Lepprince
-Este país no tiene remedio, aunque me esté mal el decirlo por mi condición de extranjero. Existen dos grandes partidos, en el sentido clásico del término, que son el conservador y el liberal, ambos monárquicos y que se turnan con amañada regularidad en el poder. Ninguno de ellos demuestra poseer un programa definido, sino más bien unas características generales vagas. Y aun esas cuatro vaguedades que forman su esqueleto ideológico varían al compás de los acontecimientos y por motivos de oportunidad. Yo diría que se limitan a aportar soluciones concretas a problemas planteados, problemas que, una vez en el gobierno, sofocan sin resolverlos. Al cabo de unos años o unos meses el viejo problema revienta los remiendos, provoca una crisis y el partido a la sazón relegado sustituye al que le sustituyó. Y por la misma causa. No sé de un solo gobierno que haya resuelto un problema serio: siempre caen, pero no les preocupa porque sus sucesores también caerán.
Lepprince, en La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza.
La novela fue publicada en 1975, y se supone que Lepprince le suelta esta parrafada a Miranda en 1917.
Cualquier parecido con la realidad de noventa años después es... cuanto menos, curiosa.

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