La Lengua

Dura lex, sed lex

1/31/2004

Música o civismo



Algún día me enteraré de quién es el vecino que practica sus clases de trompeta a las cinco y media de la mañana... entre tanto, que disfrute de la vida mientras puede. Cabrito.

Aprovecho para saludar a nuestros lectores latinoamericanos, que estarán a punto de acostarse, o de salir de jarana.

1/29/2004

Divino



Ya, ya acabé la Divina Comedia, de Dante, conocido por unos como El Dante y por otros como Dante Alighieri. Es uno de los libros que habré de releer algún día, por su profundidad y las miles de notas que habría querido tomar, y no he tomado por no pertenecerme el libro. A ver si encuentro una buena edición y la compro... Esta era de mi padre.

Se pueden sacar miles de citas inteligentes de este larguísimo poema; selecciono una que será del gusto de los que alguna vez se han preguntado de dónde proceden las lenguas, y no se indignan si leen una respuesta más o menos mítica:

[...] porque ningún efecto racional fue jamás duradero, a causa de la voluntad humana, que se renueva según la posición y la influencia de los astros. Es cosa natural que el hombre hable; pero la Naturaleza deja a vuestra discreción que lo hagáis de éste o del otro modo.

(Adán a Dante) Divina Comedia, canto XXVI

Bonito



No he tenido aún tiempo de leerlo, pero sin duda éste es uno de los diarios más bonitos que he visitado.

1/28/2004

1, 2, 3...



1.Creo que las estadísticas están fallando, y llevan así varios días. Espero no tener que cambiar de servicio de estadísticas como cambié del de comentarios.

2.Tengo a medias, desde el año pasado, la Divina Comedia de Dante y La fiel Infantería, de Rafael García Serrano. El poema de Dante se hace algo difícil por la mala traducción, pero espero acabarlo de aquí a un par de días. En cuanto al libro de García Serrano Serrano, se me está haciendo insufrible. Supongo que seré yo, y no el libro, pero me voy a tener que obligar a terminarlo, ya que me queda bastante poquito, unas sesenta páginas.

3.Interesante post de P. Jorge.

1/27/2004

Mahatma


Una de dos: o me vuelvo ambicioso y busco un trabajo que me aporte grandes beneficios, o me apunto a un grupo de terapia para dejar de ser comprador de libros compulsivo. Me temo que ninguna de las dos opciones entra dentro de lo que yo entiendo como realidad posible en un futuro cercano.

He ido a una gran papelería melillense, llamada... Tienen multitud de artículos, y bastante baratos algunos, otros no tanto; por ejemplo, una pluma a la que le he echado el ojo, unos trescientos euros. Otro año. Como en casi todos los sitios donde tienen casi todo, nunca tienen lo que buscas. Bueno, hoy sí. Buscaba una carpeta, y la encontré (estaría bueno. "¿Tenéis carpetas? No, lo siento..."). De paso he descubierto que habían traído un montón de libros, y no he podido evitar lanzarme. Suerte que tenía prisa y no he mirado mucho. Dudaba entre un Crimen y castigo, de Dostoievski, y Siddartha, de Herman Hesse. Como el de Dostoievski lo tengo por ahí, y me gusta lo que he leído de Hesse, opté por el último. Había oído hablar bien de él. Pensaba que era una biografía novelada de Buda; se ve que no. Siddartha y Govinda son dos amigos hijos de brahmanes que emprenden la búsqueda del Nirvana. Ya os diré cómo acaba.

Me ha llamado la atención que Siddartha dice encontrar la paz y la sabiduría en el Atmán. Me ha recordado que a Gandhi le llamaban Mahatma, que significa "alma grande". Creo que la fonética nos indica el origen indo-europeo del vocablo, y su relación con el latín y otras lenguas europeas: Mahatma ~ MAGNA ANIMA. Como no lo he consultado en ningún manual de indo-europeo, lo digo así un poco a voleo. Quizás alguien pueda confirmarlo.

El libro es barato en ambos sentidos: precio bajo, 5,82 euros -aunque no tan bajo si se considera que es una novela muy cortita- y calidad baja. Papel malillo y portada bonita. Se agradecen las letras gigantescas y se echan de menos unos márgenes algo mayores, que permitieran tomar notas en ellos. Cita:

Año tras año he interrogado a los brahmanes, consultado en los sagrados "Vedas" y preguntado a los piadosos samanas... año tras año. Y tal vez, Govinda, hubiera sido igualmente cuerdo y provechoso interrogar al cálao o al chimpancé. He empleado mucho tiempo en aprender, Govinda -y aún lo sigo haciendo- , que no se puede aprender nada. Creo que, en realidad, aquello que llamamos "aprender" no existe. Sólo hay un conocimiento que está en todas partes, amigo mío, y es el Atmán. Se halla en mí, en ti, y en cada ser. Y empiezo a creer que este conocimiento no tiene peor enemigo que el querer saber, que el aprender.

