La Lengua

Dura lex, sed lex

1/10/2004

Off topic (y 2)


Mi novia tiene un gato romano, de esos rayados, que encontró en la calle cuando era un cachorro y adoptó al instante, ya que unos niños-monstruos había matado a su madre y a sus hermanos. El gato siempre ha vivido con perros: con Pitu, primero, una chucha que murió desgraciadamente hace algo más de un año atropellada por un desgraciado, y ahora con Bosco, un bonito y simpático chow-chow color fuego que anda medio loco.

Hace unos días le dejaron para cuidar un yorkshire-terrier enano macho, una ridiculez de perro por el que la dueña había pagado -creo- una suma escandalosa de dinero. Nada más entrar el gato quedó irremediablemente enamorado de Fonsi, que tal es el nombre del yorkshire-terrier enano. Adonde quiera que Fonsi fuera, detrás iba Leo a intentar hacer con él la caidita de Roma. Por cierto, mi novia es artista. Leo se llama así no por Leonardo di Caprio ni porque sea un felino, sino en honor al gran Leonardo da Vinci. Bosco debe su nombre al perturbado pintor holandés.

Cuando vi a Leo intentando forzar a Fonsi, le dije convencido a mi novia que su gato era un desviado. "Eres un intolerante", me soltó. "De eso nada, yo no estoy en contra de las uniones interraciales, pero es que tu gato es un gato, y Fonsi es un perro". "Ah", contestó ella, "no pensaba que lo dijeras por eso. Mi gato es homosexual, eso lo sé yo. Lo que sucede es que Leo cree ser un perro, porque ha sido criado por mi perrita. Por eso va detrás de Fonsi".

Aún estoy perplejo.

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