La Lengua

29 abril 2004

El proceso



Si tenéis buena memoria y me sois fieles, recordaréis mi proceso contra la Ciudad Autónoma de Melilla (sí, sí, entera ella contra mí) y otras altísimas y despreciables instituciones.

Bien, ayer continuaba el juicio. Esta vez tomé varias precauciones. Por ejemplo, la noche anterior me puse muy nervioso y no me dormí hasta las tres de la madrugada (me acosté, José C., pero estuve dando vueltas en la cama).

También me había comprado unos nuevos zapatos de piel muy bonitos, y los lucí orgulloso en los pasillos del Juzgado de lo Social de Melilla. Además, esta vez conjunté bien -por lo visto- la corbata, la chaqueta y alguna que otra prenda. En fin, que mi abogado se comió a los abogados de la otra parte.

Para que luego digan que ser previsor no sirve de nada...

El fin está cerca (o eso creo). Va a hacer un año que llevo liado en el maldito asunto este del proceso. Cuando acabe, no me lo voy a creer. Bueno, teniendo mala suerte, puede que nos quede otro año, y Dios no lo quiera, pero al menos ahora estamos más cerca del final que hace un año.

No, no: no quiero dejaros en ascuas. Pero es que he dictado de forma unilateral el secreto de sumario. Pero en cuanto todo se resuelva, tendréis cumplidas cuentas de todo.

¡Como un perro!

Humo



Acabo de leerme el libro Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo, de Allen Carr.

Carr es un hombre que fumaba tres cajetillas de tabaco en un día normal y cinco en días de especial estrés. El tabaco estuvo a punto de costarle la vida y el matrimonio. En el libro cuenta una anécdota que tiene gracia (es humor negro, claro está): la suegra de Allen Carr le pregunta a su esposa por qué no lo amenaza con separarse de él si no deja de fumar. La mujer le responde bastante convencida que si lo hiciese, se separarían sin lugar a dudas.

Carr propone un método bastante original para dejar de fumar. Las características principales que, a mi juicio, contribuyen a esa originalidad son:

-Carr te prohíbe que uses un sustituto para la nicotina (parches, chicles, etc.).
-Te dice que no vas a sufrir mientras dejas de fumar.
-Te dice además que no sólo no va a ser un sacrificio, sino que será un placer.

No voy a comentar el estilo del libro, puesto que, de tenerlo, supongo que será el mismo que el de todos los libros de auto-ayuda (y yo éste es el primero que leo, si no contamos el Ars Amandi de Ovidio). Es bastante repetitivo, y hay alusiones constantes a aquello de "si te lo propones de verdad, puedes conseguirlo", etc. En fin...

Puede que éste sea uno de los libros más importantes que he leído en mi vida, y puede que no. Eso depende. Llevo unas nueve horas sin fumar. Tal vez he hecho trampa, puesto que ocho de esas horas estaba durmiendo (así se prueba, dice Allen Carr, que la adicción que produce la nicotina no es tan fuerte: el mono no nos despierta durante todas las horas de sueño).

Luego os cuento... deseadme suerte.

26 abril 2004

Taller



José C. inició hace bastante tiempo un taller literario online, que abandonó más tarde. Y que ahora ha vuelto a retomar con nuevas fuerzas, invitándome a participar en él.

Hay sugerencias para cuentos, consejos sobre técnicas narrativas, citas, y cuentos publicados por escritores de renombre o impublicados por él y por mí mismo. Merece la pena, si estás en esta página porque te gusta la Literatura.

La dirección es ésta. Y aquí tenéis un pequeño cuento escrito con la inspiración que generosamente me brindo José C. (es el relato titulado Traficantes de almas, con fecha jueves 1 de abril). Y no os perdáis el que viene a continuación, Poemas de amor.

A disfrutar, amigos.

25 abril 2004

Navegar



Navegar é preciso,
viver não é preciso.


Caetano Veloso, Os argonautas.

Bonito, ¿no?

24 abril 2004

El aniversario



Efectivamente, hoy, 24 de abril de 2004, cumplimos un año.

Es costumbre hacer balance, y más o menos es lo que pretendo hacer con este post.

Bueno, pues comenzaré hablándoos sobre cómo empezó todo.

Había hecho intentos de crear páginas web, con resultados francamente descorazonadores. Logré colgar una que ya no está en la red, donde solamente había unas fotos, algunos gifs y unos chistes sin gracia. ¿Recordáis el capítulo de Los Simpsons en que Homer crea su página web de Mr. X, horriblemente diseñada y repleta de gifs sin sentido? Pues era más o menos por el estilo.

