La Lengua

Dura lex, sed lex

4/12/2004

K.



Joseph K. es el nombre del protagonista de El proceso, de Franz Kafka.

Y todas las novelas tienen para mí dos historias:

UNO. La historia de la novela en una Historia de la Literatura, o del Arte en general. Dicho de otro modo, el lugar que ocupa dentro de una larga serie de obras literarias, de la que puede entrar y salir (El Quijote entró y salió varias veces de las historias literarias españolas durante un par de siglos).

DOS. La historia de la novela en la Historia de mis Lecturas. Es decir, el lugar que ocupa dentro de una corta serie de obras literarias que han pasado por mis manos. También se puede entrar y salir de esta serie.

El proceso había entrado varias veces en mi Historia, y había salido rápidamente. Al principio eché la culpa a la edición, que usa un tipo de letra y un papel bastante desagradables para mí (no digo el nombre de la editorial para no herir susceptibilidades). No quería rendirme a la idea de que no era capaz de comprender el mensaje oculto que la inteligente obra de Kafka nos ofrece. Me creo un tipo bastante inteligente, y el no comprender a Kafka me ofendía en lo más profundo de mi esnobismo.

Entonces comencé a leer a Kundera (gracias a mi amigo Per Sverre, como ya os comenté) y en el segundo libro suyo que voy leyendo (Los testamentos traicionados) encontré la clave: no hay nada que comprender. Es una novela. Es más: es una novela de risa. No hay que buscar mayores complicaciones: se lee para entretenerse, y punto. Retomé la novela quién sabe si por cuarta o quinta vez y me tiene enganchado. Y me parto de risa casi en cada párrafo. Es más, si se me permite la ironía, la estoy comprendiendo mucho mejor, cuando no trato de comprenderla. Estoy comenzando a atisbar el genio de Kafka, y además mi ego no está sufriendo un solo ataque.

Es necesario hacerlo con todas las obras literarias: no cometer el error de querer ver más de lo que su autor nos quiere decir. Si le buscamos significados ocultos a una novela o un poema, estaremos leyendo nuestro poema o nuestra novela, y no los del autor. Esto me lo dijo hace años un profesor mío de la universidad (que por lo demás era un imbécil).

En fin: desternillante. Ya comentaré más a fondo cuando la acabe. Deduzco que no será muy tarde.

Una nota sobre el nombre del protagonista, Joseph K. Gran parte de la crítica que busca significados ocultos en El proceso ve en K. un alter ego de Kafka. A mí mismo me parecía imposible que no fuese así. La letra k no es frecuente en castellano. ¡Pero sí en checo! Kafka, Kundera, Janácek, Skoda. Fácil, ¿no? Quiero decir que es fácil darse cuenta de lo obvio cuando un genio te lo pone delante de los ojos. Gracias, Kundera.

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