(pág. 32) Siddartha, de Herman Hesse. Plaza & Janés Editores, S. A. Traducción de Juan José del Solar.

Actualización: acabé el libro. Me ha gustado, aunque pienso que no había para tanto. Mi padre me ha contado que era prácticamente un vademécum de la generación beat y la subsiguiente generación hippie. Cuando lo lees, lo entiendes, con tanto río de sabiduría, armonía cósmica y cosas por el estilo. Pero que conste que el libro está bien, y tienen algún que otro momento memorable.

1/25/2004

Telediarios


Escribiré un poco sobre los telediarios, ya que el tema está de moda, por el futuro enlace matrimonial (eufemismo estúpido. Palabra normal: "boda") de Felipe de Borbón.

Hay expresiones, giros, palabras incluso, que son características de la jerga periodística, y suelen afectar por igual a los tres medios que consumo en mayor o menor medida (ignoro si hay más): prensa escrita, radio y televisión. Como dicen en los libros de texto de Secundaria, algunas de estas características tienen funciones definidas dentro del medio, como captar la atención del consumidor, hacer que parezca que la noticia es importante, etc. Citaré unos cuantos de estos recursos sin seguir ningún orden concreto ni ser en absoluto riguroso.

Lo de "como un auténtico jarro de agua fría" se usa hoy en día para cualquier cosa. Un desencuentro entre dos ministros puede caer como un autentico jarro de agua fría, también una subida de precios e incluso el fallo de una sonda espacial. Me sale urticaria cuando oigo la expresión. A ver si me entendéis: la imagen es acertada y ocurrente, pero cuando te la repiten diez veces en cada noticia pierde gran parte de su fuerza expresiva.

Hay nacionalidades que desaparecen. Durante un tiempo "España", la palabra, era tabú en cierta prensa, supongo que por no ofender a nadie; supimos entonces que vivíamos en un país llamado "nuestro país" o "este país". Hoy en día, por ejemplo, no existen los franceses, sino los galos, y Japón ha pasado a denominarse "el país nipón". Hace muchos años, por cierto, que los Estados Unidos de América se llaman Norteamérica o simplemente América.

La conjunción disyuntiva "o" ha pasado a sustituir a la copulativa "y" en gran cantidad de contextos. Ya no se dice, por ejemplo, "Casablanca, El halcón maltés y La reina de África son las películas más conocidas protagonizadas por Humphrey Bogart", sino que se dice "Casablanca, El halcón maltés o La reina de África son las películas...".

Hay una peculiaridad morfo-sintáctica que me jode mucho (segunda acepción): la terminación "-ís" para los sustantivos y adjetivos que acaban en "-í" en singular. Ejemplos: jabalís, marroquís, sunís, magrebís, (por jabalíes, marroquíes, sunitas o suníes, magrebinos o magrebíes) etc. últimamente he oído lo mismo para las terminaciones en "-ú": tabús (por tabúes). Me revienta.

Que conste que -según creo- todas o casi todas las características que he citado son permitidas por la RAE. Pero eso no evita que me fastidie, y que en algunos casos me parezca absurdo.

Lo peor de todo, creo yo, es que el hablante de a pie (¿de dónde diablos vendrá esa expresión? ¿Creerán los ricos que todavía vamos andando los trabajadores a todas partes?) que normalmente habla bien, ya que es la gente la que construye y sustenta una lengua, acaba adoptando los fallos y las coletillas de los medios de comunicación, a los que erróneamente atribuyen una calidad lingüística y un conocimiento de su idioma que indudablemente deberían tener, pero que desgraciadamente no tienen.

(Visitantes ilustres: se han pasado por aquí cap0 y Fish. Visitad sus páginas y lo de siempre: no os vais a arrepentir.)

Saludos a todos, saludos a todas, y saludos a la economía lingüística, tan vilipendiada últimamente, sobre todo en tiempos pre-electorales.

1/22/2004

Algunas cosillas


1.Gracias de nuevo a José C. (¿quién si no?) por haberme ayudado a mejorar la página, añadiendo el rectángulo que, si todo va bien, podéis observar a la derecha, con los libros que voy completando este año. Le conté al mismo José C. por qué lo hago, o mejor dicho, por qué le he pedido que lo hiciera. Es una especie de asunto personal, de reto conmigo mismo para leer más libros que el año pasado. No, no es una cuestión de velocidad. Es una cuestión de ánimos. Bah.

