La muerte y el retrato
Los integrantes de algunas culturas (que llamaré primitivas) creen que, al hacerte un retrato, tu alma huye con él y te abandona. Lo cual, piensan, es un fastidio.
Yo opino lo contrario. Sería bonito que te hicieran una foto y te colgaran de la pared, y poder estar durante años observando, como en una película, a toda esa gente que conforma tu círculo de personas queridas.
Si apuramos, lo único que nos hace desear una vida eterna es la presencia de esas amistades y esos amores. Qué extraño es cuando todos dejan el mundo al mismo tiempo: qué extrañas familias las de Hiroshima, o de Herculano, por ejemplo, que, involuntariamente, un día abrieron todos la puerta de salida de este mundo, como la típica familia que se va de vacaciones, juntos todos. Se van todos a la vez, y así no echan a nadie de menos.
Volviendo a lo del retrato: un amigo que he conocido por la red -y que está leyendo esto ahora mismo- no aprecia demasiado a Oscar Wilde, que trató el tema en su conocida novela sobre Dorian Gray. Gray se enfadó con su propia inmortalidad. Tal vez descubrió que un Dorian Gray inmortal no era, después de todo, el mismo que él.
Él sabrá por qué no le gusta Wilde. Yo sólo sé que a los amigos se les perdona todo. Hasta eso. Ciao.

