La Lengua

Dura lex, sed lex

1/14/2004

Mi nuevo flexo


Varias veces he resaltado las inconveniencias de vivir en una ciudad tan sui generis como Melilla. Hoy voy a destacar una de sus ventajas: el dinero público que se maneja aquí es vergonzoso. Hace algo más de cuatro años, cuando se presentó a las elecciones locales el Grupo Independiente Liberal de Jesús Gil, vino éste a dar un mitin, y comentó que en Melilla había dinero suficiente como para pavimentar las calles con adoquines de oro. Puede que sea la única verdad que dijo. Bueno, el hecho del despilfarro no es una ventaja absoluta, pero tiene algunas ventajas relativas.

Por ejemplo, hoy actuaba el Bolshoi. No he podido ir a verlo. No vienen a cuento las razones.

Sí pude asistir a conferencias de Eduardo Mendicutti, Alfredo Bryce Echenique, Almudena Grandes, el también grande (permítaseme la repetición) poeta Luis García Montero, y Arturo Pérez-Reverte. Este último dijo en su conferencia -la más exitosa, aunque no entiendo por qué; en realidad sí que lo entiendo, pero no lo quiero entender- algo así como que en Literatura no importa tanto cómo se escribe, sino lo que se escribe.

No estoy de acuerdo en absoluto. Si esto fuera así, cualquiera que supiese una buena historia sería automáticamente un buen escritor, al menos en potencia. Y simplemente no ocurre. Tampoco soy buen pintor por tener un bodegón inigualable en mi mente. Lo sería si fuera capaz de dominar la técnica pictórica como para plasmarlo en el lienzo. En fin, sigamos, queridos lectores.

Ya comenté algo sobre la ciencia-ficción, unos pocos posts más abajo. Ando liado con El juego de Ender, de Orson Scott Card. Ya lo dije: no es de una escritura soberbia, pero tiene sus momentos. Y es muy interesante, sin ser una joya literaria. He leído el penúltimo capítulo y es de esos típicos episodios que te desvelan una situación sorprendente y muy gratificante. Está muy bien mantenido el suspense. Tanto, que he ido a una tienda de electricidad y he comprado un flexo para terminar de leerlo en la cama, con mejor luz que la que me aportan las tristes bombillas del techo. Ahí tenéis el flexo, y de propina, mi gatita siamesa (es tan bonita, ¿verdad?). Haced clic en la imagen para verla a mayor resolución. Si queréis, claro.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Vínculos a esta entrada:

Crear un vínculo

<< Página principal