2/12/2005 07:41:00 AM|||Elías|||
(Si adquiero una deuda con alguien, pongamos por caso, contigo, y no te pago el día indicado, la deuda no queda automáticamente saldada. Es decir, aunque haya prometido devolverte el dinero el 20 de febrero y no lo haga, no quedamos en paz; te sigo debiendo lo tuyo. Esto viene a cuento de lo siguiente: hace días que prometí un nuevo artículo sobre el Quijote, y aún no lo había escrito. Ahí va)

Tengo así, a vuela pluma, tres hipótesis sobre el comportamiento de don Alonso Quijano llegado a la vejez:

  1. Efectivamente, don Alonso se ha vuelto loco, confunde la realidad con la ficción, y no solo es incapaz de interpretar la realidad en su justa medida, sino que además ve cosas que no están ahí. Esto le vuelve un personaje graciosamente patético, digno a la vez de burla y de conmiseración.
  2. Don Quijote no solo no está loco: es un caradura. Sabe que son molinos, que son galeotes, que Aldonza Lorenzo es una paleta aldeana de dudosas costumbres, pero engaña a todos para que crean que está loco. Así consigue comportarse como le viene en gana, apalear a quien tercie, colaborar con el delito, cortejar a todas las mujeres... y que no lo detenga por ello la Santa Hermandad (la Guardia Civil del siglo XVII). En esta hipótesis, el único personaje que no padece alucinaciones es don Quijote.
  3. Don Quijote vive en una singularidad cuántica. Sufre un desplazamiento temporal: la venta es una venta, pero hace siglos en su lugar se levantaba un castillo. La Mancha fue escenario de gloriosas batallas y fazañas, y los antepasados de Aldonza Lorenzo fueron exquisitas damas de la corte. Alonso Quijano no ve cosas que no son, ve cosas que fueron.
Cualquiera de las tres hipótesis nos vale para reírnos con la novela. Y mucho.

Actualización, 13-2-2005: Pato nos aporta una cuarta hipótesis en los cometarios:

Don Alonso es un idealista, un hombre de mente sensible y creativa que, en otras circunstancias (favorables), hubiese podido ser un pensador cabal. La dureza de su realidad, tanto personal como nacional, supone una amenaza a su integridad psíquica, por lo que se disocia de la misma, tergiversando lo que hay y creando alternativas más acordes a sus necesidades psicológicas y afectivas, que, de otra forma, no quedarían cubiertas. No es que esté loco; al revés, sus síntomas son los signos de su defensa contra la locura. Es el fracaso de sus mecanismos de defensa, al final, que le trae la verdadera descomposición psíquica y física y, de última, la muerte.
|||110819128297774158|||Tres hipótesis