Cuando cagaba le gustaba dejar el leño en la taza del váter sin tirar de la cadena. Luego se paseaba varias veces durante el día y miraba con orgullo el pedazo de trusco que había soltado él solo, sin ayuda de nadie.
Cuando tenía visita paría los mayores cerullos del mundo. Jugaba a las cartas o veía la tele con sus amigos y en el momento de mayor expectación les enseñaba su obra. Los llevaba al baño y lo señalaba. Los amigos no sabían que decirle. Todos se quedaban callados. Ni un sonido.
Por el pasillo, a veces fuera de casa, o bien al día siguiente en la oficina se atrevían a hablar.
?Joder este Juan. Qué tío. No me imaginaba que era capaz de cagar una cosa semejante. De verdad que no me lo creo. Es un fenómeno.
Y los que escuchaban se quedaban boquiabiertos. En lo más íntimo de sus corazones todos soñaban ser como Juan.
1 comentarios:
A las 5/31/2005 12:24:00 PM ,
Vailima ha dicho...
y el tufo ¿qué?. Porque no sólo sería cuestión de dimensiones ¿no?
El hedor es fundamental en este aspecto, de esos que casi se hacen materia sólida y cuyas partículas llevamos -ignorantes- pegadas a nuestras fosas nasales todo el día.
ahhhhhhhh
Publicar un comentario en la entrada
Vínculos a esta entrada:
Crear un vínculo
<< Página principal