Sólo tengo dos aficiones que han sido bastante constantes en mi vida: la Literatura y la música. He tocado un poquito de todo: tuve un grupo de rock, que había sido de pop, y después fue de funk-metal; he tocado canciones de cantautor, un poco de bossa nova, algo de jazz... pero llevaba meses sin dedicarle a la guitarra la atención que merecía (y por lo demás Internet está plagada de buenas páginas sobre música).

También llevaba un par de años sin leer. Circunstancias de la vida, como suele decirse.

No recuerdo de qué forma, llegué a un par de páginas: Microsiervos (que por aquel entonces se llamaba Hiperespacio.com) y Xeron. El concepto me dejó bastante alucinado. No te exigía preparar un gran contenido para hacer una gran página: la ibas haciendo poco a poco, día a día, o más o menos. Iba variando según estados de ánimo, acontecimientos, etc. En fin, todos sabemos lo que es un blog. Si no hubiese conocido Microsiervos o Xeron (que visito a diario), probablemente La Lengua no existiría.

La Lengua comenzó hace un año con este post. Después pasé cuatro meses sin escribir nada. No recuerdo por qué, pero el caso es que lo hice. Así que no llevo un año escribiendo realmente, pero da lo mismo, hoy es nuestro cumpleaños.

He leído varios libros motivado por la intención de comentarlos en la página.

He reflexionado sobre La Lengua, y a menudo he buscado información para escribir los posts.

Como sabéis, ésta no es una bitácora al uso. Quiero decir que no es estrictamente un diario. No suelo escribir nada sobre mí. ¿Por qué? ¿Es que mi vida no es interesante? ¡Por supuesto que sí! ¡Muchísimo! Me atrevería a decir que más que las vuestras, desde mi punto de vista. Pero dudo que os interese lo que me pasa. Y las personas a las que la información sí les atañe ya saben dónde encontrarla. Además, hay miles de diarios por ahí contando miles de vidas. Y yo no soy un aventurero. Al menos por el momento.

Llevamos algo más de 5.000 visitas. Creo que es un buen número. En alguna ocasión he comentado que yo escribo esta página para que sea visitada por el mayor número posible de personas. Si no fuese así, no escribiría aquí, sino en algún cuaderno de papel. Pero me fascina la capacidad de Internet para almacenar información, para intercambiar opiniones, para que un profesor de Lengua de tres al cuarto pueda publicar lo que quiera sin tener que enviar manuscritos quintuplicados a una editorial. Creo que cinco mil visitas en un año es una buena cifra para una página de Literatura. Me llena de orgullo este número.

He hecho amigos virtuales (no os ofendáis, es que no os conozco en persona; por lo demás, podéis prescindir del adjetivo): Cristina y José C.; he renovado el diálogo con lo que podría llamar un gran amigo virtual (también puedes prescindir de nuevo del adjetivo): Satch. He escrito, he pensado, he conocido buenas y malas páginas, me han recomendado libros, y yo he recomendado otros.

En fin, no soy amigo de grandes discursos escritos: creo que las palabras grandilocuentes están para ser pronunciadas. Intentaré resumir: si hace un año no hubiese comenzado esta aventurilla, mi vida en estos doce meses habría sido, indudablemente, mucho menos interesante, mucho más aburrida, y mucha menos vida. Doy las gracias a La Lengua y a todos los que visitáis, enlazáis y leéis.

Tenéis los archivos a la izquierda de la pantalla. También los enlaces a los libros que he comentado este año. Y debajo, Unos buenos enlaces que he ido recopilando, y algunos amigos que enlazan a La Lengua. Ruego que me disculpéis si en los enlaces he olvidado a alguien (cosa que solucionaré de inmediato si me escribís un correo).

Es buena la Literatura, ¿verdad? Sirve para muchas cosas.

Pues bueno, iremos a por el segundo, a ver qué tal se nos da. Gracias de nuevo.

23 abril 2004

S. R.



Cuentan que cuando un silencio
aparecía entre dos
era que pasaba un ángel
que les robaba la voz.

Y hubo tal silencio el día
que nos tocaba olvidar,
que desde entonces
yo, todavía,
no terminé de callar.



Silvio Rodríguez, Ángel para un final.

