Baroja
Voy a abrir El árbol de la ciencia, de Pío Baroja, por alguna página al azar:
El viejo estudiante padecía un romanticismo intenso, mitigado en algunas cosas por una tendencia beocia de hombre práctico. Lamela creía en el amor y en Dios; pero esto no le impedía emborracharse y andar de crápula con frecuencia. Según él, había que dar al cuerpo sus necesidades mezquinas y groseras y conservar el espíritu limpio.
Esta filosofía la condensaba, diciendo: Hay que dar al cuerpo lo que es del cuerpo, y al alma lo que es del alma.
Probemos otra vez:
-¿De manera que no hay verdad?
-Sí; el acuerdo de todas las inteligencias en una misma cosa es lo que llamamos verdad. Fuera de los axiomas lógicos y matemáticos, en los cuales no se puede suponer que no haya unanimidad, en lo demás todas las verdades tienen como condición ser unánimes.
-¿Entonces son verdades porque son unánimes? -preguntó Iturrioz.
-No, son unánimes porque son verdades.
-Me es igual.
Y una vez más:
Al bajar a la prendería Hurtado y el juez, la mujer del tío Garrota había muerto.
El juez mandó que trajeran a su presencia al marido. Los guardias le habían atado las manos.
El tío Garrota era un hombre ya viejo, corpulento, de mal aspecto, tuerto, de cara torva, lleno de manchas negras producidas por una perdigonada que le habían soltado hacía años en la cara.
En el interrogatorio se puso en claro que el tío Garrota era borracho y hablaba de matar a uno o de matar a otro con frecuencia.
El tío Garrota no negó que daba malos tratos a su mujer; pero sí que la hubiese matado. Siempre concluía diciendo:
-Señor juez, yo no he matado a mi mujer. He dicho, es verdad, muchas veces que la iba a matar, pero no la he matado.
El juez, después del interrogatorio, envió al tío Garrota incomunicado a la cárcel.
-¿Qué le parece a usted? -le preguntó el juez a Hurtado.
-Para mí es una cosa clara; este hombre es inocente.
No he tenido mucha suerte con las citas; es decir, que si hubiese buscado un poco en lugar de elegir tres al azar, habría encontrado rápidamente otras tres citas realmente antológicas.
Así que juzgad por vosotros mismos.

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