Reflexiones en agosto (I). ¿Cuestión de tamaño?
Hace unos años ya, de hecho antes del año 2000, leí un artículo en el periódico donde se afirmaba que en la Grecia clásica, parte de la belleza de los atletas consistía en tener un pene pequeño y unos glúteos muy desarrollados (equinos, diría yo).
Por lo que se puede deducir del David según Miguel Ángel, que tenemos representado aquí a la izquierda, diría que en el Renacimiento italiano la cosa no había cambiado demasiado, al menos en lo tocante al pene (tal vez en glúteos el gusto sí cambió). Creo que pocas personas -hombres como mujeres- se atreverían a negar que en general el David sigue siendo un modelo de belleza suprema.
Prefiero no seguir hablando de penes, porque yo soy chapado a la antigua y me parece de mal gusto.
Pero sigamos hablando de tamaño, o más generalmente, de la cantidad. Creo que la obsesión por la cantidad es un vicio probablemente impulsado hacia el primer puesto en el ranking de vicios por el capitalismo. En el capitalismo el único dogma -porque estoy convencido de que es un dogma como cualquier otro- es que más siempre es mejor. Más dinero. Más mercado. Más productos. Etc. Menos trabajadores y menor sueldo, claro, pero sólo porque ello redunda en más beneficios.
De entre los diversos oficios que he ejercido durante mi vida laboral, uno de los más confesables fue el de profesor de marionetas. Usábamos cola de contacto para pegar las diversas partes de las marionetas entre sí. La cola de contacto, con ese uso, es mejor administrarla parcamente; cuanta menos uses, más pega.
Era imposible que mis alumnos lo comprendieran. Utilizaban toda la cola que les fuera posible, y las piezas nunca quedaban bien pegadas, pero era absolutamente incapaz de convencerles de que en el caso de la cola de contacto, cuanta más uses menos sirve.
En la España de hoy en día, que -que me perdonen Aznar y Zapatero- me parece cada vez más una mierda, tenemos ejemplos a puñados de lo que intento explicar. El chico que va por la calle en su coche y lleva el volumen de su radio en el número 30, porque la radio tiene un volumen máximo de 30, y acaso piensa que llevarla más bajo sería desperdiciarla.
Las verbenas patrocinadas, donde la gente come hasta hartarse, y después, ya que es gratis, sigue comiendo, porque aún se puede comer más, y comer más siempre es mejor que comer menos.
¿Quién no conoce a alguien que ha pirateado su Playstation 2 y tiene al menos cincuenta o cien juegos? ¿Y a cuántos juega? ¿¿A los cien?? ¿¿Cuántas horas diarias le dedica???
Y quizás tal vez conozcamos todos también al trabajador liberal que, habiendo ganado en la jornada más que suficiente para vivir cómodamente, pasa dos o tres horas más en el trabajo para ganar un poco más.
Creo que hemos fabricado muchos infelices así en este país: gente inteligente a la que, por su inteligencia, se la ha empujado a estudiar mucho, y a obtener un trabajo que le permite ganar mucho dinero, sin tiempo para plantearse si en realidad el único objetivo de sus vidas es ganar más y más.
Sé que muchas personas se han planteado el asunto de la cantidad de forma más profunda y seria que yo, pero tal vez ninguno en agosto. Me muero de calor, yo qué sé.

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