20 abril 2004

Black is white



Ya os hablé sobre el libro de Rubén Gallego que me recomendó mi amigo Satch (ver post anterior). Son una serie de relatos autobiográficos (o eso creo) en que el autor cuenta lo dura que fue su vida en los asilos para minusválidos en la antigua Unión Soviética. Y fue dura la vida, realmente.

Lo que a mí me deja realmente alucinado es el mero hecho de la supervivencia de su autor. Seguramente yo (seguramente vosotros también) me habría rendido mucho antes que él. Y habría muerto. Y él no hizo una cosa ni otra, sino que escribió un best seller.

(Antes de que se me olvide, el título del libro es Blanco sobre negro. Editorial Alfaguara. Traducción de Ricardo San Vicente. Alrededor de diez euros. 182 páginas. Letras grandes y papel muy desagradable al tacto. Se lee en un par de días.)

Sigo. Como él mismo dice, es un héroe. Pero yo no creo que sea un héroe, como él afirma, por no tener piernas; para mí es un héroe por haber sobrevivido y haberse hecho escritor.

El estilo no me gusta demasiado. Creo que es demasiado norteamericano. O tal vez demasiado ruso (en su versión original está en ruso), pero sólo he leído de la Literatura Rusa algún relato de Tolstoi. Eso sí que es una asignatura pendiente. En fin, una muestra de lo que yo llamo el estilo norteamericano, sin más explicaciones (cito de memoria, como casi siempre):

Los perros no hablan.

Hay que decir, sin embargo, que tiene pasajes francamente memorables. Cita:

El asilo de ancianos. El día se vuelve noche, la noche se transmuta suavemente en día. Las estaciones del año se funden, el tiempo se va. No pasa nada. Las mismas caras, las mismas charlas. Sólo de vez en cuando la bien conocida realidad se estremece, se solivianta y da lugar a algo del todo desacostumbrado, a algo que no cabe en los conceptos normales y corrientes.

Y me han gustado especialmente el inicio y la conclusión del relato titulado 'Nunca', para mi gusto uno de los mejores de todo el libro:

Nunca. Es una palabra horrorosa. La más horrible de entre las palabras. Nunca. Esta palabra es sólo comparable con la palabra muerte. La muerte es un gran "nunca". Un "nunca" eterno; la muerte arrasa todas las esperanzas y posibilidades. Nada de "puede ser" o "¿y si...?". Nunca.

...

La cámara recoge un primer plano. Aquel muchacho con un tatuaje y un pendiente en la oreja también intenta huir de su propio "nunca", estoy seguro. Pero esta evidencia no hace que me sienta mejor.


El libro, por lo visto, ha sido un tremendo éxito editorial en Rusia y ha hecho que se revisen las condiciones de asilo de bastantes lugares de recogida de minusválidos y ancianos.

Por lo demás, y a pesar de no gustarme el estilo -como ya he dicho- , lo recomiendo. Una vez lo empiezas es imposible dejarlo.

17 abril 2004

Últimas adquisiciones



-Blanco sobre negro, de Rubén Gallego, ed. Alfaguara. Ésta edición en concreto (dudo que haya más, el libro es muy reciente). Satch me lo recomendó ayer, y la verdad es que no me dio muchas pistas (bueno, me dijo título, autor, editorial y precio, pero nada del argumento), pero me fío de su criterio, cosa que hasta ahora me ha funcionado. Ya contaré.

-Odas elementales, de Rubén Darío, ed. Debolsillo. Aquí lo tenéis. Hace tiempo que no leo verso, y Neruda siempre entra facilito, y es cosa de calidad.

-El castillo, de F. Kafka (una de sus novelas inconclusas). Recomendado por Kundera. Esta edición.

-Y un DVD: American beauty, dirigida por Sam Mendes, una de las mejores películas que he visto en los últimos años. Sublime. Y me ha costado baratita, menos de doce euros. Esta película lo tiene todo. En fin, no comento mucho sobre ella, supongo que la habréis visto varias veces. He comenzado a ver el documental que viene como extra. Y me ha molestado una cosa: ves a todos los que trabajan en la película intentando demostrar el clima de hermandad y buen rollito que hubo durante el rodaje. ¿Y a mí qué me importa? ¿Es la película mejor por ello? ¿Sería peor si se hubiesen llevado mal? Bueno, pues supongo que es cosa de merchandising. O como se escriba. Un saludo. ¡Ya es sábado!

