La lengua, esa arma de destrucción
Regento un comercio en una zona deprimida económica y socialmente de Barcelona. Las aceras y el mobiliario urbano están mugrientos y el Ayuntamiento planea establecer un ‘ghetto’ para emigrantes al más puro estilo francés.
En Octubre de 2.003 se me presenta un inspector del Ayuntamiento de Barcelona para informarme de que mi rótulo ‘atenta contra la normativa’ ya que elude una tilde sobre una vocal, obligatoria en el Catalán. Me levanta un acta pero me informa que si cambio el rótulo me subvencionan el 20% de la operación y no me sancionan.
A mi izquierda hay un bar de paquistaníes con todos los rótulos en su lengua y a mi derecha un ‘night club’. Les pregunto y ninguno de los dos recibe la visita del ‘amable’ inspector. Cambio el rótulo de marras (400¤ de vellón) y luego me niegan la subvención porque ’sobrepasa 15 mm las dimensiones establecidas por la normativa municipal’.
Mi nombre y dos apellidos llevan tilde y nunca ninguna institución pública catalana los pone en las comunicaciones oficiales y ‘panfletos’ que me envían.
Así son los hechos y lo demás literatura.
Iba a escribir algo, pero en realidad creo que sobran los comentarios.
Vía Bye Bye Spain.
28 de Noviembre de 2005 a las 23:08
Efectivamente. Sobran los comentarios. ¡Espera!No sobran. Lamentable, ridículo, surrealista…Un saludo y me gusta tu blog. Soy asiduo aunque no suelo hacer comentarios.
29 de Noviembre de 2005 a las 8:23
Estamos locos. Cosas así también suenan en mi tierra.
Lamentable.
30 de Noviembre de 2005 a las 19:12
Y en la mía.
Y mi Núñez que lo han violado todos
Y mi Pereira ni te cuento, jejeje. De Ferreira a Pereida y tiro porque me toca.
Eso sí, me lo violan gratis, no como a este señor, que encima tiene que pagar 400 de vellón (jejeje)