La Lengua

Dura lex, sed lex

8/19/2004

Corpore sano



(La primera vez que oí la frase "mens sana in corpore insepulto" estuve riéndome sin parar unas tres semanas, día arriba, día abajo)

El deporte, como a todos los empollones, siempre me ha parecido cosa de brutos.

Sin embargo, yo nunca he sido empollón, nunca me he comido los libros, y cuando un curso me ha exigido un esfuerzo memorístico considerable, he fracasado estrepitosamente. Yo tengo otra teoría sobre el deporte:

Creo que el deporte es un sustituto para los instintos belicistas y sanguinarios de nuestra especie. La selección natural nos ha preparado para luchar, y en época de paz nos pueden meter en la cárcel por matar al vecino, así que organizamos un partido de lo que sea -por ejemplo, fútbol- y ahí liberamos toda nuestra agresividad verbal y físicamente. Tanto participantes como espectadores y espectatrices. En época olímpica, como la actual, es mejor, ya que en lugar de usar el deporte como guerra civil, lo usamos para dar en los morros, si es posible, a otras naciones (o estados, llamadlos como os plazca). Los deportistas que no consiguen una medalla vuelven vergonzosamente a casa y son olvidados por todos, como los soldados norteamericanos que regresaron de Vietnam.

Sin embargo, el deporte tiene sus ventajas. Es muy útil, en el caso masculino, para resultar más atractivo físicamente, para ganar respeto entre los individuos del mismo sexo, y para encontrarte más sano y ágil, y además, si eres homosexual, es posible que tengas oportunidad de ducharte rodeado de hombres desnudos.

Ignoro si para las chicas también hacer deporte tiene ventajas.

Dejé de fumar hace ya casi cuatro meses. Desde entonces he fumado, pasivamente y en contra de mi voluntad, algún que otro paquete. Pero no tengo valor de pedirle a los demás que dejen de fumar: cuando yo era fumador, pedía respeto a mi adicción, que era una enfermedad que me causaba una gran infelicidad y que además me estaba destrozando la salud. En parte por ser coherente, y en parte por llevar la contraria (uno de los grandes motores de mi vida), respeto el derecho de los demás a fumar, ya que son adictos a la nicotina y la necesitan como yo necesito el oxígeno.

Por supuesto, no me gusta que se fume a mi alrededor, y si estamos en un sitio cerrado, sugiero que se aguanten lo más posible. En fin, lo normal.

* * * * *

Llevo un par de meses haciendo jogging (corriendo, vamos) de vez en cuando. Porque algo hay que hacer, si uno no fuma. El otro día, bajo un sol de injusticia (porque aquello no era justo de ninguna de las maneras), hice todo el Paseo Marítimo de Melilla, que calculo que son entre dos y cuatro kilómetros, ida y media vuelta. Después estuve haciendo una tabla de ejercicios en unos artilugios colocados a tal efecto en la playa.

Enfrente de la playa hay un restaurante chino, y de él salió un ciudadano de la citada república popular a hacer una serie de calentamientos, o precalentamientos, o yo qué sé. El caso es que el tipo lucía una agilidad, flexibilidad y fuerza que ya la querría yo para mí mismo.

Cuando los paseantes se acercaban, yo me arrimaba al chino, para que pensasen que estaba entrenando con él.

Después de todo, uno tiene su amor propio.

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