Erratas
La semana pasada El País Semanal (el suplemento dominical del diario EL PAIS (sic)) publicaba una errata gorda en su portada: confundía a los astrólogos con los astrónomos. J. Armentia se hizo eco de ello en una serie de artículos: he aquí el último.
Hoy, en la sección "La defensora del lector" ha sucedido lo que suele suceder: que el periódico no tiene que disculparse prácticamente de nada, que somos unos delicaos, que tampoco hay para tanto, que es normal confundir a, pongamos por caso, Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, con Rappel, que, bueno... no necesita presentación (así está el país. Y ahora me refiero al país, y no al diario).
Más cosas: miro la contraportada, y ojeo la columna de Manuel Vicent. Así, al vuelo, he pillado dos o tres faltas de ortografía. Mis alumnos van a suspender por tener dos faltas de ortografía. Y eso que ellos no cobran. Y eso que ellos no tienen una carrera. Y eso que ellos no hacen los exámenes con el corrector ortográfico de Microsoft Word. Y que nadie me venga con eso de que son becarios. Lo mismo se tarda en escribir burro con be que con uve. El problema es que, además de tardar lo mismo, se cobra lo mismo. Y, pudiendo hacer algo mal, ¿para qué hacerlo bien, verdad?
No me meto en cuestiones ideológicas, que no se le ocultan a nadie, y todos sabemos que los periódicos españoles sirven cada cual a quien sirven. Me refiero solamente a cuestiones de calidad objetiva, no informativa.
Y a EL PAIS (sic) le ha pasado como a Los Simpsons: se ha convertido en una mierda, siendo como era uno de mis placeres confesables. Maldita sea...
...dejaré de comprarlo. Para leer faltas de ortografía propias de adolescentes, me voy a la calle a echar un ojo a los graffities. Y me gasto el euro en un café.
Lo voy a lamentar mucho por algunas secciones, como "Zapping", de Sergi Pàmies. Pero qué se le va a hacer. El dinero no me lo regalan, y yo tampoco pienso regalarlo.
Hoy, en la sección "La defensora del lector" ha sucedido lo que suele suceder: que el periódico no tiene que disculparse prácticamente de nada, que somos unos delicaos, que tampoco hay para tanto, que es normal confundir a, pongamos por caso, Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, con Rappel, que, bueno... no necesita presentación (así está el país. Y ahora me refiero al país, y no al diario).
Más cosas: miro la contraportada, y ojeo la columna de Manuel Vicent. Así, al vuelo, he pillado dos o tres faltas de ortografía. Mis alumnos van a suspender por tener dos faltas de ortografía. Y eso que ellos no cobran. Y eso que ellos no tienen una carrera. Y eso que ellos no hacen los exámenes con el corrector ortográfico de Microsoft Word. Y que nadie me venga con eso de que son becarios. Lo mismo se tarda en escribir burro con be que con uve. El problema es que, además de tardar lo mismo, se cobra lo mismo. Y, pudiendo hacer algo mal, ¿para qué hacerlo bien, verdad?
No me meto en cuestiones ideológicas, que no se le ocultan a nadie, y todos sabemos que los periódicos españoles sirven cada cual a quien sirven. Me refiero solamente a cuestiones de calidad objetiva, no informativa.
Y a EL PAIS (sic) le ha pasado como a Los Simpsons: se ha convertido en una mierda, siendo como era uno de mis placeres confesables. Maldita sea...
...dejaré de comprarlo. Para leer faltas de ortografía propias de adolescentes, me voy a la calle a echar un ojo a los graffities. Y me gasto el euro en un café.
Lo voy a lamentar mucho por algunas secciones, como "Zapping", de Sergi Pàmies. Pero qué se le va a hacer. El dinero no me lo regalan, y yo tampoco pienso regalarlo.

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