La Lengua

Dura lex, sed lex

8/25/2004

Laetitia


Time can move fast now that you're gone,
can't dwell in the past,
what's done is done.
Nuno Bettencourt, Pursuit of happiness, del disco Schizophonic.

Because the sky is blue
it makes me cry.

The Beatles, Because, del disco Abbey Road.

Leo en la breve biografía de Bertrand Russell que aparece en mi edición de La conquista de la felicidad que nació enTrelleck Gales, Inglaterra, que fue huérfano desde los tres años y que su abuelo fue dos veces primer ministro, ahí es nada. Se especializó en matemáticas y filosofía y fue fundador del movimiento Pugwash contra el armamento nuclear junto a Albert Einstein. Digo esto más que nada para que quien no conozca a Russell no vaya a pensar que he leído el típico libro al estilo de Hable y entienda aymara en 15 días o Aprenda a cocinar un elefante por sí mismo. No, éste no es un libro de auto-ayuda.

El autor pretende a lo largo de 206 páginas desentrañar las causas de que tantos hombres -y mujeres también, pero se centra sobre todo en los hombres- occidentales con sus necesidades básicas, y algunas más, cubiertas, no logren ser felices. He de reconocer que hay algunas ideas en las que no había caído y que me han hecho reflexionar, como por ejemplo, el hecho de que muchos artistas consideren casi una obligación profesional ser infelices, o la idea de que después de morir nosotros, la historia de la humanidad será mucho más larga de lo que lleva hasta ahora (es decir, que prácticamente pertenecemos a la prehistoria de la humanidad).

Creo que la idea principal del libro, que por cierto comparto, es la siguiente: mantente ocupado. En mi opinión la causa más común de infelicidades y depresiones hoy en día es el tedio que causa tanto tiempo muerto sin nada que hacer. También estoy convencido de que en la edad media, cuando al día siguiente podías morir de peste, de hambre, por capricho del señor feudal, en una pelea, en una guerra, en un accidente, de un resfriado, de comer unas bayas envenenadas, de una coz al ordenar una burra, yo qué sé, estoy convencido, decía, de que en aquellos tiempos el hombre no tenía tiempo de pararse a pensar en lo desgraciado que era.

Igualmente, la vida era muy mala, pero por otros motivos. Se admiten opiniones. ¿Que si el libro es recomendable? Pues sí.

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