La Lengua

Dura lex, sed lex

3/01/2005

La fuerza de la razón

Oriana Fallaci es una periodista italiana que vive desde hace años en los Estados Unidos. Se ha hecho bastante conocida por un ensayo que publicó inspirada por los atentados de Nueva York y Washington el 11 de septiembre de 2001. El libro en cuestión se titulaba La rabia y el orgullo y vendió cientos de miles (no sé si millones) de ejemplares.

La fuerza de la razón es el libro que comentamos hoy. Es una suerte de continuación del anteriormente citado.

En resumidas cuentas, Fallaci viene a decir que el fin del mundo se aproxima por la invasión musulmana sobre occidente. Yo creo que se pasa tres pueblos.

No sé cómo se ve el asunto desde la Península, o desde Latinoamérica, o desde donde me estéis leyendo; comprendo que por allí esto del Islam es algo relativamente nuevo. Pero yo soy de Melilla, donde vivo desde hace treinta años. Sé lo que es el Ramadán desde que soy pequeño, y conozco bastantes aspectos de esta cultura. Y sí, los que lapidan y practican la ablación de clítoris a las niñas en Nigeria son musulmanes, pero lo es también mi vecino que tiene una frutería, es laico y no ha hecho daño a nadie en su vida.

Estoy de acuerdo con la Fallaci en una cosa: las religiones, en general, siempre han ido en contra del progreso intelectual humano. Creo que es -entre otras cosas- porque parten de la línea de meta. Me explico: cuando alguien se pone a meditar, lo que aguarda al final del camino, si hay suerte, es la verdad. En las religiones, sin embargo, la verdad es revelada al principio, por lo que no es necesario darle muchas vueltas al asunto, sino simplemente hallar algún mecanismo que demuestre esta verdad revelada. Este procedimiento ha sido seguido por grandes filósofos, desde Platón hasta Descartes, si queréis, pero lo encuentro algo castrante. Me ha gustado una frase del libro, en un pasaje donde se habla del gran médico y filósofo persa Avicena. Se suele tomar como ejemplo de grandes intelectuales paridos por el Islam. Yo estoy con Oriana en que Avicena es más bien un gran intelectual a pesar del Islam. Dice Oriana -citando a no recuerdo quién- que atribuir al Islam los méritos de Avicena es como atribuir a la Inquisición los méritos de Galileo.

La traducción del libro es digna de que alguien pase unos meses en la cárcel. En una buena cárcel, eso sí, no una como las de Expreso de medianoche. Pero sin posibilidad de reducción de pena. ¿O será que Oriana escribe así de mal? Lo dudo... pero sí que percibo algo del estilo italiano en su libro. ¡Grita mucho!

2 comentarios:

  • A las 4/13/2007 10:59:00 AM , Anonymous cepillo ha dicho...

    mmmmm.. este libro lo habia visto por artos lugares para bajarlo... ahora que lei el blog. me voy a animar a leerlo....

     
  • A las 5/18/2007 10:43:00 AM , Anonymous Anónimo ha dicho...

    Estoy de acuerdo con el libro, no con tu comentario. Vivo en la peninsula y percibo una verdadera invasion. Mientras que rusos, rumanos, indues, chinos, ingleses, etc. se adaptan, los musulmanes no se adaptan. Estan los no san buenos musulmanes, como tu, y estan los buenos musulmanes, es decir los que siguen los verdaderos fundamentos del Islam, vease Coran. Cuando son pocos son como corderos, pero cuando son muchos del cordero aparece el lobo que estaba escondido.
    Y despues de todos deberiamos ser reciprocos, es decir donde las an las toman, si ellos en sus paises son intolerantes con nosotros, nos prohiben mostrar religion alguna que no sea la suya, etc. etc., pues nosotros deberiamos hacer exactamente lo mismo con ellos.
    Nota.- Lo politicamente correcto podra tachar esta opinion de lo que quiera, ahora la verdad en la calle, la opinion general y el sentido comun va en la tendencia que he expuesto.

     

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