La Lengua

Dura lex, sed lex

4/13/2005

Bola de sebo

Antes de comentar el relato que titula esta entrada, he de contar una breve historia.

Tengo a medias, desde hace meses, varios libros. Suelo leer siempre más de un libro al mismo tiempo, así siempre me apetece leer alguno y avanzo en la lectura. Sin embargo, la semana pasada comencé Ana Karenina, de Liev (o León, en castellano) Tolstói, el gigante ruso. Cuando acabé el primer capítulo, decidí aparcar todos los demás libros. Es una obra sencillamente genial, y quería dedicarle toda mi atención. De hecho, pienso dedicar varios artículos a esta novela.

Esta mañana, como casi todos los miércoles, he quedado para desayunar con mi amigo A. M. En efecto, mi amigo se llama como el mítico cantante. Le llevaba sus moleskines, ya que habíamos realizado un pedido conjuntamente. A su vez, el me traía un regalo: La ciudad de la alegría, de Dominique Lapierre. Mi natural tendencia a huir de los best sellers había hecho que ignorase este libro durante toda mi vida. A. M. tiene mucho cariño por él, y ha demostrado que también por mí, o eso creo, al regalármelo. Lo he comenzado hoy y en un rato llevo cincuenta páginas.

Ana Karenina: me temo que tendré que compartirte. El libro de Lapierre me está subyugando.

A. M. me ha recordado que el otro día compró el libro Bola de sebo y otros cuentos, de Guy de Maupassant. Ya me había hablado del cuento Bola de sebo, y me había picado la curiosidad, pero no lo había vuelto a recordar hasta hoy, en nuestro desayuno. Así que he realizado una búsqueda en Google y he hecho clic sobre el primer enlace 1. Y he leído Bola de sebo.

* * * * *

Me pregunto qué es lo mejor que se puede decir de un relato. Supongo que tal vez sería una de estas palabras: "excelente", "magistral", "espléndido", "formidable" (me encanta esta palabra), "bonito". Yo voy a intentar ser original: cuando Bola de sebo, la protagonista de la historia, se echa a llorar hacia el final, me ha costado no acompañarla. Pero la tristeza y la simpatía por Isabelle Rousset se han tornado en rabia en el que para mí es el momento culminante de Bola de sebo:

La señora Loiseau, con una sonrisita maliciosa y triunfante, susurró:

-Se avergüenza y llora.


Sublime. Qué delicia de cuento. Y encima leo la biografía de de Maupassant en la Wikipedia y el tipo me cae bien.

Un día redondo.

(1) Ignoro si esto es legal, y tampoco me importa demasiado. La policía ya sabe donde vivo, llegado el caso.

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