La Lengua

Dura lex, sed lex

4/29/2004

El proceso



Si tenéis buena memoria y me sois fieles, recordaréis mi proceso contra la Ciudad Autónoma de Melilla (sí, sí, entera ella contra mí) y otras altísimas y despreciables instituciones.

Bien, ayer continuaba el juicio. Esta vez tomé varias precauciones. Por ejemplo, la noche anterior me puse muy nervioso y no me dormí hasta las tres de la madrugada (me acosté, José C., pero estuve dando vueltas en la cama).

También me había comprado unos nuevos zapatos de piel muy bonitos, y los lucí orgulloso en los pasillos del Juzgado de lo Social de Melilla. Además, esta vez conjunté bien -por lo visto- la corbata, la chaqueta y alguna que otra prenda. En fin, que mi abogado se comió a los abogados de la otra parte.

Para que luego digan que ser previsor no sirve de nada...

El fin está cerca (o eso creo). Va a hacer un año que llevo liado en el maldito asunto este del proceso. Cuando acabe, no me lo voy a creer. Bueno, teniendo mala suerte, puede que nos quede otro año, y Dios no lo quiera, pero al menos ahora estamos más cerca del final que hace un año.

No, no: no quiero dejaros en ascuas. Pero es que he dictado de forma unilateral el secreto de sumario. Pero en cuanto todo se resuelva, tendréis cumplidas cuentas de todo.

¡Como un perro!

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