Ars longa, vita brevis

¡Racismo! (4) Gulliver y los houyhnhnms.

27 de Agosto de 2005


¿Gen racista? ¡Qué tontería!

Antes de comenzar esta cuarta incursión en un tema tan apasionante y controvertido como es el racismo, quiero dejar claras unas cuantas cosas:

  1. Las opiniones que estoy vertiendo aquí no pretenden ser un estudio científico sobre el asunto, ya que no soy experto en racismo, ni he leído tanto como para poder dar opiniones suficientemente documentadas (ni tampoco tengo la intención de hacerlo).
  2. Mis opiniones son, valga la redundancia, mías, no estoy respaldando la postura de ningún grupo político, informativo o de presión.
  3. Más que llegar a conclusiones, en esta serie de artículos me interesa abrir el camino para que mis lectores se planteen las cosas desde distintos puntos de vista de los acostumbrados. Pensar casi nunca es cómodo: es posible que avive la polémica a cosa hecha para que se planteen ciertas posturas anquilosadas.

Bien, ya podemos seguir.

Philip Banks: ¿Qué quieres ser cuando seas mayor, hijo mío?
Carlton Banks: ¡Presidente de los Estados Unidos!
Philip Banks (con emoción contenida): ¡Qué orgulloso estoy! Mi hijo será el primer presidente negro de los Estados Unidos.
Carlton Banks: ¿¿¿Soy negro???

(Diálogo extraido de la teleserie El príncipe de Bel Air)

Ayer apuntábamos la posible existencia de un gen racista que nos hiciera desconfiar automáticamente del diferente, gen que se habría desarrollado como medio de defensa en épocas antediluvianas. Pato nos decía cosas interesantes en los comentarios:

Sí creo -y en eso supongo coincido contigo- que los seres humanos tendemos a emparejarnos con otros que comparten similitudes con nosotros, pero no creo que la etnia o raza sea el factor principal. En mi opinión, el nivel de inteligencia, la clase socioeconómica, la educación son factores que pesan más.

En la novela Los viajes de Gulliver -una de las que más veces he releído y releeré en mi vida, está entre mis tres favoritas de todos los tiempos; podéis leerla entera aquí- Jonathan Swift, el autor, suelta al infeliz protagonista en la isla donde habitan los houyhnhnms, que son una especie de caballos ultrarrefinados, bellos e inteligentes, que poseen una cultura superior incluso a la humana. Son tan buena gente que ni siquiera tienen palabras para definir la mentira o el engaño. No les entra en la cabeza que alguien pueda querer dañar a alguien de la propia especie (en esto, después de todo, no son humanos). Vamos, que son como los unicornios, pero sin cuerno.

Los houynhnms usan a una especie de hombres de Neanderthal como bestias de carga, y los llaman yahoos (ya sabéis de dónde viene el nombre del buscador). Los yahoos son pendencieros, asesinos, perezosos y poco inteligentes. Aunque en un principio los houynhnms ven a Gulliver como un simple yahoo, al ver que su inteligencia es superior y sus modales son bastante cívicos, lo aceptan casi como uno de ellos. Gulliver vive con los houynhnms y llega a odiar a los yahoos, con los que en realidad suponemos que comparte la mayor parte del código genético. Está encantado con el nivel de civilización alcanzado por los houynhnms y se considera uno de ellos, hasta que un día, cuando ya casi ha olvidado su condición, ve su propio reflejo en una charca, y se da cuenta de que no es más que un yahoo con ropa. Su propia visión le causa una repugnancia y un desprecio difícilmente soportables.

Al final el presunto gen racista impera, y los houynhnms, tras celebrar una asamblea, deciden expulsar de la isla a Gulliver, temerosos de que lidere una revuelta de los yahoos que liquide a los caballos. Piensan -o eso parece- que el factor genético prevalece sobre el cultural (y eso que faltaba aún un siglo para la publicación de El origen de las especies de Darwin y nada sabíamos de la existencia de los genes; probablemente la ciencia de los houynhnms estaba más adelantada que la de los humanos de aquella época).

Incluso en la despedida, uno de los pasajes más emotivos y lacrimosos de la novela, el equino amo de Gulliver no puede dejar de lado su condición:

Mi amo y sus amigos siguieron en la playa casi hasta perderme de vista, y yo oía con frecuencia al potro alazán, quien siempre sintió gran cariño por mí, que gritaba «Xnuy illa nyha majah yahoo» (¡Cuídate mucho, noble yahoo!)

Ni siquiera el potro alazán pudo olvidar que Gulliver era un un yahoo, después de todo. Esto nos lleva a dos reflexiones: 1) Los caballos fueron racistas, ya que pesó más sobre ellos la semejanza de Gulliver con los yahoos que su comportamiento: pensaban que al final no podría evitar actuar de forma vil y asesina, como era costumbre en ellos, y 2) Gulliver, sin embargo, pudo olvidar por un momento que era diferente, hasta el punto de pensar en sí mismo como en un caballo, y no salir de su engaño hasta ver su propio reflejo. A tanto llega el racismo de los houynhnms que hacen que Gulliver odie su propio linaje y considere superior al de los equinos. Como Carlton Banks, cuando pregunta con incredulidad si es negro, ya que su esnobismo le impide aceptar tal punto. ¿Somos racistas? ¿Y lo somos genéticamente, o a causa del ambiente? Creo que el debate sigue abierto. Y eso es bueno.

Artículos anteriores sobre el racismo:

  1. ¡Racismo! (1)
  2. ¡Racismo! (2) El caso de Melilla
  3. ¡Racismo! (3) La realidad tiene una mala costumbre.
  4. ¡Racismo! (4) Gulliver y los houyhnhnms.
  5. ¡Racismo! (5) Los extremos se tocan.
  6. ¡Racismo! (6) Sobre la españolidad de Melilla

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