Bitácoras. Graffitis
Recientemente Zaratustra ha creado una pequeña polémica metiéndose con los escritores de bitácoras (1, 2; y pónganse al término "escritores" todas las comillas que cada uno quiera).
Entre la gente que reflexiona sobre esto de los blogs suelen encontrarse dos posturas antagónicas: hay quien piensa que son el medio de comunicación del futuro, que desbancará al periodismo tradicional, por su estilo ágil, su velocidad y su prácticamente carencia de censura; y hay quien piensa que son un puñado de páginas personales mal escritas en que adolescentes llenos de acné cuentan lo mal que les cae su vecina del tercero. Como sucede a veces (que no siempre) el sentido común está en el medio.
El 98% de las bitácoras coincide con la segunda opinión: son obra de gente que no sabe escribir, y con esto no sólo quiero decir que no tengan estilo, sino también que no saben dónde va una mayúscula, dónde una tilde, o que después de m siempre se escribe b. Además, suelen contarnos las minucias de su vida diaria. Y su vida diaria suele carecer de interés. Muchas responden al perfil adolescente-amargado: miles de páginas llenas de quejas sobre lo insensibles que son los profesores, lo severos que son los padres, lo cerdos que son los tíos, lo zorras que son las tías, lo gorda que me he puesto y lo malo que es el capitalismo. Es una fase que se pasa: en mi época nos daba por montar un grupo, pegar patadas a los coches y beber mucho para sortear la frustración que viene de serie con la adolescencia, ya que no había blogs. Y creo que hemos salido relativamente normales.
Hay otro 2% de blogs que son interesantísimos, y que leo con más avidez que cualquier otra fuente de información. Por citar a los 3 ó 4 que me vengan primero a la cabeza, ahí están Microsiervos, Pjorge, Boing Boing y Bye bye, Spain. Las noticias que leo en ellos aparecen en la prensa tradicional una o dos semanas después, cuando aparecen (podéis ver la lista completa de mis suscripciones bitacoriles aquí). Además, hay muchas bitácoras temáticas, que son como las revistas de coches, de música o de informática. Pero gratis. A veces están peor escritas que las revistas, otras veces igual, y otras mejor.
¿Sería mejor el mundo si desaparecieran las bitácoras del primer tipo y nos quedásemos con ese 2% útil? Pues yo digo que no.
Somos muchos millones de personas en el mundo. La mayor parte de todos esos millones la formamos una gran masa de personas sin talento. Nunca publicaremos un libro, ni escribiremos el guión de una película. Nunca nos publicarán una carta en el periódico. Pero tenemos derecho a espresar nuestra opinión, por muy poco que valga. El que quiera, que la lea, y el que no que no lo haga, porque es gratis. La bitácora es el graffiti del siglo XXI. Su ventaja es que no mancha las paredes.
Entre la gente que reflexiona sobre esto de los blogs suelen encontrarse dos posturas antagónicas: hay quien piensa que son el medio de comunicación del futuro, que desbancará al periodismo tradicional, por su estilo ágil, su velocidad y su prácticamente carencia de censura; y hay quien piensa que son un puñado de páginas personales mal escritas en que adolescentes llenos de acné cuentan lo mal que les cae su vecina del tercero. Como sucede a veces (que no siempre) el sentido común está en el medio.
El 98% de las bitácoras coincide con la segunda opinión: son obra de gente que no sabe escribir, y con esto no sólo quiero decir que no tengan estilo, sino también que no saben dónde va una mayúscula, dónde una tilde, o que después de m siempre se escribe b. Además, suelen contarnos las minucias de su vida diaria. Y su vida diaria suele carecer de interés. Muchas responden al perfil adolescente-amargado: miles de páginas llenas de quejas sobre lo insensibles que son los profesores, lo severos que son los padres, lo cerdos que son los tíos, lo zorras que son las tías, lo gorda que me he puesto y lo malo que es el capitalismo. Es una fase que se pasa: en mi época nos daba por montar un grupo, pegar patadas a los coches y beber mucho para sortear la frustración que viene de serie con la adolescencia, ya que no había blogs. Y creo que hemos salido relativamente normales.
Hay otro 2% de blogs que son interesantísimos, y que leo con más avidez que cualquier otra fuente de información. Por citar a los 3 ó 4 que me vengan primero a la cabeza, ahí están Microsiervos, Pjorge, Boing Boing y Bye bye, Spain. Las noticias que leo en ellos aparecen en la prensa tradicional una o dos semanas después, cuando aparecen (podéis ver la lista completa de mis suscripciones bitacoriles aquí). Además, hay muchas bitácoras temáticas, que son como las revistas de coches, de música o de informática. Pero gratis. A veces están peor escritas que las revistas, otras veces igual, y otras mejor.
¿Sería mejor el mundo si desaparecieran las bitácoras del primer tipo y nos quedásemos con ese 2% útil? Pues yo digo que no.
Somos muchos millones de personas en el mundo. La mayor parte de todos esos millones la formamos una gran masa de personas sin talento. Nunca publicaremos un libro, ni escribiremos el guión de una película. Nunca nos publicarán una carta en el periódico. Pero tenemos derecho a espresar nuestra opinión, por muy poco que valga. El que quiera, que la lea, y el que no que no lo haga, porque es gratis. La bitácora es el graffiti del siglo XXI. Su ventaja es que no mancha las paredes.

2 Comments:
At 9/26/2005 09:09:00 AM ,
Rodolfo said...
Pues a mí me han publicado alguna que otra carta en el periódico. Si eso significa que tengo talento, eureka! pero no era consciente de ello. Te escribiré para que la leas, je je.
At 9/26/2005 11:29:00 PM ,
Zaratustra said...
Bien escrito. Son nuestros cinco minutos de gloria. Pero no nos empalmemos tan pronto. Diez segundos en la tele dan hoy día misma popularidad que 60.000 visitas diarias en un blog, mas o menos.
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