2.La palabra restaurador me encanta y me suena dulce, por así decirlo, cuando se refiere a un señor que rejuvenece lienzos avejentados; cuando se denomina con ella a un cocinero, no me gusta nada. ¿Qué habrá de malo en llamarse cocinero? ¿Lo consideran un desprestigio, quizás? Pues a mí me encantaría ser cocinero. Más que restaurador (de cualquiera de los dos tipos). Supongo que les da vergüenza llamarse cocineros, igual que a los funcionarios del servicio de recogida de residuos sólidos les da vergüenza llamarse basureros. Como si hubiera algo de malo en ello. Como si este país pudiera ser algo sin cocineros y basureros. En fin...

3.Me he comprado el libro Inteligencia Emocional, de Daniel Goleman, sin saber muy bien de qué va. Alguien me lo recomendó muy entusiasmado. ¿Fue alguno de vosotros? No lo recuerdo.

4.Siguiendo con mi serie de "clásicos-que-me-da-vergüenza-no-haber-leído-aún", la he emprendido con Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sabato. Yo creo que lleva acento, Sábato, pero en el libro aparece sin él. Debe de ser un apellido italiano.

5.Y un gran saludo para todo el mundo, ya que estamos.

1/20/2004

Lo prometido es deuda


¿Que por qué este título? Pues porque ayer mismo dije que hoy comentaría algo sobre La isla del tesoro, de Stevenson, y no iba a hacerlo. Venía a casa muerto de frío y de cansancio, y me dolía la cabeza. Pero me estaba esperando una tortilla de patatas que me he metido entre pecho y espalda, y ha sido mano de santo, y aquí estoy, como un soldado. Bueno, bueno, nosotros a lo nuestro.

Yo empecé a leer muy joven, pero no creo merecer elogios por ello. He visto en televisión mocos de cinco años haciendo cosas que me han dejado patidifuso; eso sí que es admirable. Sin embargo, una vez aprendes a leer, no te cuesta nada, solamente ha de gustarte. Y a mí me gustaba. Creo que ha influido la circunstancia de que mis padres son grandes lectores y odian la televisión y los deportes, y mi casa siempre ha estado inundada de libros. El caso es que ya me ha sucedido varias veces lo siguiente: comienzo a leer un libro, y cuando llevo unas páginas me suena todo. Y recuerdo que ya lo he leído. Me está pasando con el libro de R. L. Stevenson del que os voy a escribir hoy.

Lo regalaban este domingo con el diario EL PAÍS, y es el primero de una colección de cincuenta, creo, títulos clásicos de aventuras. Aquí podéis consultar la lista de los mismos, así como la fecha en que aparecerán.

La edición es... Vayamos por partes. El papel es malo. Bueno, no es malo, es pérfido: he intentado escribir mi nombre y la fecha de adquisición con mi pluma -cosa que siempre hago, por si algún día ocurre que me independizo- y la tinta se ha corrido, dando a cada una de las letras el triple del grosor original. La traducción me gusta a ratos; a veces se agradece que se actualicen los vocablos traducidos, otras resulta extraño leer perra gorda en un libro inglés, y expresiones por el estilo. Pero de deja leer.

Mi consejo es que compréis los que no tengáis. Yo ya tenía La isla del tesoro, pero me ha pasado como con Cien años de soledad, que quería uno para mí solo. Y los podéis adquirir pagando un euro más que el valor del periódico. Total, periódico y libro, dos euros de nada. Para Cristina, dos eypos.

Ah, por cierto, la frase que me hizo recordar con total certeza que el libro ya lo había leído en algún rincón remoto de mi infancia: la irrepetible genialidad que le suelta el doctor Livesey al capitán Billy Bones, ante una de sus impertinencias:

Os voy a decir una cosa, caballero: si seguís bebiendo ron, el mundo se verá pronto libre de un indeseable bellaco.

1/19/2004

Varios


1.Soy filólogo. No digo que soy un filólogo, porque me da la sensación de que eso me clasificaría como especie, igual que si dijera "soy un ser humano". Así que digo que soy filólogo, como puedo decir que soy europeo. O africano, que para mi caso son aplicables ambos adjetivos.

Se pueden dar varias definiciones de la palabra en cuestión. La etimológica: "amante de las palabras". Ésta me gusta mucho. Por supuesto amo las palabras. Manuscritas, mecanografiadas, impresas, susurradas, chilladas un poco menos, pero también en algunos contextos. Otra definición podría ser "licenciado en Lengua y Literatura". Es algo extraña, o al menos me lo parece. Bueno, pues a lo que vamos.

