar a los curas de la enseñanza, lo que aplaudía entusiasmado, cuando no sabía que quería sacar curas para meter ayatolás.

Si mantenemos la religión en la escuela -dado que existe demanda social para ello-, que no sea evaluable. Así, el que quiera tendrá la oportunidad de cursarla, pero no se inflarán las notas artificialmente para captar alumnos. Y la Religión podrá dejar de ser una maría y ganará en dignidad, si es que eso les importa. Y así podremos ver, además, cuántos alumnos están realmente interesandos en la enseñanza religiosa.

Etcétera

Si alguna vez te has preguntado cuál es el origen de la expresión etcétera, ¡no busques más! Aquí tienes la respuesta.

En latín caeterus, -a, -um es un adjetivo que significa “lo que resta, lo que queda”. Por ejemplo, caeteri homines significa “los hombres que quedan”. Lo normal es que el diptongo cae evolucione como ce (v. gr. CAESPITE>césped) o raramente cie (v. gr. CAELUM>cielo).

Cuando en latín tenemos un adjetivo en plural neutro1 (sin nombre o sustantivo al que acompañe) le añadimos el sustantivo “las cosas”. Por ejemplo, bonarum, genitivo plural neutro, se traduce como “de las cosas buenas”.

Así llegamos a la conclusión de que caetera significa “las cosas restantes”, o dicho en corto, “lo demás”. La conjunción latina et ha dado en castellano y (además de p. ej., el francés et y el vascuence eta). Con lo que tenemos que et caetera, etcétera, significa “y lo demás”.

(1) En latín había tres géneros, no dos como en castellano: el masculino, el femenino y el neutro. El neutro se aplicaba a algunas realidades carentes de género (templum, templo) pero no a todas (gladius, espada, era masculino, y rosa, rosa, era por supuesto femenino).

Más mierda

16 de Noviembre de 2005

¿Os acordáis de esa bonita mierda-ambientador? Pues pasad y conoced a Mr. Pee y Mr. Poo (don Pipí y don Caca).

Vía Gizmodo.

Espartaco

Espartaco

Howard Fast comenzó a rumiar esta novela estando en la cárcel, en la que ingresó invitado por el inquisidor J. Edgar Hoover, como conté hace unos días. El mismo Fast confiesa que era un buen sitio para empezar a escribir esta historia.

Espartaco (Wikipedia) fue un esclavo en la Roma republicana, reconvertido en gladiador, que lideró una revuelta de esclavos que tuvo tirándose de los pelos durante varios años al SPQR, es decir, al Senado y al pueblo romanos. Derrotó y aniquiló a varias legiones que enviaron contra él, hasta que finalmente Craso (el ciudadano más pudiente de aquella época) pudo vencerlo.

Una vez derrotados los esclavos, los 6.000 (¡seis mil!) supervivientes de la revuelta fueron crucificados a lo largo de la Via Apia, desde Capua hasta la capital de la república, como símbolos de castigo.

La Roma antigua es un mundo que difícilmente nos podemos imaginar. Una parte de la sociedad era patrimonio de la otra parte. Y la parte poseída, es decir, los esclavos, superaban en número a los poseedores (los ciudadanos romanos pudientes) en una proporción tal vez de 6 a 1, ó de 10 a 1. Es posible que los romanos vivieran permanentemente temiendo una revuelta de una clase tan numerosa de enemigos internos. Los derechos de los poseedores (algo equivalente a los derechos del consumidor actuales) estaban bien definidos y delimitados por el famoso Derecho Romano. Ya desde el principio, las cosas estaban bastante claras:

La principal división del derecho de las personas es que los hombres, unos son libres y otros siervos. La libertad (de la cual viene la palabra libres), es la facultad natural de hacer lo que cada uno quiere, a no ser que se lo impida la fuerza o el derecho.

(El resto de la ley la podéis consultar aquí)

La novela, que inspiró la famosa película de Stanley Kubrick protagonizada por Kirk Douglas (IMDb), cuenta la historia desde la perspectiva romana, pero no por ello esta perspectiva es unidimensional, ya que la historia variará si la vemos a través de los ojos del rico militar Craso, del senador trepa Graco, del lanista (entrenador de gladiadores) Léntulo Baciato o del joven esnob Cicerón (conocido principalmente como orador, y del que todos los que estudiamos antes de la LOGSE hemos traducido alguna línea en 2º de BUP).

