Diario matutino
No es una hora habitual de posteo, y soy consciente de ello. Pero tengo un hueco en mis obligaciones mundanas, y lo aprovecho. ¿Pasa algo?
1.Satch me ha recriminado -bien que de forma muy elegante- que se me olvidase nuestra cita messengera de ayer. Es lo que sucede conmigo: tengo muy pocos amigos, pero muy selectos. Había quedado con él a las once (fijaos en la hora del comentario). Tenía buenas excusas, Satch. Luego te explico.
2.Los padres de mi novia están reformando la casa, y van apareciendo libros míos como si fueran ratones huyendo del alboroto. Es una imagen literariamente barata, pero creo que se me entiende. Total, que aquí tengo a mi lado Los santos inocentes, de Delibes, y Los océanos de Venus, de Asimov. Desde que compro libros tengo la manía de escribir en ellos mi nombre y la fecha de compra. Delibes: veintiuno de abril del noventa y tres. Asimov: veinticuatro de diciembre del noventa y cinco. Casi lloro al leer las fechas. No me importa decirlo a los cuatro vientos de la blogosfera hispanoparlante porque estoy en un 98% seguro de mi sólida virilidad. He añorado mi adolescencia por un instante, pero luego he dicho ¡qué diablos! Estoy en el mejor momento de mi vida, porque sobre éste puedo decidir, y sobre los demás no. Move on!
3.La Ley de Murphy es infalible excepto por una cosa: no tiene excepciones. Hoy tengo juicio contra el Excmo. Ayuntamiento de Melilla a las diez y media, y el calentador de agua se ha estropeado. Menos mal que tengo buenos vecinos. Y aquí estoy con mi corbata. Igual luego me hago una foto. Deseadme suerte.

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