La Lengua

Dura lex, sed lex

2/20/2004

Emma



Se acabó Madame Bovary. ¡Mierda!

Aunque me encanta la Literatura -creo que decirlo a estas alturas es una obviedad-, pocas veces siento la necesidad de encontrar a alguien que haya leído hace poco el mismo libro que yo, para comentarlo con él (o con ella, se entiende. Asco de lenguaje no sexista). Me ha durado pocos días, como supongo que a cualquiera. Y aunque no es una novela precisamente corta, y es bastante descriptiva, se lee, o al menos la he leído yo, con avidez. Es una maldita obra maestra, hablando en plata.

Debería haberla leído hace años, pero me alegro de que haya sido ahora, con una madurez -tal vez- suficiente y un buen background de lecturas recientes que me ha dado la posibilidad de apreciarla casi en su justa medida. Venga, a leerla todo el mundo (eso es lo que estoy intentando decir).

Todo en esta novela es magnífico: los personajes, el retrato de una sociedad viciada, las descripciones pormenorizadas en algunos pasajes... Me quedo sobre todo con el capítulo XI de la segunda parte, sencillamente magistral, en que Charles, aconsejado por Homais, practica a Hippolyte una chapucera corrección de su pie equino; y el final del primer capítulo de la tercera parte, con esa tremenda escena de sexo a bordo de un carruaje que sólo divisamos en el comportamiento de los caballos, el cochero y la gente alucinada que contempla la escena.

Y, cómo no, ahí van un par de citas:

El guarda [del cementerio], que hace al mismo tiempo las veces de enterrador y de sacristán de la parroquia -con lo cual saca doble beneficio de los muertos del pueblo- ha aprovechado ese terreno libre para sembrar patatas en él. Pero la parcelita se va empequeñeciendo de un año para otro, así que cuando llega una epidemia no sabe si alegrarse a causa de los fallecimientos o sentirlo a causa de las tumbas.

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No sabía que la exuberancia del alma rebasa muchas veces las metáforas aparentemente más hueras, que nadie puede expresar nunca en la exacta medida sus necesidades, conceptos o sinsabores, y que la palabra humana es como una especie de caldero roto con el que tocamos una música para hacer bailar a los osos, cuando lo que nos gustaría es conmover a las estrellas con su son.

C'est magnifique. Que alguien corrija mi francés en los comentarios, en caso de ser necesario.

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