Es imposible para un filólogo leer un libro como si no lo fuera. Ves más allá de lo que casi cualquier lector de inteligencia media o media-alta ve, y eso te obliga a ir retrocediendo frecuentemente para descubrir el hilo de las estructuras novelísticas, recordar reiteraciones, releer por simple placer académico, etc. Casi eres incapaz de tomar un libro en las manos y disfrutarlo como simple objeto de diversión. ¿Qué se puede hacer ante ello? ¿Leer con gafas que nos hagan ver borrosas las palabras, los conceptos? Harían falta unas gafas intelectuales, o mejor dicho, anti-intelectuales. O anti-filológicas. O qué sé yo.

2.Hoy estaba paseando un bonito perro propiedad de mi novia. Ya colgaré una foto si le interesa a alguien. El caso es que hacía un frío infernal (yo me entiendo) y un viento bastante helado, y de repente, en el solar donde Bosco hace sus necesidades, unos curiosos trocitos de papel de colores han empezado a revolotear delante nuestra. Me he acercado y me he hecho la pregunta que supongo asaltaría a cualquier internauta en mi situación: "¿Todavía editan revistas porno?"

3.Un par de horas antes, en el trabajo, me he dado cuenta de una cosa: a cierta distancia, es imposible mirar a alguien a los ojos. A menos de un metro, o quizás dos, soy incapaz de mirar a los dos ojos de mi interlocutor. Debo mirar alternativamente a uno y otro. Pero me he dado cuenta de que mi costumbre es mirar permanentemente al ojo derecho de quien conversa conmigo, o sea, el que está a mi izquierda. ¿A qué ojo miráis vosotros? ¿O es que esto sólo me sucede a mí?

4.Mañana, La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson.

1/18/2004

Prácticas


Sigo con mis prácticas de caligrafía. Ahora practico con plumilla. Incluso podéis echarme una mano, si queréis. Los detalles de la oferta aquí.

1/17/2004

Historia y Literatura


Esta es la edición que compré para mí de Cien años de soledad de García Márquez. La edición es de Jacques Joset. En la nota cuarenta y dos de la página cuatrocientos sesenta y nueve se lee:

[...] la ficción dice la verdad porque es mentira esencial frente al discurso histórico esencialmente falso porque viene predeterminado por la ideología del poder.

O dicho de otra manera: la Literatura es claramente mentira, pero tiene vocación de serlo, por lo tanto es honesta. La Historia, sin embargo, tiene intención de aparecer veraz ante los ojos de sus consumidores, pero es siempre una mentira adecuada al pensamiento del poderoso, más mentirosa ya que precisamente se in-viste de lo contrario. El guión es intencionado.

Intentemos decirlo de forma aún más breve. Literatura: mentira sincera. Historia: verdad engañosa. O engaño verosímil.

1/14/2004

Mi nuevo flexo


Varias veces he resaltado las inconveniencias de vivir en una ciudad tan sui generis como Melilla. Hoy voy a destacar una de sus ventajas: el dinero público que se maneja aquí es vergonzoso. Hace algo más de cuatro años, cuando se presentó a las elecciones locales el Grupo Independiente Liberal de Jesús Gil, vino éste a dar un mitin, y comentó que en Melilla había dinero suficiente como para pavimentar las calles con adoquines de oro. Puede que sea la única verdad que dijo. Bueno, el hecho del despilfarro no es una ventaja absoluta, pero tiene algunas ventajas relativas.

Por ejemplo, hoy actuaba el Bolshoi. No he podido ir a verlo. No vienen a cuento las razones.

Sí pude asistir a conferencias de Eduardo Mendicutti, Alfredo Bryce Echenique, Almudena Grandes, el también grande (permítaseme la repetición) poeta Luis García Montero, y Arturo Pérez-Reverte. Este último dijo en su conferencia -la más exitosa, aunque no entiendo por qué; en realidad sí que lo entiendo, pero no lo quiero entender- algo así como que en Literatura no importa tanto cómo se escribe, sino lo que se escribe.

No estoy de acuerdo en absoluto. Si esto fuera así, cualquiera que supiese una buena historia sería automáticamente un buen escritor, al menos en potencia. Y simplemente no ocurre. Tampoco soy buen pintor por tener un bodegón inigualable en mi mente. Lo sería si fuera capaz de dominar la técnica pictórica como para plasmarlo en el lienzo. En fin, sigamos, queridos lectores.

