1. A partir de ahora voy a escribir boicoteo, que es como aconseja el DRAE. Así no me entretengo pensando si el plural es boicotes (según la norma castellana de los plurales) o boicóts (según el uso corriente).
2. Hoy Iñaki Gabilondo se escandalizaba en su flamante noticiario de que determinadas personas -al parecer bastantes- que no viven en Cataluña estén practicando un boicoteo hacia los productos catalanes. No debe de haber visto esta página que está en funcionamiento desde hace muchos meses, pero en fin, eso es aparte (el enlace te lleva a una lista negra de productos que los catalanes no deben comprar por no llevar etiqueta en catalán; dicen por ahí que está subvencionada por el gobierno tripartito de Cataluña). Al parecer el conocido cava catalán se está vendiendo bastante menos, y están triunfando otros productos como el vino espumoso extremeño.
3. Yo no practico el boicoteo. Y sí, es una cuestión de principios, y de principios políticos, pero no los que estáis pensando. Para jugar al boicoteo, debería mirar la etiqueta de todos los productos que compro, y mantener fuera de mi carrito los que provengan de Cataluña (y si viviera en Cataluña, lo contrario). Pero yo la única etiqueta que miro cuando compro es la del precio, porque si compro un producto más caro por otras razones que su calidad, estaría boicoteando mi propia economía, y mi economía en estos momentos no está para muchos boicoteos. Es decir, que si algunos políticos, o algunos empresarios, o algunos periodistas, o quienes sean, quieren jugar al boicoteo, que no cuenten conmigo: que se lo paguen de su bolsillo. Yo tengo problemas más importantes que la parida esa del Estatut.
4. Algún que otro empresario catalán, viendo que estas Navidades no iba a hacer su agosto, se ha apresurado a decir que sus productos son catalanes, y por ende, españoles, lo que es una obviedad. Si no fuera porque ese mismo empresario hace unas semanas bebía los vientos por el ejecutivo catalán. ¿En qué quedamos, majo? Ah, ya, que quieres pagar impuestos sólo para una región, con el beneplácito -y seguramente la subvención- de tu Gobierno autonómico, pero tener un mercado libre de 43 millones de personas. Pues así no se juega, hombre. O todos con la misma baraja, o tú juegas en tu mesa y yo en la mía. Es una simple cuestión de igualdad entre las personas y los territorios. Sí, igualdad, esa palabra cuya consecuencia más visible es la justicia.
5. Ya argumenté hace unos días que en mi opinión la culpa de todo este lío la tienen fundamentalmente algunos políticos catalanes. No puedes estar todo el día insultando a millones de personas y esperar que no haya consecuencias. Y gentecilla (no quiero decir “gentuza”) del Gobierno catalán se pasa el día insultando, ridiculizando y vilipendiando al resto de los españoles. Que no me hablen de Federico Jiménez Losantos, porque Losantos no representa a nadie más que a su conciencia y a los intereses de su empresa. Ningún político nacional (o estatal, o como queráis decirlo) ha insultado a Cataluña, y muchos políticos catalanes se pasan el día insultando al resto, y encima yendo de víctimas, que tiene la cosa muchos bemoles.
6. Como se dijo más arriba, yo no me apunto al boicoteo. Y no comprendo al que lo hace. Pero entiendo que se haya llegado a esta situación. Entiendo que haya gente que haya dicho “basta”. Por las empresas no me preocupo, puesto que no tienen más bandera que la del $, y dirán que el sol sale por la noche con tal de colocar sus productos (de lo que no se las puede culpar, ya que son empresas y ganar pasta es su razón de ser). Lo malo es que todo esto no hace sino aumentar eso que se ha dado en llamar crispación. Lo único positivo que puede tener esto, si es que puede tener algo positivo, es que los votantes catalanes castiguen a un Gobierno que cree tan poco en Cataluña que tiene que insultar constantemente a diestro y siniestro para sentir que son algo. Es un Gobierno que Cataluña no merece. Y puede que el boicoteo sea un revulsivo que haga a la gente reaccionar. Aunque no tengo muchas esperanzas en que pueda salir nada positivo de esta locura, y de todas maneras queda demasiado para las elecciones autonómicas catalanas. Además, seguro que la coalición de gobierno catalana se las arregla para echar las culpas de todo a ese Sadam Husein llamado los españoles.
7. Un último y curioso apunte: muchas personas -y bloggers, y otras especies- intentan por todos los medios encontrar una mínima razón para echar la culpa de esta situación al Partido Popular. Sólo diré una cosa: mientras Mariano Rajoy brinda con cava, el espumoso extremeño se agota y bate récords. A buen entendedor, etc.