La Lengua

Dura lex, sed lex

1/17/2005

La verdad sobre el caso Savolta

Ya hablé hace unos días de que andaba liado en la lectura de esta novela. Creo que liado es una expresión apropiada, ya que la trama de misterio que Eduardo Mendoza teje es como una telaraña que te atrapa sin remedio (me ha recordado las sensaciones que experimenté al leer otra novela suya, hoy olvidada por mí: El misterio de la cripta embrujada).

Lo que no recordaba era el sutil sentido del humor que gotea página sí, página no, de esta novela policiaca. Leí la Cripta con catorce años, y el sentido del humor es como el vino (no hace falta que siga con el aforismo, ya me entendéis). Creo que el sentido del humor en la literatura española gira en torno a un concepto que muchos iluminados creen del siglo veinte: el antihéroe. Desde el Arcipreste hasta Torrente (el de Santiago Segura), pasando por el infeliz Lázaro de Tormes y el antonomásico Alonso Quijano, se puede trazar una Historia de la Literatura española parando cada tanto en un perdedor patético al que se le acaba tomando cariño. Javier Miranda, nuestro protagonista, es un personaje del que -y no con quien- nos reímos, del que se ríen todos los personajes, pero a quien se acaba tomando afecto.

La Barcelona de la década de 1910 está representada, o eso me ha parecido, con las suaves pinceladas de una acuarela, o con el impresionismo casi fotográfico de Pisarro: creía estar viendo la ciudad de hace un siglo como a través de una foto movida.

Y el humor, el humor que a veces gotea, como he dicho, y a veces chorrea:

Tal y como me habían informado, encontré a la jefa, que no era otra que la vieja pianista, trajinando tras el telón entre garrafas y botellas. Lo que hacía era muy simple: rellenaba las botellas de marcas conocidas con el líquido que vertía de las garrafas a través de un embudo herrumbroso. La falsedad de las bebidas que servían en el cabaret resultaba tan evidente al paladar y tan indiferente a la clientela, que aquella operación carecía de sentido y la juzgué una conmovedora cuestión de principios.


Ficha del libro en la web de la editorial Seix Barral.

1 Comments:

  • At 1/20/2005 11:24:00 AM , Anonymous Anonymous said...

    Muy interesante tu comentario sobre el sentido del humor y el antihéroe en la literatura española. Es una constante que se sigue repitiendo en el tiempo, y yo añadiría a tu lista, entre otros, a Baroja y sus personajes. Los barojianos son gente que afronta el caos del mundo con una dignidad que a mí me parece muy específicamente española. No son perdedores, para ser perdedor hay que haber querido antes ganar, o sea que se es perdedor desde dentro. Ellos son humanos que tienen conciencia de su pesantez, que saben que todo puede perderse, en el doble sentido de posibilidad y disponibilidad, menos la honra, o sea, la decisión de seguir siendo hombre en el mundo, de seguir respetándose a uno mismo. Quizá este talante tan español sea consecuencia de que, desde hace al menos cuatro siglos, nuestro pais y nuestra sociedad van desmoronándose poco a poco, como una enorme piedra arenisca que no por erosionarse ha perdido ya su belleza y su fuerza.

     

Post a Comment

Links to this post:

Create a Link

<< Home