La Lengua

Dura lex, sed lex

5/30/2005

Cerullos

Cuando cagaba le gustaba dejar el leño en la taza del váter sin tirar de la cadena. Luego se paseaba varias veces durante el día y miraba con orgullo el pedazo de trusco que había soltado él solo, sin ayuda de nadie.

Cuando tenía visita paría los mayores cerullos del mundo. Jugaba a las cartas o veía la tele con sus amigos y en el momento de mayor expectación les enseñaba su obra. Los llevaba al baño y lo señalaba. Los amigos no sabían que decirle. Todos se quedaban callados. Ni un sonido.

Por el pasillo, a veces fuera de casa, o bien al día siguiente en la oficina se atrevían a hablar.

?Joder este Juan. Qué tío. No me imaginaba que era capaz de cagar una cosa semejante. De verdad que no me lo creo. Es un fenómeno.

Y los que escuchaban se quedaban boquiabiertos. En lo más íntimo de sus corazones todos soñaban ser como Juan.


Escrito por José C.

Más cuentos en El taller.

1 comentarios:

  • A las 5/31/2005 12:24:00 PM , Anonymous Vailima ha dicho...

    y el tufo ¿qué?. Porque no sólo sería cuestión de dimensiones ¿no?
    El hedor es fundamental en este aspecto, de esos que casi se hacen materia sólida y cuyas partículas llevamos -ignorantes- pegadas a nuestras fosas nasales todo el día.
    ahhhhhhhh

     

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