Del sol
Sobre Solaris, de Stanislav Lem. Al igual que el ejemplar que adquirí en Málaga de Crónicas marcianas de Bradbury, éste es también de la editorial Minotauro. Así que lo dicho allí sobre el papel, tipo de letra y cosas por el estilo vale también para el comentario de esta novela.
He de decir que ésta es la mejor novela que he leído en el género de ciencia-ficción (o ficción científica, como también es conocido). Parte de una idea bastante original (un lejano planeta, Solaris, cubierto por un monstruoso océano que al parecer tiene vida consciente), la desarrolla de forma muy competente y -y esto es lo que más me importa- crea una obra literaria con el material que utiliza.
Lo que más me ha llamado la atención, y creo que no soy el único, es que la escala a la que Lem piensa es distinta a la nuestra, atrofiada por una visión permanentemente antropométrica de la vida. Las dimensiones tanto espaciales como temporales son distorsionadas de tal modo que llegan a tener una cualidad distinta de nuestro espacio y nuestro tiempo.
Un par de ejemplos: a raíz del descubrimiento del planeta Solaris, se crea una nueva disciplina científica, la solarística, imposible de encuadrar en cualquiera de las demás ciencias existentes. Pues bien, en el momento en que transcurre la acción novelada, una breve bibliografía sobre las más importantes obras de la solarística ocupa unas mil páginas. Bibliografía selecta, mil páginas. Dios.
Segundo ejemplo: a menudo el planeta parece sufrir la aparición de unos granos o excrecencias en su superficie; estos granos ocupan varios kilómetros cuadrados de extensión y su desarrollo se dilata varios meses.
La novela me ha encantado y me ha dejado una sensación estupenda. Diré más: creo que Solaris es una novela de amor. E incluso el amor es visto desde una óptica cualitativa y cuantitativamente distinta al amor terrenal del que sufrimos o gozamos nosotros. Me explico: lo que voy a desvelar aparece casi al principio de la novela, así que no creo que se la fastidie a nadie. El protagonista se despierta una mañana y encuentra a su lado dormida, en la cama, a su novia, que diez años atrás se había suicidado. La aparición no es un fantasma. Así que tenemos una historia de amor cuantitativamente doble: una segunda oportunidad, por así decirlo. Kris Kelvin ha de decidir qué hacer con esta nueva Harey, a la que adora a la vez que teme más que a nada en el mundo. Podría seguir escribiendo durante horas, pero... bah, mejor leedla. Me lo agradeceréis.
En Solaris he encontrado la que tal vez es la mejor cita posible de cualquier libro:
...el océano rara vez se repite.
Y algunas más:
El destino de un hombre puede estar henchido de significado; el de algunos centenares no tanto; pero la historia de miles y millones de hombres nada significa, en el sentido literal del término.
...
...al fin yo no sabía cuál de los dos me estaba mirando: mi padre o Giese. Los dos habían muerto, y ninguno había recibido sepultura; pero en nuestra época los muertos sin sepultura no son raros.
...
La fe inmemorial de los amantes y los poetas en el poder del amor, más fuerte que la muerte, el secular finis vitae sed non amoris es una mentira. Una mentira inútil y hasta tonta.
Pues lo dicho. Me ha encantado.

1 comentarios:
A las 5/09/2005 12:53:00 PM ,
harey ha dicho...
Querido señor, su comentario sobre Solaris me parece magnífico, muy acertado.
No hace falta decir que soy gran admiradora de Lem.
Un saludo.
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