Ya comenté algo sobre la ciencia-ficción, unos pocos posts más abajo. Ando liado con El juego de Ender, de Orson Scott Card. Ya lo dije: no es de una escritura soberbia, pero tiene sus momentos. Y es muy interesante, sin ser una joya literaria. He leído el penúltimo capítulo y es de esos típicos episodios que te desvelan una situación sorprendente y muy gratificante. Está muy bien mantenido el suspense. Tanto, que he ido a una tienda de electricidad y he comprado un flexo para terminar de leerlo en la cama, con mejor luz que la que me aportan las tristes bombillas del techo. Ahí tenéis el flexo, y de propina, mi gatita siamesa (es tan bonita, ¿verdad?). Haced clic en la imagen para verla a mayor resolución. Si queréis, claro.

1/13/2004

Sin comentarios


Considero que los comentarios que van dejando por aquí los navegantes son lo más interesante de la página (de acuerdo, reconozco algo de falsa modestia), así que es una faena tener que estar día sí y día no con problemas de comentarios. Así que he cambiado de servidor. A partir de ahora utilizamos Haloscan. A ver qué tal nos va.

1/12/2004

Olla


1.Me estoy forzando a escribir. Soy capaz de percibir claramente que estoy entrando en una crisis. Nada grave, tengo una aproximadamente cada mes. Debe de ser mi lado femenino. O cosas de biorritmos. El caso es que llevo tres o cuatro días fumando poquísimo, bebiendo menos y comiendo más. Y esto tiene que estallar por algún lado. Bah, igual estoy exagerando. Debe de ser el mono.

2.El sistema de comentarios ha fallecido. Es una metáfora, por supuesto: esto es un diario sobre Literatura.

3.Una de dobletes: palabras latinas que han dado cada una dos palabras en castellano. Ejemplos: segundo y según, señor y so ("so burro"), dueño y don (y dueña y doña), minuto y menudo, cátedra y cadera, espátula y espalda, etc. Curioso, ¿no? A ver a quién se le ocurre otro. Cuando se arreglen los comentarios, claro.

4.César me ha hecho un bonito regalo. Es el segundo ya. Aunque este no se lo cuento, porque sé que lo hace para darme envidia. Es bromita, por supuesto.

5.José C. me tiene sobre ascuas.

6.Cristina me tiene contento. ¡Está escribiendo tanto!

7.Frases inteligentes de un tipo que sin duda lo fue. ¿Cuándo se dará cuenta la gente de que no hay personas en este mundo más inteligentes que los humoristas? Deberían formar un partido político. Seguramente harían que me tomase la política en serio.

8.¿Alguien me recomienda un sistema estable para los comentarios? Tendrá que ser por correo electrónico, claro.

9.Neologismos en el DRAE. Gracias Priscila.

1/10/2004

Off topic (y 2)


Mi novia tiene un gato romano, de esos rayados, que encontró en la calle cuando era un cachorro y adoptó al instante, ya que unos niños-monstruos había matado a su madre y a sus hermanos. El gato siempre ha vivido con perros: con Pitu, primero, una chucha que murió desgraciadamente hace algo más de un año atropellada por un desgraciado, y ahora con Bosco, un bonito y simpático chow-chow color fuego que anda medio loco.

Hace unos días le dejaron para cuidar un yorkshire-terrier enano macho, una ridiculez de perro por el que la dueña había pagado -creo- una suma escandalosa de dinero. Nada más entrar el gato quedó irremediablemente enamorado de Fonsi, que tal es el nombre del yorkshire-terrier enano. Adonde quiera que Fonsi fuera, detrás iba Leo a intentar hacer con él la caidita de Roma. Por cierto, mi novia es artista. Leo se llama así no por Leonardo di Caprio ni porque sea un felino, sino en honor al gran Leonardo da Vinci. Bosco debe su nombre al perturbado pintor holandés.

Cuando vi a Leo intentando forzar a Fonsi, le dije convencido a mi novia que su gato era un desviado. "Eres un intolerante", me soltó. "De eso nada, yo no estoy en contra de las uniones interraciales, pero es que tu gato es un gato, y Fonsi es un perro". "Ah", contestó ella, "no pensaba que lo dijeras por eso. Mi gato es homosexual, eso lo sé yo. Lo que sucede es que Leo cree ser un perro, porque ha sido criado por mi perrita. Por eso va detrás de Fonsi".

Aún estoy perplejo.
Off topic


He estado comprando de rebajas con mi novia. Ha sido bastante curioso. A pesar de mi insistencia en que se levantara prontito y llegásemos al centro a eso de las diez de la mañana, no ha habido manera. Las diez es muy buena hora. Melilla es una ciudad muy peculiar por bastantes motivos. Uno de ellos es que las tiendas abren a las diez de la mañana. El comercio de esta ciudad es sui generis. Igual algún que otro día hablo sobre ello.

