Dios
Supongo que todos los novelistas juegan a ser Dios: dice Milan Kundera que la novela es un ensayo sobre la existencia, o algo así (creo que lo dice en Los testamentos traicionados).
En el caso de los novelistas de ciencia-ficción, supongo que juegan a ser Dios, pero de otra manera, algo más matemática, por así decirlo.
Por otra parte, creo que el giro jugar a ser es un calco feo del inglés to play, y que tal vez deberíamos decir que los novelistas imitan a Dios más que juegan a serlo. Yo qué sé. Si estáis realmente interesados en el tema, seguro que conocéis a algún profesor de inglés que pueda aclararos la duda.
También en el barco que me transportó desde la bella Málaga a la irredenta Melilla acabé de leer Diarios de las estrellas. Viajes y memorias. Me niego, quiero decir, me niego a enlazar el libro en la página de su editorial (DeBolsillo) mientras no arreglen su motor de búsqueda. Si os interesa mucho, la dirección es debolsillo punto com.
El libro, en fin, ha sido uno de los 2,87 euros mejor invertidos en mi vida. Lem juega a ser Dios, trasladándose algo más allá de lo que cualquiera pueda imaginar, autor de ciencia ficción o de ficción a secas. Las preguntas que todos los autores se plantean, y para las que aún no tenemos respuesta, él las da por superadas e inicia una búsqueda más allá de ellas. Crea monstruos adorables o terribles y los sitúa en su caldo de cultivo para ver de qué manera evolucionan. Sus criaturas se saltan sus propias reglas. Hay seres que uno no sabe si están vivos, si no, o si ni lo uno ni lo otro.
Además, esta novela (segunda parte, por cierto, de otra, pero independiente, según creo) tiene muchas muestras de un gran sentido del humor. Citaré un caso: un inventor, antepasado del héroe de estas páginas -Ijon Tichy- , inventa una máquina que sirva a los sacerdotes católicos para administrar los sacramentos. De inmediato es repudiado por la iglesia; entonces, nuestro inventor construye una máquina de excomulgación automatizada y pide que la utilicen con él.
En una de sus aventuras, se nos habla de un planeta donde viven los seres más piadosos del universo. Tanto, que cuando un misionero acude a convertirlos al cristianismo, se convierten por hacerle un favor, Y cuando nuestro religioso comienza a contarles la gloria que viven en el cielo todos los mártires de la iglesia, le dan la más horrible de las muertes, para proporcionarle su lugar a la diestra del Padre celestial. Cuanto más se quejaba el misionero sufriendo la más atroz de las torturas, más convencidos estaban los conversos galácticos de lo mucho que iba a disfrutar en los cielos.
Amarga, trágica, irónica... Y muchos otros adjetivos le vendrían bien. Trescientas veintidós páginas. Y se leen de un tirón. Por desgracia.
Actualización importantísima: El libro no era de la editorial deflagrada por mí más arriba, aunque he de decir que no me retracto en absoluto de lo escrito. Diarios de las estrellas. Viajes y memorias está editado por Punto de lectura, y en concreto no es ni más ni menos que éste.
Que conste que esta editorial también tiene que mejorar un poco su web. Pero vamos, si fuera por mí, no los quemaría en la hoguera. ¡Saludos!

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