¡Racismo! (6) Sobre la españolidad de Melilla
Como sabrá cualquiera que se pase por aquí, Melilla y Ceuta son dos ciudades autónomas españolas situadas en África -que no en Marruecos -, y rodeadas por una dictadura teocrática dirigida con mano de hierro por el dictador Mohamed VI (que siempre ha sido dictador y lo sigue siendo, por muy bien que caiga ahora a unos cuantos demócratas de toda la vida, y no pienso señalar).
A menudo -bendita sea Internet y las comunicaciones que hace posible -entro en contacto con gente que no está muy enterada del tema, y me suelen hablar de la devolución (sic) de estas dos ciudades a Marruecos. Armado de paciencia y de un inmenso amor no por mi patria, que es una palabreja inútil, sino por la democracia y los derechos humanos, le explico a quien sea que no es posible devolver lo que no es del otro. Me explico: yo no puedo pedir a mi vecino de al lado que me devuelva su coche, o su casa. Rectifico: sí que puedo pedírselo, pero si mi vecino está en sus cabales, como poco me mandará a paseo.
La ciudad de Melilla ha sido construida por españoles (españoles católicos, musulmanes y hebreos), y ha sido primero castellana y después española desde, al menos, 1497. Muchos años antes, por ejemplo, de que los Estados Unidos de América lograran su independencia de Inglaterra, y a nadie se le ocurre pedir la devolución de EEUU a la reina Isabel II.
Gran parte de la gente con la que converso sobre el tema cree -con una corrección política fuera de toda duda -que pedir la entrega de estas dos ciudades a Marruecos es un acto de justicia social para con los bereberes descendientes de marroquíes (hoy españoles) que conforman una parte importantísima de la ciudadanía. Esa gente no suele comprender que ya no estamos en la España de Franco, y que para ser español no hace falta ser católico: los melillenses musulmanes son tan españoles como yo o como Manuel Fraga. Por lo tanto, regalar Melilla al dictador marroquí no supondría la vuelta de la población bereber a su patria querida (vuelta que pueden realizar cuando les dé la gana, dado que el reino alahuita no les reconoce la nacionalidad española), sino simplemente un retroceso de unos cien años en sus derechos humanos, en su libertad religiosa, en la igualdad entre sexos y en otras cuestiones que -al parecer -para determinados opinantes de este país son de escasa importancia.
Curiosamente, quienes más abundan entre los que piden la rendición de estas dos ciudades suelen considerarse a sí mismos de izquierdas. Su equivocación no es pequeña: a una persona de izquierdas no podría pasársele por la cabeza la idea de agrandar un estado donde no existen las mínimas libertades ni garantías para sus ciudadanos; donde hay una religión única que no sólo es la oficial, sino que tiene como jefe al jefe del Estado; donde las mujeres son consideradas poco más que la mitad de los hombres; donde por culpa de la corrupción de la clase dirigente los jóvenes, frecuentemente menores de edad, son empujados a cruzar el mar en una cáscara de nuez y a arriesgar sus vidas acuciados por el hambre; donde la menor muestra de disidencia con el régimen puede a uno llevarlo, con suerte, unos cuantos años a la sombra; no puede una persona de izquierdas, decía, querer que tal infierno se vea incrementado con la entrega de dos ciudades democráticas donde todos los ciudadanos gozan de los mismos derechos, donde una mujer puede ser candidata a la presidencia del Gobierno (e incluso, dentro de poco, a la jefatura del Estado) y donde no estoy obligado a tener por ninguna religión mayor respeto del que tengo por cualquier otro tipo de asociación. La izquierda, como a mí me la explicaron, y me resultó simpatiquísima, consistía entre otras cosas en igualdad de sexos, en la pérdida de poder de la jerarquía religiosa y en otros elevados valores que no se dan en Marruecos y sí en España.
Sin embargo, vaya a donde vaya de mi Península querida, siempre encontraré alguien que me pida que de una vez devuelva Melilla a Mohamed VI. Es seguro que esta persona creerá ser progresista. Y no lo será, por mucho que lo crea.
¿Qué es lo que sucede? ¿Creen que hacemos un favor a los musulmanes españoles si los convertimos en marroquíes? ¿Por qué?
¿Es que por no ser de descendencia europea no tienen derecho a la democracia? ¿No tienen derecho sus mujeres a la igualdad de sexos? ¿A no llevar un pañuelo en la cabeza y a hacer top less si les da la gana? ¿No tienen derecho a ser musulmanes o cristianos, o budistas o ateos?
¿Es que tener la piel más oscura les hace indignos de los bienes que nosotros, como europeos de los que no se sospecha, disfrutamos?
Recuerda: cada vez que pides que se devuelva Ceuta y Melilla a Marruecos, estás en tu derecho. Estás en tu derecho, racista.
