¡Racismo! (5) Los extremos se tocan
Aviso: este artÃculo es largo, pero muy interesante. Tómate la molestia de leerlo, y si al final no te parece tan bueno, te devolvemos el dinero.
Hoy es portada en El Mundo una noticia que podéis consultar en otras fuentes: Salima Abdeslam, diputada de la Asamblea de Melilla, ha jurado su cargo con un pañuelo islámico en la cabeza. Es una noticia peculiar, y además, dado que el Islam está de moda, a buen seguro muchos lectores comprarán el periódico viendo la noticia en primera plana. No en vano cuando Mustafa Aberchan se convirtió en el primer presidente musulmán de una autonomÃa, el revuelo no fue pequeño, como si en nuestro presuntamente aconfesional Estado importara demasiado qué superstición cree cada cual en su fuero interno.
Habrá gente que piense que eso es un avance en el entendimiento intercivilizacional; quien piense que es el fin de occidente tal y como lo conocemos; quien lo vea como algo súper mega cool de la muerte y quien piense que con Franco estas cosas no pasaban.
Yo intento ver el hecho como lo que es: un atraso en la igualdad entre hombres y mujeres. Pero déjenme que me explique, y luego me insultan.
En España, hasta muy entrado el siglo XX (es decir, hace menos de cincuenta años), las mujeres debÃan entrar a misa con la cabeza tapada. Me refiero a las misas católicas, claro, las únicas permitidas por el infausto GeneralÃsimo. De hecho, hoy en dÃa, el uniforme de las religiosas católicas sigue observando esa discriminación respecto de los religiosos varones: siempre llevan la cabeza cubierta con un velo. La razón es la misma que la del velo del Islam, dado que las tres religiones monoteÃstas principales (Cristianismo, Islam y JudaÃsmo) vienen del mismo tronco. La mujer es el pecado. La mujer es débil. La mujer nos lleva a la perdición. La mujer nos muestra la fruta prohibida y nos arrastra al infierno. Solución: tapemos a la hembra, ese objeto de pecado.
Casi todo el mundo considera un avance el hecho de que la mujer en nuestro paÃs ya pueda entrar en misa mostrando el pelo, como el varón, que para eso somos iguales, ¿no? Sin embargo, a gran parte de la gente que piensa esto, lo del pañuelito islámico le hace una tremenda gracia. Pañuelo que, después de todo, no es más que un burka de primavera-verano: llamemos a las cosas por su nombre.
¿Por qué está bien que las cristianas en España se libren del pañuelo, pero las mujeres musulmanas deben conservarlo? Hay quien pone como excusa la tradición, argumento que cae por su propio peso, dado que el pañuelo cristiano también era tradicional, y hemos considerado un avance su pérdida.
Hay quien dice que las mujeres que llevan el mini burka lo llevan por su propia voluntad, porque asà lo han decidido. Bien, lo llevan por su propia voluntad, fruto de una educación religiosa. Igual que las mujeres católicas que, vÃctimas de infidelidades y a veces malos tratos, sienten que siguen debiendo adoración a sus maridos, dado que su educación católica lo dicta, y lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre, etc.
Sólo puedo entender la postura de defensa del mini burka desde dos puntos de vista. El primero es el esnobismo de querer parecer alternativo. Esta palabra, según la RAE, quiere decir
que se contrapone a los modelos oficiales comúnmente aceptados.
Se puso de moda a principios de los noventa, sobre todo en la música. Hubo una especie de boom de la música dura, y la gente empezó a escuchar grupos como Nirvana, Soundgarden, Alice in Chains, etc. Cuando estos grupos ganaban millones de dólares y sonaban absolutamente en todas las emisoras, seguÃan llamándolos alternativos. Y ser alternativo siempre ha vendido mucho en el campo de la imagen personal. Es como entrar en una casa y ver el incienso quemando. Ya, lo tiene todo el mundo, pero es muy alternativo. Y defender el mini burka es muy alternativo, porque se supone que la gente normal va a estar en contra automáticamente.
El segundo punto de vista es el del racismo. El del racismo de quien piensa que occidente es la cúspide de la civilización (aun cuando para sà mismo cree que piensa lo contrario). Es como cuando Juan Luis Cebrián defendÃa, en su libro El fundamentalismo democrático, que no hay que exportar la democracia a base de bombas y guerras, porque después de todo puede que en ciertas partes del mundo la democracia no funcione tan bien como aquÃ. En el primer punto puedo estar de acuerdo, pero ¿y en el segundo? Pues no. ¿Por qué no puede haber una democracia en un paÃs de oriente medio? ¿Es que no son personas? ¿Son simios, o trogloditas? ¿O personas inferiores? Comprendo que lo que pretendÃa hacer Cebrián era oposición a Aznar, lo que es totalmente legÃtimo, pero no me parece bien dudar de la capacidad de ciertas poblaciones del mundo para gobernarse a sà mismas. ¿O es que España en 1975 era un vergel de intelectuales respetuosos de los derechos humanos? No, era simplemente otro paÃs subdesarrolado que nunca habÃa conocido la verdadera libertad.
Sólo hay una manera, señor Cebrián, de ser democrático: siendo fundamentalista democrático. Todos las personas tienen derecho a gobernarse mediante los votos. SÃ, sean negros, blancos, amarillos o verdes.
Le guste o no a Cebrián.
Y todas las mujeres del mundo tienen derecho a ser tratadas y respetadas de la misma forma que los hombres. Si nos parece bien que las mujeres católicas puedan llevar la cabeza descubierta y al mismo tiempo nos parece bien que las mujeres musulmanas lleven el mini burka, somos unos racistas (o unos esnobs). Lo que vale para unos vale para otros. ¿O no es as�
Otros artÃculos sobre el racismo:
- ¡Racismo! (1)
- ¡Racismo! (2) El caso de Melilla.
- ¡Racismo! (3) La realidad tiene una mala costumbre.
- ¡Racismo! (4) Gulliver y los houyhnhnms.
- ¡Racismo! (6) Sobre la españolidad de Melilla
Actualización, 28/9: Daniel Tercero y Pato comentan en sus respectivas bitácoras este artÃculo. Pato, en concreto, dice entre otras cosas muy interesantes:
I have no idea about what meaning this particular woman attaches to covering her head. It is paternalistic -and inherently condescending- to deprive her of individuality and make assumptions that obliterate her voice. To do so is to put yourself in an elevated plane in relation to her, to presume to know something that she does not yet or is not willing to face. To truly respect somebody is to give them the chance to create their own meaning, to fully exist in their own terms without our “assistance,” our “permission,” or our certainty that our meaning-making is the only standard by which to exist.
6 comentarios en “¡Racismo! (5) Los extremos se tocan”
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La Lengua » Blog Archive » La mujer y el pañuelo dice:
[...] Escribà hace unas semanas un artÃculo donde hablaba sobre Salima Abdeslam, la primera mujer que jura un cargo polÃtico en la España constitucional ataviada con su pañuelo islámico (o, como le llamamos aquÃ, el mini burka). [...]