16 abril 2004

Wie ein Hund!



Ya terminó (o mejor dicho, terminé) El proceso. Sigo reafirmándome en mis ideas: es una novela humorística. ¿Que hay tragedia? Por supuesto, pero en fin, en las películas de Quentin Tarantino también hay humor a raudales mezclado con litros de sangre y kilos de vísceras. Es un humor bastante macabro, qué duda cabe, pero así es la cosa.

Hablábamos el otro día sobre pretendidos significados ocultos en la obra de Kafka, que yo -apoyado en autoridades más ilustres- negaba categóricamente. Creo que el significado, o la enseñanza que se puede extraer de esta novela es la contemplación de que en la sociedad moderna estar acusado de algo equivale a ser culpable, y de que uno mismo acaba convenciéndose de su propia culpabilidad. Le sucede a K., que llega al final de la novela aceptando su crimen (que nunca llega a saber en qué consiste). No, no se me ha ocurrido a mí, es la teoría de Milan Kundera, con el que coincido.

Un spoiler es una parte de texto que no se debe leer si no se ha leído la novela (o visto la película, etc.). Es decir: si no has leído 'El proceso' de Franz Kafka no sigas leyendo. Avisado quedas.



El momento de la muerte de Joseph K., dentro de lo trágico, y dentro del cariño que se le acaba cogiendo al personaje, resulta de lo más cómico. El último capítulo comienza como el primero: K. está en su habitación y recibe la visita de unos agentes de la justicia. Esto le da a la novela la consabida estructura circular. Con una diferencia: en el primer capítulo, K. se sorprende e indigna de la intromisión, mientras que en el último está esperando a los verdugos y colabora activamente con ellos, llegando a darles instrucciones sobre cómo ejecutar la sentencia. Pero, antes del final, una cita curiosa: Joseph K. conversa con un pintor de retratos que dice poder ayudarle en su proceso.

-Representa a la justicia.
-Ah, claro. Ahora la identifico -contestó K.-. He ahí la venda tapando los ojos y aquí la balanza. Pero ¿no son alas eso que se ve en los talones? Produce la impresión de que va a lanzarse a la carrera.
-Así es -dijo el pintor-. Me han encomendado que la haga así. Para ser más claros, representa a la justicia y a la diosa Victoria en una misma figura.
-Pero ello no es una combinación feliz -manifestó K. riendo-. La justicia debe estar inmóvil, pues de lo contrario la balanza oscila y no puede pesar con exactitud.
-Me he limitado a hacer lo que exigía mi cliente -repueso el pintor.


Sublime. Y sí, ahora sí, el apoteósicamente patético final:

Uno de los señores cogió por la garganta a K. y el otro hundió el cuchillo en el corazón, clavándoselo dos veces más. Con los ojos ya velados pudo ver todavía a los dos señores que se inclinaban sobre él, con las caras muy juntas, observando el fin.
-¡Como un perro! -se dijo, cual si la vergüenza debiera sobrevivirle.

14 abril 2004

¡Traición!



Milan Kundera, Los testamentos traicionados, Tusquets Editores (una de mis editoriales favoritas).

He comprendido el título del libro casi al final. No es que sea incomprensible, es que soy algo lentito. Lamentablemente, me acabo de dar cuenta de que no he señalado ninguna cita que poneros. Pero da igual: el libro es excelente. Dice la contraportada que está a medio camino entre la novela y el ensayo. Yo, sin embargo, no le encuentro prácticamente nada de novela. Es un ensayo muy inteligente sobre varias facetas del arte, sobre todo el arte de la novela y el de la música, pero también se habla en cierta medida del teatro, la pintura y otros aspectos de la cultura. Se puede estar de acuerdo con el escritor checo o no -obviamente-, pero no se puede negar que tiene una prosa con mucho estilo. Te sientes muy bien leyéndolo.

Este libro ha hecho que retome El proceso (ver post anterior) con gran deleite por mi parte; que sienta unas ganas irreprimibles de comprar algún disco de Stravinski o Janácek; que indulte a Hemingway y le dé una tercera oportunidad; que ande como loco por mi biblioteca buscando algo de Rabelais que echarme a la boca; que entienda ahora más sobre música, más sobre Literatura; que haya pasado unos estupendos días leyendo las inteligentes reflexiones y las eficaces metáforas de Kundera. Muy recomendable.

