La Lengua

Dura lex, sed lex

4/01/2004

La fascinante levedad



Ya he acabado La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. A ver si esbozo una serie de consideraciones cortitas.

José C. me había advertido de que el libro era excelente. Me iba pareciendo que se quedaba corto, y me reafirmo en ello.

A Cristina alguien le había comentado que era un libro deprimente, pero creo que la han engañado de forma ruin. Pocas veces me he sentido más a gusto al leer un libro. Hay que tener en cuenta que A): a mí, la nada ya no me angustia tanto, como hacía con Jean Paul Sartre, por poner un ejemplo, y B): aunque el libro tiene momentos tristes, algunos realmente tristes, es tan jodidamente bueno que no me ha importado. Incluso ha llegado a emocionarme el final de la historia de Karenin (la perra de Teresa y Tomás).

No es tan fuerte como pensaba. A ver si me explico. Hay sexo por todos lados. Una película donde apareciese la décima parte de escenas de sexo sería clasificada 'X' como mínimo, pero (¡ah, qué suerte!) no es una película, sino un libro. Pero vamos, sexo hay por un tubo (lo digo para que unos no se engañen, y tal vez para que otros se animen, que os conozco).

El estilo de Kundera es uno de los más originales con los que jamás me he enfrentado. Rectifico: más que el estilo, la estructura. Tiene una estructura absolutamente magistral.

A medida que lo vas leyendo te va implicando en el proceso creativo. Los que lo hayan leído que recuerden (y los que no, que lo lean y estén atentos) el momento en que se da nombre al hijo de Tomás. Y no digo más.

Bueno, pues en pocas palabras: difícilmente superable. Cita:

Karenin nunca había deseado ir a vivir a Suiza. Karenin odiaba los cambios. El tiempo de un perro no transcurre en línea recta, no avanza siempre hacia adelante, de una cosa a la siguiente. Transcurre en círculo como el tiempo de las manecillas del reloj, que tampoco corren enloquecidas siempre hacia adelante, sino que dan vueltas alrededor de la esfera, todos los días por el mismo camino. Bastaba que en Praga compraran una silla nueva o cambiaran de sitio una maceta para que Karenin lo registrase con disgusto. Aquello perturbaba su tiempo. Era como si alguien le estuviese cambiando permanentemente a las manecillas los números de la esfera.

Y otra de propina:

[Las vidas humanas] Se componen como una pieza de música. El hombre, llevado por su sentido de la belleza, convierte un acontecimiento casual (la música de Beethoven, una muerte en la estación) en un motivo que pasa ya a formar parte de la composición de su vida. Regresa a él, lo repite, lo varía, lo desarrolla como el compositor el tema de su sonata.

Además, en el libro hay un sinnúmero de reflexiones más o menos leves sobre determinados aspectos del arte, de la filosofía, la antropología, la moral, etc. Kundera es -creo que aún vive- un tipo bastante culto.

También gustará a la gente que quiera leer una historia sobre la vida en la República Checa ocupada por las tropas soviéticas, y a los que les gusten las novelas psicológicas. Y al resto del mundo. Saludos.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Vínculos a esta entrada:

Crear un vínculo

<< Página principal