Ars longa, vita brevis

Koba el Temible

28 de Febrero de 2005

Este ensayo de Martin Amis tiene un subtítulo: La risa y los Veinte Millones. Si he entendido bien, los Veinte Millones era una forma eufemística que los ciudadanos de la extinta URSS usaban para referirse a la época del terror de la Revolución de Octubre. Todas las revoluciones tienen su fase de terror (no recuerdo quién dijo esta gran verdad; he de echar un vistazo a mi libro de citas), y fijémonos en Robiesperre y en Castro para darnos cuenta de que es así.

Dos hechos llaman la atención fundamentalmente del terror rojo de Iosif Stalin:

a) Era el terror por el terror; da la impresión de que pasó de ser un instrumento político a convertirse en un fin en sí mismo, un fin sin un objetivo claro. Los niños denunciaban a sus padres (que eran fusilados más tarde). Los hombres denunciaban a sus hermanos (que eran fusilados más tarde). Las mujeres denunciaban a sus maridos (que eran fusilados más tarde).

Los interrogadores de la Checa torturaban a los detenidos para sacarles la confesión que hiciera falta (después eran fusilados). Nuevos interrogadores interrogaban a los antiguos interrogadores (que después eran fusilados). En cierta ocasión fueron a detener a un gran jefe de la Checa, el cual, cuando le comunicaron la orden de detención, preguntó: “¿Dónde está la confesión que tengo que firmar?” Habiendo sido jefe de la Checa, sabía que acabaría confesando que el sol sale por el Norte, y que después lo fusilarían. Trataba de ahorrarse el suplicio de un interrogatorio que conocía demasiado bien.

La Checa detuvo a un niño de diez o doce años y tras un interrogatorio que duró días, confesó que era un espía a sueldo de los nazis (el niño fue más tarde fusilado. Era judío). Como dice Amis,

[...] porque la tortura, al margen de sus restantes aplicaciones, formaba parte de la guerra de Stalin contra la verdad. No torturaba para obligar a revelar un hecho, sino para obligar a ser cómplice de una ficción.

En una prisión encerraron a detenidos políticos acusados de terrorismo. En el espacio para un hombre embutían a veinte. Estaban tan hacinados, que cuando alguno fallecía, quedaba en posición vertical, ya que no había sitio para caer al suelo y el cadáver quedaba apretado entre los cuerpos de sus compañeros.

b) La relativa comprensión de Occidente ante el terror de Stalin. Se cuenta en el libro que con seguridad las víctimas del terror doblan los famosos Veinte Millones, y con probabilidad los triplican (con que hubiesen sido la mitad, ya sería numéricamente más horrible que el Holocausto). Pero a nadie se le ocurre comparar a Stalin con Hitler. A pocas personas decentes se les ocurre hacer un chiste sobre el Holocausto. O sobre la vida en Auschwitz. Sin embargo, hemos oído miles de chistes sobre las colas de racionamiento en la URSS y sobre la falta de libertad en la dictadura soviética.

Europeo: ¿Qué tal se vive en la URSS?
Soviético: Pues… no nos podemos quejar.
Europeo: Ah, entonces, ¿se vive bien?
Soviético: No, no, es que no nos podemos quejar.

Nos solemos reír con los chistes sobre la URSS. Ahí está la risa, y ahí están también los Veinte Millones (o los Cuarenta, o los Sesenta Millones). En el mismo sitio.

Amis aventura una posible justificación de la diferencia de opiniones existente en Europa sobre Hitler y Stalin:

Todo el mundo ha oído hablar de Auschwitz y Belsen. Nadie sabe nada de Vorkutá ni de Solovetski(1).
Todo el mundo ha oído hablar de Himmler y Eichmann. Nadie sabe nada de Yeyov ni de Dzeryinski(2).
Todo el mundo ha oído hablar de los 6 millones del Holocausto. Nadie sabe nada de los 6 millones del Terror del Hambre(3).

Yo tengo una posible explicación bastante más sencilla. Hitler perdió una guerra. Stalin la ganó.

1: Dos de los peores campos de trabajo (gulags) de la URSS. Ser condenado a un gulag era de facto una condena a muerte de hambre, frío y enfermedad.
2: Dos de los agentes políticos soviéticos más despiadados.
3: Una de las fases del Terror de Stalin consistió en matar de hambre al campesinado bajo su yugo. Los campesinos eran kulaki en potencia. Una vez (o cientos de miles de veces) un campesino en los huesos robó un puñado de trigo. Lo fusilaron por terrorista. Su mujer y sus hijos fueron enviados al gulag.

2 comentarios en “Koba el Temible”

  • La Lengua » Blog Archive » Sobre héroes y tumbas dice:
    5 de Junio de 2006 a las 7:15

    [...] Es una tontería aceptada, por repetida machaconamente, que “el tiempo” o “la historia” pondrá a cada uno en su sitio. Nada más lejos de la realidad. El tiempo contribuye a que los asesinos se vuelvan héroes, y a que sus víctimas sean vueltas en números. No creo que los grandes héroes nacionales o sociales, los que se han hecho grandes matando, tengan un sentido mayor de la justicia o de la paz que el resto de las personas, lo que creo es que tienen el sentido sádico, si existe, muy bien desarrollado. Conozco a varias personas con las mismas ideas elevadas que Stalin o Hitler, aunque, por suerte para todos, no son tan malos como para llegar a héroes. [...]

  • La Lengua » Blog Archive » Mil novecientos ochenta y cuatro dice:
    18 de Noviembre de 2006 a las 8:50

    [...] Koba el Temible [...]

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