Al final hemos llegado a las once o así. Para mi sorpresa, no estaba todo tan abarrotado como esperaba. Al principio hemos ido a tres tiendas: Stradivarius, Pull and bear y Mango. En la primera he esperado pacientemente mientras mi novia miraba y remiraba diversas faldas; mientras tanto, yo me preguntaba si alguien en todo el inmenso local (dos plantas) sabría que un fabricante de violines, que murió hace siglos llevándose a la tumba la fórmula secreta de un barniz magistral, sirvió para dar nombre a la tienda. Luego he pensado que seguramente a nadie le importaría.

Hemos seguido, como ya he dicho, hasta una de las otras tiendas, y finalmente a la última. Al salir he tenido una breve discusión con ella: creo que la misma chica nos ha atendido en las tres. Ella decía que no. Al final hemos aceptado como la hipótesis más probable el que las tres chicas en realidad fueran clones. Porque todo parecía clonado: la ropa, la decoración, la música terrible, los clientes y las dependientas. Aún tengo sospechas; sin embargo, estoy dándole vueltas a la incógnita de cómo ha hecho la niña para llegar a cada uno de los mostradores antes que nosotros. Seguiré investigando.

En una de las tiendas, en que vendían ropa para chicos -Pull and bear- mi novia pretendía que me probase algo. La ropa no me desagradaba del todo, aunque llevo un par de años vistiendo demasiado formal y la ropa expuesta se me antojaba algo extraña. Pero me he negado en redondo a probarme nada, gritando: "¡Es un escándalo! ¡Lo han rebajado de cuarenta a treinta y cinco euros! Esto no es rebaja ni es nada..." La gente me ha mirado con cara de sorpresa, pero por suerte mi alma gemela está acostumbrada a que dé la nota en sitios de moda. No encuentro mi lugar en la mayoría de ellos. Entonces me ha mirado como si fuera un niño malcriado, tratando de apaciguarme. Eso me derrite.

Hemos terminado en una cuarta tienda: Springfield. La odio porque siempre está a reventar de gente, pero el nombre se me hace simpático, porque me recuerda a Lisa Simpson y demás familia. Ahí nos hemos encontrado a mi madre y a mi hermano. Mi hermano en esto de la ropa es como yo: si no tuviésemos a nuestro alrededor mujeres, seguramente no habríamos comprado ropa desde el momento en que dejamos de crecer. Mi madre ha hecho una declaración de principios contra la cual no he encontrado argumentos de peso: "No se puede ser tan Adán". Supongo que tiene razón.

Así que hemos pasado un cuarto de hora o así, eligiendo ropa y probándomela. Me he comprado alguna que otra prenda. No tiene mayor interés. La misma música que había oído en las otras tres tiendas seguía sonando incansable por los altavoces. Pero yo, con mis camisas y mis pantalones nuevos, andando, con cara de Ceniciento, creía oír dentro de mi cabeza la bonita canción Pretty Woman, de Roy Orbison.

1/09/2004

Sin título


1.Le comentaba ayer a José C. que debo recuperar un ritmo algo más constante en los posts. Ha habido un tiempo en que he escrito un mínimo de un post diario. Ni mi cultura literaria ni mi imaginación dan como para mantener ese ritmo indefinidamente, pero quiero intentar ponerme en una media de tres o cuatro semanales. Creo que tenemos ya unos cinco o diez lectores asiduos, lo cual constituye un tremendo éxito para la calidad y el tema de este diario. Y a los lectores hay que cuidarlos para que no se vayan.

2.La RAE tiene en su página un buen recurso para consultar online su diccionario añadiendo un botón al navegador. Yo uso el Mozilla y el susodicho botoncito es bastante útil. Supongo que para el Internet Explorer será más o menos lo mismo.

3.Justo debajo anuncié que me he hecho con El juego de Ender. Normalmente, la literatura de ciencia-ficción suele presentar ideas muy interesantes en estilo literario más o menos torpe. En este libro se cumple la norma.

4.Estoy intentando mejorar mi caligrafía. Sé que no lo parece (imagen jpg, 219k). Pero es que no os podéis hacer una idea de lo horrible que era mi letra antes. Un saludo.

1/06/2004

Magia


1.Me pregunto si, dentro de muchos años, cuando sea abuelo -uno nunca sabe si vivirá hasta viejo y tendrá nietos, pero es bastante posible- , contaré a mis nietos que el cinco de enero de dos mil cuatro una estrella brillante atravesó el cielo para orientar a los Magos de oriente por España, para que repartiesen sus regalos. Sí, ya sé que en realidad fue el día cuatro, pero es lo que tienen las leyendas: un suceso corriente se va deformando, deformando, y al final lo que en otras circunstancias es una mentira mundana se termina convirtiendo en una bonita historia de magia. Y no se hace daño a nadie, ¿no? Bueno, sí, a la verdad, pero ésa nunca se queja.

