¡Auxilio! (4) La salsa de la vida
En estos momentos hay en televisión (concretamente en Tele 5, creo que el programa se llama Salsa Rosa) una chica con el pelo muy corto explicando que cuando salía con su novia cada una se pagaba lo suyo. Mi novia me dice -aunque yo no me lo quiera creer- que el programa es un tremendo éxito de audiencia.
Le pregunto a qué se dedica la chica, y me dice que no sabe; por lo visto es famosa por salir con una famosa. Le pregunto a qué se dedica la susodicha primera famosa; tampoco lo sabe.
Hay veces en que me pregunto: ¿qué habrá hecho este país para merecer presidentes como Aznar o Zapatero? Otras veces simplemente pienso que nos los merecemos a los dos, y a los que vengan después de ellos.
Auxilio. Que alguien me lo explique.
Le pregunto a qué se dedica la chica, y me dice que no sabe; por lo visto es famosa por salir con una famosa. Le pregunto a qué se dedica la susodicha primera famosa; tampoco lo sabe.
Hay veces en que me pregunto: ¿qué habrá hecho este país para merecer presidentes como Aznar o Zapatero? Otras veces simplemente pienso que nos los merecemos a los dos, y a los que vengan después de ellos.
Auxilio. Que alguien me lo explique.
* * *
Veamos el tema de otra forma: el público prefiere, en una proporción de 100 a 1, los programas de insultos (no sé de qué otra forma llamarlos) y los derbis de fútbol antes que Redes y que las retransmisiones de conciertos de Brahms. ¿Quiénes somos nosotros para juzgarlos? Existen dos posturas -creo- que se pueden adoptar ante el dilema: a) Intentar comprender e incluso fomentar dicha forma de cultura (no cabe duda de que lo es, nos guste o no) porque le gusta a casi todos; sería algo así como una suerte de democracia televisiva. b) Seguir quejándonos, ser fieles a Internet, intentar llevar por la buena senda a nuestros seres queridos y rezar por que algún día la gente aprenda a distinguir las margaritas del estiércol. Esta sería la reforma por una televisión dictatorial.
No me cabe duda de la bondad de la opción b sobre la a, pero aun así, mientras escribo se me ocurre cuál es el verdadero fondo del problema: la televisión es un medio que sencillamente no funciona como herramienta educativa. Sin embargo, como herramienta de diversión no ha sido superada. Te da mucho (mucha cantidad, no hablo de la calidad) y no te exige nada. En la red tenemos la mayor fuente de conocimientos que ha conocido la humanidad, expuestos en muy diversas formas (texto, imágenes, sonido, gráficos, programas interactivos), y también una fuente de diversión mayor y mejor que la tele... pero es que hay que hacer cosas para conseguir esa diversión y esos conocimientos. Hay que teclear, buscar, hacer clic, y lo más duro de todo: hay que pensar.
Sigmund Freud y Charles Darwin, entre los dos siglos anteriores al nuestro, colocaron a nuestra especie en el desagradable lugar donde nunca quiso estar: nos descubrieron que, después de todo, no somos más que unos monos obsesionados con el sexo, y no la imagen de Dios hecha de barro. Tal vez haya que resignarse y aceptar que los hombres no son hijos de un dios, sino primos de un mono; y que no nos mueven altos ideales de justicia, sino la libidinosa lujuria. Tal vez deba dejar de parecernos mal que millones de currantes, después de una sudorosa jornada laboral de 10 horas en que sus jefes los han exprimido, únicamente quieran un poco de anestesia cerebral en vez de un estímulo intelectual. Tal vez vaya siendo hora de aceptar que, después de todo, los raros somos nosotros. ¿Qué opináis?
No me cabe duda de la bondad de la opción b sobre la a, pero aun así, mientras escribo se me ocurre cuál es el verdadero fondo del problema: la televisión es un medio que sencillamente no funciona como herramienta educativa. Sin embargo, como herramienta de diversión no ha sido superada. Te da mucho (mucha cantidad, no hablo de la calidad) y no te exige nada. En la red tenemos la mayor fuente de conocimientos que ha conocido la humanidad, expuestos en muy diversas formas (texto, imágenes, sonido, gráficos, programas interactivos), y también una fuente de diversión mayor y mejor que la tele... pero es que hay que hacer cosas para conseguir esa diversión y esos conocimientos. Hay que teclear, buscar, hacer clic, y lo más duro de todo: hay que pensar.
Sigmund Freud y Charles Darwin, entre los dos siglos anteriores al nuestro, colocaron a nuestra especie en el desagradable lugar donde nunca quiso estar: nos descubrieron que, después de todo, no somos más que unos monos obsesionados con el sexo, y no la imagen de Dios hecha de barro. Tal vez haya que resignarse y aceptar que los hombres no son hijos de un dios, sino primos de un mono; y que no nos mueven altos ideales de justicia, sino la libidinosa lujuria. Tal vez deba dejar de parecernos mal que millones de currantes, después de una sudorosa jornada laboral de 10 horas en que sus jefes los han exprimido, únicamente quieran un poco de anestesia cerebral en vez de un estímulo intelectual. Tal vez vaya siendo hora de aceptar que, después de todo, los raros somos nosotros. ¿Qué opináis?

1 Comments:
At 9/26/2005 09:21:00 AM ,
Rodolfo said...
El otro día vi en la CNN un debate sobre el hambre en el mundo en el que intervenían, entre otros, Bono (el de U2, no el mamarracho), Clinton, una premio nobel de la Paz, el astronauta John Glenn, el economista Jeffrey Sachs, el Presidente del Banco Mundial, etc.
La gente hablaba con inteligencia, respeto y conocimiento. El público escuchaba, reflexionaba y no se aborregaba al estilo hooligan como pasa en España cuando hay un debate televisivo (que siempre está manipulado en favor de postura abortistas, gays, anti-católicas y socialitas).
Creo que ha sido un éxito de audiencia en EE. UU. y posiblemente se podría doblar y emitir en España con una adecuada campaña publicitaria.
La gente es tan lerda que cuando les dan bazofia, una hamburguesa por ej., la comen, pero si les dieran un buen bistec posiblemente también se lo comerían, aunque requiriera el esfuerzo de usar cuchillo y tenedor. Por ello creo que los culpables de la degradación televisiva española son los que programan. Emitir un debate serio de esos es un riesgo, pero poner a una petarda que cuenta que se folló a Rodríguez Menéndez es éxito seguro, aunque suponga una degradación social.
La población está embrutecida, pero estoy convencido de que si sólo le dieran calidad terminaría acostumbrándose.
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