1.Soy filólogo. No digo que soy un filólogo, porque me da la sensación de que eso me clasificaría como especie, igual que si dijera "soy un ser humano". Así que digo que soy filólogo, como puedo decir que soy europeo. O africano, que para mi caso son aplicables ambos adjetivos.
Se pueden dar varias definiciones de la palabra en cuestión. La etimológica: "amante de las palabras". Ésta me gusta mucho. Por supuesto amo las palabras. Manuscritas, mecanografiadas, impresas, susurradas, chilladas un poco menos, pero también en algunos contextos. Otra definición podría ser "licenciado en Lengua y Literatura". Es algo extraña, o al menos me lo parece. Bueno, pues a lo que vamos.
Es imposible para un filólogo leer un libro como si no lo fuera. Ves más allá de lo que casi cualquier lector de inteligencia media o media-alta ve, y eso te obliga a ir retrocediendo frecuentemente para descubrir el hilo de las estructuras novelísticas, recordar reiteraciones, releer por simple placer académico, etc. Casi eres incapaz de tomar un libro en las manos y disfrutarlo como simple objeto de diversión. ¿Qué se puede hacer ante ello? ¿Leer con gafas que nos hagan ver borrosas las palabras, los conceptos? Harían falta unas gafas intelectuales, o mejor dicho, anti-intelectuales. O anti-filológicas. O qué sé yo.
2.Hoy estaba paseando un bonito perro propiedad de mi novia. Ya colgaré una foto si le interesa a alguien. El caso es que hacía un frío infernal (yo me entiendo) y un viento bastante helado, y de repente, en el solar donde Bosco hace sus necesidades, unos curiosos trocitos de papel de colores han empezado a revolotear delante nuestra. Me he acercado y me he hecho la pregunta que supongo asaltaría a cualquier internauta en mi situación: "¿Todavía editan revistas porno?"
3.Un par de horas antes, en el trabajo, me he dado cuenta de una cosa: a cierta distancia, es imposible mirar a alguien a los ojos. A menos de un metro, o quizás dos, soy incapaz de mirar a los dos ojos de mi interlocutor. Debo mirar alternativamente a uno y otro. Pero me he dado cuenta de que mi costumbre es mirar permanentemente al ojo derecho de quien conversa conmigo, o sea, el que está a mi izquierda. ¿A qué ojo miráis vosotros? ¿O es que esto sólo me sucede a mí?
4.Mañana, La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada
Vínculos a esta entrada:
Crear un vínculo
<< Página principal