¡Ale!
Ahora que ha acabado una fase de las oposiciones (de las que no quiero que nadie me hable) y a la espera de saber si he de realizar la siguiente o no, puedo volver a escribir en esta humilde bitácora.
Muchos de los que nos leéis estudiáis (carrera u oposiciones, me gustaría enterarme de que tengo algún lector de secundaria), así que sabéis una cosa: cuando más hay que estudiar, más cosas urgentes inaplazables surgen en tu vida. Ejemplos:
A) La habitación está muy desordenada. Claro, como siempre. Pero nunca has sentido mayor necesidad de ordenarla que ahora. Se te van los ojos y sientes un sufrimiento físico al comprobar cómo el polvo se acumula y los volúmenes de la biblioteca parecen cobrar vida cada noche para desordenarse.
B) La guitarra necesita un cambio de cuerdas. ¡Y lo necesita ya! No la voy a volver a tañer al menos hasta dentro de diez días, pero una cosa no quita la otra. Ya me entendéis.
C) ¡Cuánto hace que no voy a comprar deuvedés! Seguro que han salido mil novedades a buen precio, y yo aquí, sabiendo que en cualquier momento alguien irá a la tienda y se las llevará. (En estos casos ayuda no tener un duro. O céntimo, o dracma; qué más da.)
D) Y bueno... pues etc.
En mi caso había dos urgencias en mi vida que no podían esperar más tiempo.
Tan inoportuna como todo lo que he enumerado más arriba. ¿Por qué ahora? ¿Por qué? Y quién sabe, pero ahí está la crisis, cuando menos falta hace. He salido de ella algo más triste, algo más cansado, algo peor. Vamos, que me ha perjudicado. Esperemos que el tiempo ayude a cambiar mi estado de ánimo.
¡Otra cosa que no podía esperar! Acabé de repasar un tema y fui rápidamente a la peluquería. Igual que con la crisis existencial, habría sido mejor no pasar el trance. Igual que con la crisis existencial, estoy peor ahora que antes. Igual que con la crisis existencial, espero que el tiempo ayude a superarlo. Aún estoy en una edad en la que el pelo vuelve a crecer.
Os he echado de menos. Saludos.

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