Unos le temen como fuerza incontenible que saben que algún día acabará triunfando; para otros es un misterio que nunca llegarán a comprender; otros aceptan cínicamente que tiene razón, pero que el mundo tiene su orden. Casi todos coinciden en pensar que Espartaco no es más que un esclavo rebelde cuyo nombre será olvidado por la historia. En eso se equivocan, por supuesto.

Espartaco es una divertida novela histórica escrita con un estilo muy ágil, que usa inteligentemente la técnica de dejarnos con la duda de qué pasará, para que no se nos olvide seguir leyendo. Y eso que sabemos cómo acaba la historia. Además de eso, es un bonito documental (no sé hasta qué punto fidedigno) de las costumbres romanas del siglo I antes de Cristo, con sus fábricas de perfumes, sus exóticos banquetes, sus baños públicos, su homosexualidad tolerada, su refinamiento y su brutalidad. Refinamiento y brutalidad que se unen en el espectáculo favorito del pueblo: dos esclavos (o condenados a muerte) que salen armados a la arena del circo a destrozarse vivos, para diversión de la sofisticada sociedad metropolitana.

Creo que todo el mundo debería leerla al menos una vez.

-En ese caso se lo contaré -dijo Graco riendo-. Se refiere a una madre que sólo tenía un hijo. Era alto, bien formado y bien parecido y ella lo amaba más que madre alguna haya amado jamás a su hijo.

-Yo creo que mi madre encontró en mí un obstáculo para sus fantásticas ambiciones.

-Digamos que esto ocurrió hace mucho tiempo, cuando las virtudes eran posibles. Esta madre amaba a su hijo. El sol nacía y se ponía en él. Entonces él se enamoró. Perdió su corazón en manos de una mujer que era tan hermosa como perversa. Y, como era muy perversa, puede estar seguro de que era hermosísima. Para el hijo no tenía ella, sin embargo, ni una mirada, ni siquiera un saludo. Absolutamente nada.

-He conocido algunas mujeres así -dijo Cicerón.

-De modo que estaba loco por ella. En cuanto tuvo una oportunidad le dijo qué es lo que haría por ella, qué castillos le construiría, qué riquezas reuniría. Eran cosas algo abstractas y ella le dijo que nada de ello le interesaba. En cambio, pidió un regalo que estaba totalmente dentro de sus posibilidades satisfacerlo.

-¿Un regalo corriente? -preguntó Cicerón.

A Graco le gustaba narrar historias. Tomó en consideración la pregunta y luego asintió.

-Un regalo muy sencillo. Le pidió al joven que le trajera el corazón de su madre. Y él lo hizo. Tomó un cuchillo, lo hundió en el pecho de su madre y le arrancó el corazón. Y entonces, avergonzado por el horror de lo que había cometido y muy nervioso, corrió por el bosque en que vivía la malvada y hermosa mujer. Y, mientras corría, tropezó en una raíz y cayó, y, al caerse, el corazón saltó de sus manos. Corrió para recoger el precioso corazón que habría de darle el amor de aquella mujer, y al inclinarse para recogerlo, oyó que el corazón le decía: «¿Hijo mío, hijo mío, te hiciste daño al caer?».

Graco se echó hacia atrás en la litera, unió los extremos de los dedos de ambas manos y los contempló.

-¿Y entonces? -preguntó Cicerón.

-Eso es todo. Le dije que se trataba de un cuento moralizador sin propósito alguno.

-¿Perdón? No es un cuento romano. Nosotros, los romanos, no somos dados a perdonar. De todos modos, ésa no es la madre de los Gracos.

-No se trata de perdón, sino de amor.

-¡Ah!

-¿Usted no cree en el amor?

-¿Por encima de todas las cosas? ¡De ningún modo! Tampoco eso es romano.

-¡Cielos, Cicerón! ¿Puede usted clasificar todas las benditas cosas que hay sobre la tierra en las categorías de romano y no romano?

-La mayoría de las cosas -respondió de modo satisfactorio Cicerón.

-¿Y usted lo cree?

-Para decir verdad, no -dijo Cicerón riendo.

Arcadi Espada sobre los disturbios en Francia

15 de Noviembre de 2005

Interesante lo que dice Arcadi Espada:

El terrorismo callejero en Francia reaviva el viejo asunto. Queman coches para salir en el telediario de las nueve. ¿Y qué hace el telediario de las nueve? Enfocar los coches ardiendo. El telediario actúa como si, en efecto, la noticia se desencadenara, inesperada: la cámara acude al lugar de los hechos y filma el hecho. La cuestión es que la cámara forma parte también del hecho. De modo decisivo. Pero la cámara se comporta como si no lo advirtiera.

