Sigamos...
(Éste post es algo así como una continuación del anterior)
1.Esperando en el juzgado, con mi abogado (que aparte de todo es mi mejor amigo; confío en él más que en Perry Manso, que diría Chiquito de la Calzada), me he estado fijando en los letreros. Casi cualquier ocasión es buena para reflexionar sobre la lengua. Me he puesto a derivar las palabras, como si estuviera en el colegio: Palacio de Justicia - Palacio de injusticia, juicio - prejuicio - perjuicio, etc... Pero he salido con buen sabor de boca. Ya os contaré, que al asunto le queda algún que otro mes por lo menos. Pero como gane, ¡palabra!, os invito a unas rondas.
2.Hacía cosa de un año que no usaba traje y corbata, y como un mes que no usaba peine. Casi nunca uso zapatos. Con el traje me ha ido más o menos bien, ya que -modestia aparte- no gasto mala percha; los zapatos, pues bien, también, aunque debería haberlos cepillado antes. El abogado antagonista se ha fijado en ellos y acto seguido me ha mirado. En su expresión podía leer: "¡A la hoguera con él!" Pero aquí estoy, sin chamuscar. El pelo es otro cantar. No me entiendo bien con las púas. ¿Os habéis fijado en qué palabra más bonita? Púas. No me hice una fotografía, y ya me he deshecho de la corbata. La próxima vez lo intentaré. Además, estaré afeitado. Mi abuela dice que con barba estoy muy feo. Más que nada porque le recuerdo a mi padre.
3.¡Con los nervios de esta mañana, he pasado por alto lo del terremoto! Un pequeño relato para alimentar el morbo.
Comencé a notar que la cama se movía mucho, abrí un poco los ojos, y pensé que se me había hecho tarde para ir a trabajar y que me estaban zarandeando para despertarme. Aquello parecía El exorcista, palabra. Entonces me fijé en que la habitación estaba a oscuras, y por tanto no podía ser de día (siempre duermo con la ventana abierta). Además, no había entrado nadie. Me hice a la idea de que estaba (¿cómo se dice?) sucediendo un terremoto. Ni me inmuté. Vamos a ver, soy un tipo bastante valiente, pero no imbécil: sé que no puedo ganar contra seis grados Richter (el máximo en la escala de Richter es ocho). Lo que ocurrió es que estaba tan cansado que casi no podía levantarme. Además, en Melilla estamos más o menos acostumbrados. Creo que cada año notamos algún temblor de tierra fuertecillo. Mi madre daba vueltas por la casa, un poco frenética. Es normal. Eran exactamente las tres y veintisiete minutos. Con el suelo aún temblando, miré el reloj. Después fui a algún foro a contarlo... o eso creo. Pensé: "Qué afortunado soy de haber nacido en un país donde las casas están, más o menos, bien construidas." Después me he ido enterando de lo de Alhucemas y me avergoncé. Es impresionante lo que son treinta kilómetros en una ciudad fronteriza como es ésta: la vida o la muerte. Tengo algún buen amigo en Marruecos, cerca de la zona en cuestión. Espero tener noticias suyas pronto.
4.¿Quién recuerda el episodio de Los Simpsons en que Homer descubre que su madre aún vive? Va a la que él creía que era la tumba en cuestión, descubre el nombre en la lápida y se pone furioso: "¿Walt Whitman? Hojas de hierba, ¡y una mierda!" mientras la emprende a patadas con la tumba. Unos versos bonitos de Leaves of grass, la obra inmortal del gran poeta estadounidense:
y que la menor articulación de mi brazo es suficiente para humillar a todas las máquinas.

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