Doré
Comenté hace unos días acerca de (¿estará bien dicho?) los libros que traje de la Península en mis cortas pero aprovechadas vacaciones. En concreto, recordaréis que dos de mis adquisiciones eran Gargantúa y Pantagruel (por separado, no Gargantúa y Pantagruel), de François Rabelais.
En el estante había dos ejemplares de cada: uno de ellos con precinto y otro sin él, aunque en buen estado. Los años me van haciendo un comprador competente, y no el típico empollón al que puede estafar una colegiala borracha, así que hojeé por encima los ejemplares no precintados, más que nada para comprobar si el papel era agradable al tacto, si las letras eran grandes y si tenían muchas faltas de ortografía. Las respuestas son sí, más o menos y no. De pasada me di cuenta de que los libros tenían ilustraciones, pero no les hice demasiado caso. Tomé los ejemplares precintados y los añadí al carrito (lo del carrito es un decir).
Ya en casa, arranqué el plástico y examiné con un poco más de detenimiento los volúmenes. Aunque el tamaño de letra, como dije, no está mal, no me gusta demasiado el tipo.
(Por cierto, una curiosidad: si queréis saber qué tipo de letra es el que se usa en cualquier libro, revista o página web que tengáis delante, visitad esta página)
Me fijé atentamente en uno de los dibujos. ¿Eran grabados de Gustav Doré? ¡Sí! ¡En ambos libros! Unos grabados preciosos, que no conocía.
Miré de nuevo la portada del Gargantúa. Dice:
En el estante había dos ejemplares de cada: uno de ellos con precinto y otro sin él, aunque en buen estado. Los años me van haciendo un comprador competente, y no el típico empollón al que puede estafar una colegiala borracha, así que hojeé por encima los ejemplares no precintados, más que nada para comprobar si el papel era agradable al tacto, si las letras eran grandes y si tenían muchas faltas de ortografía. Las respuestas son sí, más o menos y no. De pasada me di cuenta de que los libros tenían ilustraciones, pero no les hice demasiado caso. Tomé los ejemplares precintados y los añadí al carrito (lo del carrito es un decir).
Ya en casa, arranqué el plástico y examiné con un poco más de detenimiento los volúmenes. Aunque el tamaño de letra, como dije, no está mal, no me gusta demasiado el tipo.
(Por cierto, una curiosidad: si queréis saber qué tipo de letra es el que se usa en cualquier libro, revista o página web que tengáis delante, visitad esta página)
Me fijé atentamente en uno de los dibujos. ¿Eran grabados de Gustav Doré? ¡Sí! ¡En ambos libros! Unos grabados preciosos, que no conocía.
Miré de nuevo la portada del Gargantúa. Dice:
RABELAIS
GARGANTÚA
AKAL / BÁSICA DE BOLSILLO
GARGANTÚA
AKAL / BÁSICA DE BOLSILLO
¿En qué cabeza cabe que vendan un libro con grabados de Doré y no lo digan en la portada? Mi padre tiene una teoría: el lector medio de libros español no aprecia unos grabados de Doré. No estoy de acuerdo. Si no sabe apreciar a Doré, tampoco a Rabelais. Mi teoría: no sabemos vender libros.
Gustav Doré, el gran ilustrador del siglo XIX. En esta página tenéis varios de sus grabados más famosos, incluidos los que realizó para la Divina Comedia de Dante (comentario en La Lengua), Don Quijote de la Mancha y el Paraíso Perdido de Milton. Que los disfrutéis.
Gustav Doré, el gran ilustrador del siglo XIX. En esta página tenéis varios de sus grabados más famosos, incluidos los que realizó para la Divina Comedia de Dante (comentario en La Lengua), Don Quijote de la Mancha y el Paraíso Perdido de Milton. Que los disfrutéis.

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