Más sobre la violencia en Francia:

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Nu shu y Láadan

14 de Noviembre de 2005

En la antigua China sólo los hombres podían aprender a leer y escribir. Sin que se sepa muy bien cómo ni cuándo las mujeres del sudoeste de la provincia de Hunan comenzaron a desarrollar su propia forma de escritura, el nu shu (escritura de mujeres). Una escritura que aprendian las nietas de las abuelas, las sobrinas de las tias, las amigas de las amigas y que no era compartida con los hombres. Es, posiblemente, la única escritura exclusivamente femenina en el mundo.

El resto de la historia en Jardín de Flores Curiosas, una bitácora que se me ha hecho imprescindible.

Ese piquito de oro

Entrevistador: ¿Que cosa legal prohibiría?

Chenoa: Muchas. Empezando por internet. Da demasiado libertinaje. Sobre todo para el menor. Hay demasiada información ahí que conviene controlar.

Chenoa, en el diario ABC (citada por David Bravo, bitácora imprescindible). Yo añado: vaya tela. Pues fíjate, Chenoa, aun habiendo dicho esa barbaridad, no creo que haya que controlar la información que sueltas por esa boquita de piñón. Ni siquiera apoyo -fíjate en lo que te voy a decir- la prohibición de tus discos, a pesar de considerarlos perniciosos.

¿Veis a lo que me refería con el artículo anterior?

Vía Barrapunto.

Esa niña repelente

13 de Noviembre de 2005

El empollón siempre ha sido denostado en nuestra sociedad. Es hora de admitirlo. La masa siempre intenta castigar a quien destaca, y cuando la masa es una materia borreguil fruto de años y años de (des) educación, siempre destaca el individuo inteligente.

No es la primera vez que hablo de esto aquí (no enlazo a un artículo antiguo porque estoy en proceso de recuperación del antiguo archivo de La Lengua). En las películas el malo suele ser un gran científico, un psiquiatra que pierde los estribos, un escritor sádico; casi nunca una estrella del deporte, porque las estrellas del deporte -es sabido- son arcángeles terrenales, gente desprendida y simpática, ejemplos máximos de a cuanto una sociedad puede aspirar.

Los hijos que desde pequeños ven el fútbol con sus padres y luego emulan a sus estrellas en el patio del colegio siempre serán populares, tanto más populares cuanto mejor jueguen. Aquellos a quienes sus padres enseñan a leer con tres años, ven el documental sobre el Staphylinus olens y leen en clase mejor que sus compañeros, serán odiados por todos (más odiados cuanto mejor lean). Incluso muchos profesores, cuando los niños aplicados no están delante, se refieren a ellos con fastidio: “Hay que ver lo repelente que es Fulanito, renacuajo sabelotodo”. Esto último es algo que he sabido, con bastante perplejidad y tristeza, al convertirme yo mismo en profesor.

Da igual el hecho de que sin empollones no tendríamos ordenadores, microondas, ropa impermeable, viajes en avión, latas de conserva, guitarras eléctricas, el Quijote, la Divina Comedia, Madame Bovary, etc. La gente siempre llevará camisetas de Ronaldinho y nunca de Milan Kundera, y los pósters de Albert Einstein siempre serán muchísimos menos que los de Michael Jordan. Como se suele decir, eso es lo que hay, y al que no le guste, que se vaya a vivir a otro planeta.

Hoy en el suplemento de El Mundo nos hablan de un bicho raro. Es una chica española de 20 años que acaba de publicar un libro, nada menos que una novela sobre un hijo ilegítimo de Cristóbal Colón. Copio y pego del artículo enlazado:

A los 5 años iba sola a la biblioteca a sacar libros. En el colegio era la típica niña lista y cargante. Sufrió su primera crisis literaria a los 10. Le agobian las discotecas.

La típica niña lista y cargante. Muy bien. Si en este país hubiese más niñas listas y cargantes y menos aspirantes a zorrones televisivos o prefabricadas estrellas de la canción, otro gallo nos cantaría. Ah, pero es que son tan simpáticos, no como esos empollones…

Para comenzar con el japonés

En este artículo de Kirai.net tenéis un breve pero compendioso vocabulario de las expresiones más útiles en japonés. Si vais a ir al país del sol naciente en breve y no tenéis ni idea del idioma, este artículo es imprescindible.

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