2.Y seguimos con la magia. Me he regalado a mí mismo (qué mal suena eso de autorregalar) un par de libros: El juego de Ender, de Orson Scott Card, y Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Había leído mucho sobre el primero, todo críticas entusiastas. Aunque me gusta la ciencia-ficción, o ficción especulativa, como prefieren llamarla algunos, estoy casi seguro de que no me va a gustar. Y no sé por qué. Espero equivocarme. Llevo unas pocas páginas y de momento no está mal.

2.1.Y vamos con magia de la buena: Gabo. Hay por casa un par de ejemplares de la novela de García Márquez, pero me apetecía tener uno propiamente mío para pintarlo a mi gusto y necesidad. Y eso estoy haciendo. Me ha salido baratito, 7,59 ?. García Márquez es un mago. Un mago de los de verdad. Para mí la magia es ver a alguien hacer algo, y no explicarme cómo, y estar seguro de no entender nunca de dónde puede venir el talento, y dudar de si realmente el mago y yo pertenecemos a la misma especie biológica. Me pasa con pianistas, con deportistas incluso -aunque no me gusta el deporte- , con oradores, con ilusionistas, con mentalistas, como se hace llamar Anthony Blake. Y, por supuesto, me sucede con escritores. Cien años de soledad es, casi (podéis ignorar, si queréis, el casi) sin dudar, la mayor novela en castellano del siglo XX. Es un Quijote, una Odisea. Dentro de unos siglos, cuando alguien escriba una novela tremenda, dirán: "Es una Cien años de soledad". Seguro.

Me siento aplastado como una lagartija, cuando leo páginas y páginas. Solamente una reflexión, y una cita, ya que es difícil hablar de esta obra. Reflexión: deseas que Macondo no exista, ni haya existido, y a pesar de ello sabes que existió y existirá cíclicamente durante siglos. Cita:

Los que querían dormir, no por cansancio sino por nostalgia de los sueños, recurrieron a toda clase de métodos agotadores. Se reunían a conversar sin tregua, a repetirse durante horas y horas los mismos chistes, a complicar hasta los límites de la exasperación el cuento del gallo capón, que era un juego infinito en que el narrador preguntaba si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que sí, el narrador decía que no había pedido que dijeran que sí, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que no, el narrador decía que no les había pedido que dijeran que no, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando se quedaban callados el narrador decía que no les había pedido que se quedaran callados, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y nadie podía irse, porque el narrador decía que no les había pedido que se fueran, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón y así sucesivamente, en un círculo vicioso que se prolongaba por noches enteras.

1/02/2004

NOVVS ANNVS, NOVA VITA


En latín clásico no había mayúsculas y minúsculas. Usaban el alfabeto latino, el cual hemos adoptado como nuestro alfabeto en mayúsculas. Las minúsculas, que a diferencia de los antiguos romanos, los griegos sí tenían, las hemos tomado del latín medieval, de un tipo de letra que si no recuerdo mal se llama visigótica redonda. Digo esto por si os extraña ver el título de este post en mayúsculas: escribo en latín clásico. Ah, y la b y la v eran la misma letra, el mismo sonido. Por cierto, ¿sabe alguien cómo se dice post en castellano?

1.José C. me ha entrevistado en su página de cine. ¿Cómo lo hace para administrar tanto talento con tan poco tiempo? Igual es que no duerme, yo qué sé. En fin. No soy tan interesante como para que me hagan una entrevista, pero se lo agradezco mucho porque me siento el centro de atención. Gracias, José C. Y a los demás, después -o antes- de leer la entrevista (si es que la leéis), continuad leyendo su página hacia abajo, si os gusta el cine. Me -se- lo agradeceréis. Por cierto, José C., los paréntesis y los guiones han sido escritos a cosa hecha. Pero me estoy quitando, lo juro.

2.Ya que hablamos de cine: ayer fui a ver El retorno del rey. Fui a la taquilla una hora antes de comenzar la película. Transcribo parte del diálogo:

Elías: Buenas noches.
Taquillera: Buenas noches, dígame.
E.: Quería preguntarle si ha venido mucha gente hoy, por ser primeros de año.
T.: Hombre, sí, ha venido gente.
E.: ¿Pero tanta como otros días? Es que preferiría venir si no se ha abarrotado, para no sufrir empujones. Por eso vengo a verla hoy.
T.: Hombre, pues si usted lo que quiere es ver la película solito, me alquila el cine y no dejo entrar a nadie más.
E.: Adiós, buenas noches.