El título: habla de cuando alguien muere y sus amigos no son capaces de cumplir sus últimas voluntades. Pone el ejemplo clarísimo de Max Brod, gran amigo de Franz Kafka. Kafka le pidió antes de morir que destruyese gran parte de su obra. Brod acabó publicándolo todo, incluido su diario y su correspondencia personal. ¿Mal amigo? Tal vez, pero sin duda si Brod no hubiese traicionado el testamento de Kafka, se habría perdido para siempre una de las figuras más representativas de la cultura europea del siglo XX.

Pienso en Isaac Asimov, que después de un par de malas experiencias, se negó a que se adaptasen sus relatos al cine. Y hoy, más de una década después de su muerte, he visto el trailer de la película I, Robot. Creo que la protagoniza Will Smith.

12 abril 2004

K.



Joseph K. es el nombre del protagonista de El proceso, de Franz Kafka.

Y todas las novelas tienen para mí dos historias:

UNO. La historia de la novela en una Historia de la Literatura, o del Arte en general. Dicho de otro modo, el lugar que ocupa dentro de una larga serie de obras literarias, de la que puede entrar y salir (El Quijote entró y salió varias veces de las historias literarias españolas durante un par de siglos).

DOS. La historia de la novela en la Historia de mis Lecturas. Es decir, el lugar que ocupa dentro de una corta serie de obras literarias que han pasado por mis manos. También se puede entrar y salir de esta serie.

El proceso había entrado varias veces en mi Historia, y había salido rápidamente. Al principio eché la culpa a la edición, que usa un tipo de letra y un papel bastante desagradables para mí (no digo el nombre de la editorial para no herir susceptibilidades). No quería rendirme a la idea de que no era capaz de comprender el mensaje oculto que la inteligente obra de Kafka nos ofrece. Me creo un tipo bastante inteligente, y el no comprender a Kafka me ofendía en lo más profundo de mi esnobismo.

Entonces comencé a leer a Kundera (gracias a mi amigo Per Sverre, como ya os comenté) y en el segundo libro suyo que voy leyendo (Los testamentos traicionados) encontré la clave: no hay nada que comprender. Es una novela. Es más: es una novela de risa. No hay que buscar mayores complicaciones: se lee para entretenerse, y punto. Retomé la novela quién sabe si por cuarta o quinta vez y me tiene enganchado. Y me parto de risa casi en cada párrafo. Es más, si se me permite la ironía, la estoy comprendiendo mucho mejor, cuando no trato de comprenderla. Estoy comenzando a atisbar el genio de Kafka, y además mi ego no está sufriendo un solo ataque.

Es necesario hacerlo con todas las obras literarias: no cometer el error de querer ver más de lo que su autor nos quiere decir. Si le buscamos significados ocultos a una novela o un poema, estaremos leyendo nuestro poema o nuestra novela, y no los del autor. Esto me lo dijo hace años un profesor mío de la universidad (que por lo demás era un imbécil).

En fin: desternillante. Ya comentaré más a fondo cuando la acabe. Deduzco que no será muy tarde.

Una nota sobre el nombre del protagonista, Joseph K. Gran parte de la crítica que busca significados ocultos en El proceso ve en K. un alter ego de Kafka. A mí mismo me parecía imposible que no fuese así. La letra k no es frecuente en castellano. ¡Pero sí en checo! Kafka, Kundera, Janácek, Skoda. Fácil, ¿no? Quiero decir que es fácil darse cuenta de lo obvio cuando un genio te lo pone delante de los ojos. Gracias, Kundera.

10 abril 2004

Una promesa rota



Según la promesa que os hice antesdeayer, debía haber posteado ayer, y obviamente la promesa no se cumplió. Yo soy así. No es que esto sea una excusa, pero en fin, es lo que hay. Lo siento.

Bueno, pues a lo nuestro.

Gabriel García Márquez: Del amor y otros demonios. Bastante bien, aunque por desgracia algo cortito. Creo que empieza mejor de lo que acaba (y no me estoy refiriendo a la posible felicidad o tristeza del final). Citas:

Abrenuncio lo entendió. Siempre había pensado que dejar de creer causaba una cicatriz imborrable en el lugar en que estuvo la fe, y que impedía olvidarla. Lo que le parecía inconcebible era someter una hija al castigo de los exorcismos.

...

"Me hubiera imaginado cualquier cosa de usted, menos estos extremos de demencia".
Cayetano, sorprendido a su vez, le preguntó:
"¿Nunca ha pasado por esto?"
"Nunca, hijo mío", dijo Abrenuncio. "El sexo es un talento y yo no lo tengo".

