La Lengua

Dura lex, sed lex

1/10/2004

Off topic


He estado comprando de rebajas con mi novia. Ha sido bastante curioso. A pesar de mi insistencia en que se levantara prontito y llegásemos al centro a eso de las diez de la mañana, no ha habido manera. Las diez es muy buena hora. Melilla es una ciudad muy peculiar por bastantes motivos. Uno de ellos es que las tiendas abren a las diez de la mañana. El comercio de esta ciudad es sui generis. Igual algún que otro día hablo sobre ello.

Al final hemos llegado a las once o así. Para mi sorpresa, no estaba todo tan abarrotado como esperaba. Al principio hemos ido a tres tiendas: Stradivarius, Pull and bear y Mango. En la primera he esperado pacientemente mientras mi novia miraba y remiraba diversas faldas; mientras tanto, yo me preguntaba si alguien en todo el inmenso local (dos plantas) sabría que un fabricante de violines, que murió hace siglos llevándose a la tumba la fórmula secreta de un barniz magistral, sirvió para dar nombre a la tienda. Luego he pensado que seguramente a nadie le importaría.

Hemos seguido, como ya he dicho, hasta una de las otras tiendas, y finalmente a la última. Al salir he tenido una breve discusión con ella: creo que la misma chica nos ha atendido en las tres. Ella decía que no. Al final hemos aceptado como la hipótesis más probable el que las tres chicas en realidad fueran clones. Porque todo parecía clonado: la ropa, la decoración, la música terrible, los clientes y las dependientas. Aún tengo sospechas; sin embargo, estoy dándole vueltas a la incógnita de cómo ha hecho la niña para llegar a cada uno de los mostradores antes que nosotros. Seguiré investigando.

En una de las tiendas, en que vendían ropa para chicos -Pull and bear- mi novia pretendía que me probase algo. La ropa no me desagradaba del todo, aunque llevo un par de años vistiendo demasiado formal y la ropa expuesta se me antojaba algo extraña. Pero me he negado en redondo a probarme nada, gritando: "¡Es un escándalo! ¡Lo han rebajado de cuarenta a treinta y cinco euros! Esto no es rebaja ni es nada..." La gente me ha mirado con cara de sorpresa, pero por suerte mi alma gemela está acostumbrada a que dé la nota en sitios de moda. No encuentro mi lugar en la mayoría de ellos. Entonces me ha mirado como si fuera un niño malcriado, tratando de apaciguarme. Eso me derrite.

Hemos terminado en una cuarta tienda: Springfield. La odio porque siempre está a reventar de gente, pero el nombre se me hace simpático, porque me recuerda a Lisa Simpson y demás familia. Ahí nos hemos encontrado a mi madre y a mi hermano. Mi hermano en esto de la ropa es como yo: si no tuviésemos a nuestro alrededor mujeres, seguramente no habríamos comprado ropa desde el momento en que dejamos de crecer. Mi madre ha hecho una declaración de principios contra la cual no he encontrado argumentos de peso: "No se puede ser tan Adán". Supongo que tiene razón.

Así que hemos pasado un cuarto de hora o así, eligiendo ropa y probándomela. Me he comprado alguna que otra prenda. No tiene mayor interés. La misma música que había oído en las otras tres tiendas seguía sonando incansable por los altavoces. Pero yo, con mis camisas y mis pantalones nuevos, andando, con cara de Ceniciento, creía oír dentro de mi cabeza la bonita canción Pretty Woman, de Roy Orbison.

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