La mala educación, la mala crianza, para ser más exactos, de algunos empresarios melillenses es proverbial. Es un tema sociológico cuya explicación tiene multitud de matices, pero no es éste ni el momento ni el lugar de ponerse a hacer inventario de ellas. Bueno, ya hablaremos de ello, si se da el caso. Total, que en la misma puerta del cine, cual Scarlett O'Hara, hice un solemne juramento: Jamás volveré a pisar este cine en lo que me resta de vida. Mi novia impuso su buen criterio (¿qué sería de nosotros sin el sentido común de nuestras novias?) y al final entramos, para despedirnos del cine y de sus empleados amables, que son la mayoría, para siempre. Arrevoire, cine Perelló. Ellos no pierden nada, a lo sumo unos veinte o treinta euros al mes; yo tampoco, como mucho algúin encontronazo con un o una maleducado -o maleducada- . Así que todos contentos.

La película me ha gustado mucho, aunque a decir de mi novia, mi hermano y un servidor le sobra media horita. No sé decir si es muy fiel al libro (aprovecho para recordar que este diario trata sobre literatura). Con once años, si no recuerdo mal, leí El hobbit, y me encantó. Con trece o catorce comencé El señor de los anillos, pero lo dejé al final del segundo lilbro, porque me estaba pareciendo un tremendo y soberano coñazo. Sólo el final del segundo, porque hasta ahí lo estaba disfrutando. Dos cosas: a) No sé si, con la edad que tengo ya, volveré a retomar su lectura; b) Espero que ningún freak me envíe un paquete bomba. Sé que película y libro despiertan pasiones, pero ya sabéis, sobre gustos no hay nada escrito.

3.Y venga cine. He leído por ahí, aunque aún no lo he confirmado, que en la película The passion of the Christ, dirigida por Mel Gibson, vamos a oír exclusivamente latín y arameo, con subtítulos. Me tiemblan las piernas de la emoción. El latín era la lengua de Poncio Pilato, el arameo la de Jesús. No sé si oiremos también griego clásico, que era la lengua de cultura por aquel entonces, y en la cual está escrita la mayor parte del Nuevo Testamento en su versión original. Estoy ansioso por ver la película.

4.Reset me ha publicado un relato. Lo escribí deprisa y corriendo, pero me ha quedado medio presentable. Echad un vistazo si os apetece leer, es cortito. Gracias Reset.

5.Satch, he intentado felicitarte el año repetidas veces, pero no hay quien te pide conectado, majo. Un abrazo para todos.

1/01/2004

Hideputa


(De hi, hijo, de, y puta).

1. com. desus. Hijo de puta. Era u. t. en sent. ponderativo.

(Definición extraída de la página de la RAE)

Antes de nada, por supuesto, feliz año nuevo. Y ahora vamos con el tema de este post.

He estado pensando largo rato, y he llegado a una conclusión: los petardos son el único invento humano ideado con la única y exclusiva intención de joder al prójimo. Me han venido a la cabeza diversos artilugios, como los potros de tortura, y además técnicas chinas de martirio, etc. Sin embargo, todos ellos tenían un fin más allá de hacer que el prójimo padeciese. Es decir, la jodienda, hablando mal y pronto, era un medio para conseguir un fin. Con los petardos no, el fin es joder. No se intenta que confieses, desveles una información secreta, ni reniegues de una creencia. Sólo se usan los petardos con el objetivo de molestar a los demás.

Lo cual me lleva a una pregunta retórica, o mejor dicho a dos:

1. ¿Por qué hay gente que necesita molestar a los demás para expresar su felicidad? Deberían saber que con una simple llamada al portero electrónico, y una frase como "querido vecino, he vivido un año más y estoy muy feliz, circunstancia de la cual deseo hacerle partícipe", no sólo me enteraría de que están contentos, igual que con los petardos; además, conseguirían, tal vez, ser amados. Y ése es el fin de nuestra existencia, al menos, para un sentimental como yo.

2. ¿Es España el único país donde pasa esto? Me pregunto si en algún otro sitio, cuando alguien supera un viejo año, o cuando gana su equipo de fútbol o baloncesto, o su partido político, también sienten la imperiosa necesidad de romper el deleitoso descanso de sus conciudadanos.

No soy un sieso. Tengo un gran sentido del humor. Y no me río solo con Monty Python, también con los Morancos de Triana y con las películas de Torrente. Quiero decir que no soy un amargado. Pero Dios, me joden los petarditos. Venga, que esto es un diario sobre literatura. Zorrilla, Don Juan Tenorio (cito de memoria):

¡Cuán gritan esos malditos!
Pero mal rayo me parta
si en concluyendo esta carta
no pagan caros sus gritos.