Y este pasaje me encanta:

Se quitó el collar de Oddúa que Sierva María le había regalado, y se lo puso a ella a falta de los suyos. Se tendieron en la cama, uno al lado del otro, y compartieron sus rencores, mientras el mundo se apagaba y sólo iba quedando el cositeo del comején en el artesonado. La fiebre cedió. Cayetano habló en las tinieblas.
"En el Apocalipsis está anunciado un día que no amanecerá nunca", dijo. "Quiera Dios que sea hoy".


La historia es bastante curiosa, y además está basada en una leyenda que, según comprobó Gabo siendo periodista, bien puede haber sido cierta. ¿Y quién lo sabe? Mañana hablaremos de otra cosa.

08 abril 2004

Lo sé



Llevo cosa de una semana sin postear nada.

Entretanto, he comenzado y acabado Del amor y otros demonios, de Gabo (mañana haré un comentario más extenso); sigo con Nineteen eighty four de Orwell; y he comenzado Los testamentos traicionados, de Milan Kundera y El proceso, de Franz Kafka.

Lo dicho es una promesa: mañana habrá un texto más largo. Mientras tanto, os deseo feliz descanso a los que, como yo, no trabajéis. Y un saludo para todos.

01 abril 2004

La fascinante levedad



Ya he acabado La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. A ver si esbozo una serie de consideraciones cortitas.

José C. me había advertido de que el libro era excelente. Me iba pareciendo que se quedaba corto, y me reafirmo en ello.

A Cristina alguien le había comentado que era un libro deprimente, pero creo que la han engañado de forma ruin. Pocas veces me he sentido más a gusto al leer un libro. Hay que tener en cuenta que A): a mí, la nada ya no me angustia tanto, como hacía con Jean Paul Sartre, por poner un ejemplo, y B): aunque el libro tiene momentos tristes, algunos realmente tristes, es tan jodidamente bueno que no me ha importado. Incluso ha llegado a emocionarme el final de la historia de Karenin (la perra de Teresa y Tomás).

No es tan fuerte como pensaba. A ver si me explico. Hay sexo por todos lados. Una película donde apareciese la décima parte de escenas de sexo sería clasificada 'X' como mínimo, pero (¡ah, qué suerte!) no es una película, sino un libro. Pero vamos, sexo hay por un tubo (lo digo para que unos no se engañen, y tal vez para que otros se animen, que os conozco).

El estilo de Kundera es uno de los más originales con los que jamás me he enfrentado. Rectifico: más que el estilo, la estructura. Tiene una estructura absolutamente magistral.

A medida que lo vas leyendo te va implicando en el proceso creativo. Los que lo hayan leído que recuerden (y los que no, que lo lean y estén atentos) el momento en que se da nombre al hijo de Tomás. Y no digo más.

Bueno, pues en pocas palabras: difícilmente superable. Cita:

Karenin nunca había deseado ir a vivir a Suiza. Karenin odiaba los cambios. El tiempo de un perro no transcurre en línea recta, no avanza siempre hacia adelante, de una cosa a la siguiente. Transcurre en círculo como el tiempo de las manecillas del reloj, que tampoco corren enloquecidas siempre hacia adelante, sino que dan vueltas alrededor de la esfera, todos los días por el mismo camino. Bastaba que en Praga compraran una silla nueva o cambiaran de sitio una maceta para que Karenin lo registrase con disgusto. Aquello perturbaba su tiempo. Era como si alguien le estuviese cambiando permanentemente a las manecillas los números de la esfera.

Y otra de propina:

[Las vidas humanas] Se componen como una pieza de música. El hombre, llevado por su sentido de la belleza, convierte un acontecimiento casual (la música de Beethoven, una muerte en la estación) en un motivo que pasa ya a formar parte de la composición de su vida. Regresa a él, lo repite, lo varía, lo desarrolla como el compositor el tema de su sonata.

Además, en el libro hay un sinnúmero de reflexiones más o menos leves sobre determinados aspectos del arte, de la filosofía, la antropología, la moral, etc. Kundera es -creo que aún vive- un tipo bastante culto.

También gustará a la gente que quiera leer una historia sobre la vida en la República Checa ocupada por las tropas soviéticas, y a los que les gusten las novelas psicológicas. Y al resto del mundo. Saludos.