(Nada más lejos de mí que el patriotismo. Si Marruecos fuese una democracia, me importaría tres gaitas que le diesen mi ciudad, como me importa tres gaitas que Gibraltar sea británico. Aunque sé que hay gente en mi país cuyos sentimientos son los contrarios: no piden con tanta fuerza la cesión de estas dos ciudades como la devolución, esta vez sí, de Gibraltar. ¿A qué están jugando?)
Artículos anteriores sobre el racismo:
30 de Octubre de 2005 a las 18:51
[...] ¡Racismo! (6) Sobre la españolidad de Melilla Actualización, 28/9: Daniel Tercero y Pato comentan en sus respectivas bitácoras este artículo. Pato, en concreto, dice entre otras cosas muy interesantes: I have no idea about what meaning this particular woman attaches to covering her head. It is paternalistic -and inherently condescending- to deprive her of individuality and make assumptions that obliterate her voice. To do so is to put yourself in an elevated plane in relation to her, to presume to know something that she does not yet or is not willing to face. To truly respect somebody is to give them the chance to create their own meaning, to fully exist in their own terms without our “assistance,” our “permission,” or our certainty that our meaning-making is the only standard by which to exist. [...]
30 de Octubre de 2005 a las 18:57
[...] ¡Racismo! (6) Sobre la españolidad de Melilla [...]
30 de Octubre de 2005 a las 19:09
[...] ¡Racismo! (6) Sobre la españolidad de Melilla [...]
30 de Octubre de 2005 a las 19:11
[...] ¡Racismo! (6) Sobre la españolidad de Melilla [...]
30 de Octubre de 2005 a las 19:39
No descubro la pólvora si digo que al igual que pasa con la derecha, hay mucho gilipollas en las izquierdas. Hay gente que considera muy progre defender los nacionalismos (que son de derechas, conservadores y normalmente religiosos y con un corte…digamos…reprobable), defender ciertas dictaduras (los hay que prefieren a Castro a Aznar), obviar que el mayor genocida de la historia fue Mao, después Stalin (vaya, los dos primeros son comunistas) y tras ellos Hitler… Me temo que la estupidez no entiende de política.
Personalmente soy de izquierdas y ateo practicante :) así que te podrás imaginar la gracia que me hacen las dictaduras monoteístas…
Y en cuanto a patritismos…pues la verdad, no me gustan y cuanto más reducidos y regionales son, más paletos me parecen.
31 de Octubre de 2005 a las 20:18
¿Sabeis que Coalición por Melilla (CPM) ,está pensando en cambiar sus siglas por CAPM (Coalición a por Mililia)?
Un poco de humor para combatir la necedad y el desconocimiento .
¡¡¡Que le devuelvan Manhattan a la república del Chad ya!!!
2 de Noviembre de 2005 a las 13:58
Elías, me identifico mucho con tu manera de pesar políticamente hablando. La gente de derechas me etiqueta como de izquierdas, y los de izquierdas lo mismo pero al revés (o sea, de derechas), seguro que te pasa algo parecido. Siempre he mantenido una lucha atroz con mis amigos más progresistas en cuanto al tema de la libertad en el islam. No puedo concebir de ninguna de las maneras que la mujer en el islam sea un mero instrumento del hombre. Y por donde ya no paso es que esa manera de pensar traspase las fronteras y me las tenga que comer yo aqui, en españa. Pero lo que ya consigue que la sangre me hierva en las venas es la típica frase (y digo típica porque por desgracia lo es) del progre de turno: - Tenemos que respetar su cultura -. ¿Cultura? ¿Tapar a las mujeres de la cabeza a los pies es cultura? ¿No dejarla ni trabajar, ni estudiar, ni relacionarse socialmente es cultura?. Una vez tuve una discusión con una amiga que, por no calificarla de otra forma (a la discusión, no a mi amiga), rozó el más psicodélico de los absurdos. Fué a raiz de un caso de ablación a una niña Nigeriana en Barcelona. Ella, muy progre me argumentaba que si bien la ablación es un acto totalmente reprobable y más digno de bestias que de humanos, no podíamos demonizar a los padres de la niña, puesto que para ellos formaba parte de su famosa cultura, y que en consecuencia, no veía justo que la ley española los condenara. Tocate los bolwing. Ahora como le ponemos al niño.
En definitiva, creo que mucha gente se aferra a lo más simple de sus creencias y lo razona todo en base a eso. Es como estar programado. Es…my triste.
Una aclaración: He usado el término “progre” de forma despectiva, pero solo para describir a un determinado tipo de gente que piensa que ser de izquierdas es justificar todo tipo de ideas, comportamientos y acciones en aras de una malinterpretada libertad.