La Lengua

Dura lex, sed lex

8/25/2005

Racismo (3) La realidad tiene una mala costumbre.

El gen racista.


Imagen tomada de la Wikipedia.

¿Queréis que os diga una cosa? Los españoles somos racistas, en general1. Como el resto de los europeos. Como los polacos, los finlandeses y los bielorrusos. Y los mongoles, los iraquíes, los chilenos, los etíopes y los koreanos. El ser humano lo es. Ignoro si lo llevamos codificado en los genes o en una especie de pancultura global, pero todo el mundo se siente más a gusto con gente de su etnia. Los demás son pintorescos, bonitos, qué sé yo; son una curiosidad, pero no son como yo.

Imagino que esto nos viene de los tiempos en que la lucha por la supervivencia era más encarnizada, y el individualismo no salía a la luz debido a la importancia de proteger al clan. Probablemente uno se sentía parte del clan, y al decir parte, quiero decir parte indivisible. Es decir, que uno no tenía existencia fuera de él. Por eso, tal vez, una de las penas más duras aplicadas en la antigüedad era el destierro. En el Génesis, Dios destierra a Adán y a Eva por desobedientes. Más tarde, elige la misma condena al descubrir que Caín ha cometido el primer homicidio:

Vagabundo y errante serás en la tierra.

(Gén., 4, 12)

También es posible que llevemos impreso en el código genético una rutina que nos haga alegrarnos cuando reconocemos una cara familiar y rechazar lo desconocido. Esto seguramente también tiene su importancia en la supervivencia, como pasa en la sabana: los cachorritos de león que no reconocen el olor de su madre, mueren de hambre. Peor lo pasan las gacelitas que no desconfían del olor a guepardo. Nos sentimos bien cuando vamos a una ciudad por primera vez y reconocemos un monumento que hemos visto por televisión: casi todo el mundo, la primera vez que va a Londres y ve el Big Ben (o la Torre Eiffel en París) no podrá evitar esbozar una sonrisa casi refleja. Sin embargo, si aprovechando que estamos de viaje nuestra pareja pinta la casa, al principio nos causará cierta incomodidad ver el flamante color en las paredes. Estábamos acostumbrados al otro, al viejo, con sus manchas y desconchones. Para quien esté interesado en averiguar qué conductas llevamos en el código genético como instintos y cuáles son aprendidas, recomiendo vivamente el estupendo libro El mono desnudo, de Desmond Morris.

Un alto porcentaje de la población mundial (¿El 90%? ¿El 98%?) ha elegido para su matrimonio a gente de su raza y etnia. Y no hablo sólo de la gente de una isla perdida donde sólo habiten maoríes, sino de ciudades eternamente pluriétnicas como Londres, Nueva York o Melilla. Tampoco hablo solamente de la gente normal y corriente, sino también de la que integra los grupos activistas anti racismo. Piensan que todos nos merecemos los mismos derechos -yo también- , pero se casan con una persona lo más parecida posible a ellos. Independientemente de lo que hayan leído, lo que hayan hecho y de donde hayan militado, algún instinto o algún tabú muy arraigado les orienta el gusto. ¿Tenemos algo que se podría llamar un gen racista? Yo creo que es posible.

¡Qué le vamos a hacer! Y es que la realidad tiene una mala costumbre: suele ser como es, y no como nos gustaría que fuese. Que se lo digan a Freud y a Darwin, que por un siglo de nada se libraron de morir en la hoguera.

(1) Recordemos que al decir racismo, me vengo refiriendo a cualquier tipo de discriminación por razones étnicas y no solo raciales.

Artículos anteriores sobre el racismo:

3 Comments:

  • At 8/26/2005 01:18:00 AM , Anonymous Pato said...

    Hablando de Freud, las últimas corrientes de pensamiento psicoanalista proponen una teoría del prejuicio que complementa las teorías que se basan en la genética. Sin falta de quitar valor a los instintos, hay factores psicosociales cruciales en la mentalidad racista (o cualquier otro prejuicio: nacionalismo, machismo, homofobia, etc).

    El tema es demasiado complejo como para hacerle justicia en un comentario de blogger, pero a grandes rasgos se puede reducir a que los individuos tendemos a un mecanismo de defensa que consiste en dividir lo bueno y lo malo (splitting) y proyectar lo malo en un "otro" cuando se nos hace intolerable en nosotros mismos. No es casualidad que las características que se atribuyen al "otro" son las que no quiere nadie para sí, las que amenazan nuestra integridad psíquica. El prejuicio correspondería a esta defensa a nivel social y no solo individual.

    Yo personalmente no creo en la existencia de un gen racista, ni de forma literal ni metafórica. Creo que los factores psicosociales pesan mucho más, no sólo en este aspecto, sino en todos. No sé de dónde has sacado el dato de que el 90-98% de la gente se empareja con sus "iguales", pero se me hace un tanto excesivo ese porcentaje y, aunque fuera fidedigno, habría razones muy complejas que van más allá de lo genético. A mí me extraña, pero cierto es que vivo en NY, donde la gente tiende a mezclarse que la media. Sí creo -y en eso supongo coincido contigo- que los seres humanos tendemos a emparejarnos con otros que comparten similitudes con nosotros, pero no creo que la etnia o raza sea el factor principal. En mi opinión, el nivel de inteligencia, la clase socioeconómica, la educación son factores que pesan más.

    Es posible trascender las limitaciones que nos impone un entorno racista, aunque no es fácil. La curiosidad por el "otro", la introspección, la interacción (con mente abierta) con los que nos son ajenos nos ayudan a conseguir trascendernos a nosotros mismos y con ello nuestros prejuicios o, al menos, una subjetividad rígida. Puede que sea un esfuerzo y puede que deba ser sostenido, pero no es imposible y, desde mi punto de vista, no es genético y, por tanto, inevitable. No lo digo por "corrección política", que ni siquiera sé qué coño es, aunque veo las palabrejas escritas por todas partes; lo digo por experiencia personal, ya que, a pesar de haber crecido en un ambiente de mentalidad cerrada y, por supuesto, racista, me lo he currado a nivel interno de lo lindo para trascender semejante "pastel" de herencia psíquica.

    Un saludo.

     
  • At 8/26/2005 03:56:00 AM , Blogger elzo said...

    Bueno, está claro que en general tendemos poco a dar valor a la diferencia. Y no hace falta irse a gente de otras razas, tenemos el caso mismo de las personas con síndrome de Down o muchos otros. Yo sin embargo no creo que la explicación sea genética sino más bien de hábitos. Recuerdo aún con cierta ternura una anécdota que cuenta mi abuela. Estando viviendo en un pequeño pueblo de Jaén llevaron a un tio mío -que debía tener unos cinco o seis años- al practicante para que lo vacunasen. Fue verlo mi tio y echar a correr como alma que lleva el diablo... no tanto por el miedo a la inyección sino porque el practicante resultó ser un hombre negro bastante alto (muy probablemente era la primera vez que mi tio veía uno -no había televisión por entonces y ni que decir tiene que tampoco apenas inmigración- y debió figurársele un enorme gorila o vete a saber ;-)

     
  • At 8/27/2005 12:31:00 AM , Blogger Elías said...

    Lo de los porcentajes era una aproximación totalmente acientífica, por eso lo puse entre interrogaciones. Pero no creo que la cosa ande muy lejos.

     

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