La Lengua

28 diciembre 2003

Los libros


Hace unos años, en medio de una crisis vital -que no existencial- me dio por leer La Biblia. No fue una crisis religiosa, ya que no creo en Dios más o menos desde los dieciséis o diecisiete años, simplemente me dio por ahí. Desde entonces, siempre la leo en Navidad, aparte de consultas que suelo hacer a lo largo del año. Es un libro simplemente fascinante, muy profundo, muy cercano, lleno de hechos fantásticos, grandes tragedias, historias de amor... Lo recomiendo a todo el mundo. Me gusta más el Antiguo Testamento que el Nuevo. Aunque el personaje más interesante, a mi entender, de todo el libro, es Jesús. Pero se siente más cercano en el tiempo y en el concepto, y eso le resta algo de interés, quizá, para mí.

Indudablemente es el libro que más ha influido en la literatura occidental, con permiso de Homero. Leedlo. Leedlo, no os vais a arrepentir. Si no creéis en Dios, leedlo como obra literaria. Es muy entretenido. No voy a decir más, ya que no es posible hacer un comentario mínimamente profundo sobre un libro tan enorme. Ah, una recomendación: antes de cogerlo, libraos del sedimento de lo que significaba para vosotros, un tomo gordo, en papel malo, lomo rojo, que el cura quería que leyeseis. Leedlo porque queréis, y veréois como os engancha. Una cita para ir abriendo boca, del Cantar de los cantares:

Reciba yo un beso de su boca. Porque tus caricias son mejores que el vino. Fragantes como los más olorosos perfumes. Bálsamo derramado es tu nombre: por eso las doncellitas te quieren.
Atráeme en pos de ti. Corramos. El rey me ha introducido en sus habitaciones privadas; me alegraré en ti y alabaré tu amor más que los banquetes regios. ¡Cuán delicioso es amarte!
Negra soy, hijas de Jerusalén; pero soy bien parecida: soy como las tiendas de Cedar, como los pabellones de Salomón.
No reparéis en que soy morena; porque ha robado el sol mi color; los hijos de mi madre se declararon contra mí, y pusiéronme a guarda de viñas. Mi propia viña no la guardé.
¡Oh, tú, querido de mi alma!, dime dónde tienes los pastos, dónde el sesteadero al llegar el mediodía, para que no tenga yo que ir vagando tras los rebaños de tus compañeros.
Si lo ignoras, ¡oh hermosísima entre las mujeres!, sal afuera y ve siguiendo las huellas de los ganados, y guía tus cabritillos a pacer junto a las cabañas de los pastores.


El amante, por supuesto, es Yahveh; la doncella, el pueblo de Israel.

27 diciembre 2003

Mesocricetusauratus


Hace tiempo, mirando las estadísticas de este vuestro humilde diario, estuve tentado de publicar un post comentando las palabras de búsqueda a través de las cuales hemos recibido visitantes, pues os aseguro que algunas han sido dignas de comentario. Pero me enteré de que no sólo no era nada original, sino que incluso la propia falta de originalidad de la iniciativa podría haber sido considerada vulgar, y nada más lejos de mi intención, por supuesto.

Pero hoy no me resisto: esta semana, tres (3) visitantes han llegado aquí buscando en algún motor algo así como: "¿De dónde procede la palabra hámster?" Me resulta muy curioso, no sé qué pensaréis. Sólo había nombrado a dichos roedores cierto día, comentando la serie de dibujos animados La vuelta al mundo de Willie Fogg. En fin, no sé si será vulgar, pero me apetecía escribirlo.

Por cierto, para que nadie más vuelva a perder el tiempo: La palabra hámster procede del alemán. Saludos navideños.

23 diciembre 2003

Neuf pot pourri


1.Por algún motivo que sencillamente está más allá de mi comprensión, casi todos los talleres de coche en Melilla ostentan un gran cartel que reza: Garage (sic). No les culpo. Si muchos profesionales de la escritura (escritores, periodistas, etc.) no saben escribir, no ha de saber un fabricante de carteles. El otro día, en un periódico online de la misma ciudad -en la que, por cierto, ya sabéis que vivo- leí algo así como: "En Melilla se pueden apreciar varios ejemplos arquitectónicos de la corriente aldecó" (por art deco). Ah, el centro de mi ciudad tiene una bella arquitectura, ya que hablamos del tema.

2.Hablando de profesionalidad: el otro día, en la radio -concretamente en la cadena SER- celebraron un concurso en el que los oyentes que llamaban tenían que responder a una sencilla pregunta para ganar no sé qué. La pregunta era: "¿A qué famosa película pertenece la frase: Tócala otra vez, Sam?". Por supuesto, todos los oyentes que llamaron mientras yo escuchaba el programa (y supongo que también los que llamaron después) respondieron de modo triunfante: Casablanca. Lo que no saben, por lo visto, ni los concursantes ni los que organizaron un concurso en torno a una tan famosa película, es que en Casablanca nunca se dice "Tócala otra vez, Sam", sino "Si ella puede aguantarlo, yo también. ¡Tócala!". ¿Y de dónde sale tal confusión? Pues de la película de Woody Allen Sueños de un seductor, y concretamente de su título original (Play it again, Sam). ¿Y qué tiene esto que ver con la Literatura, o con La Lengua? Nada, por supuesto. Es sólo un dato curioso, y para eso está Internet. Digo yo. El que no quiera un poco de culturilla, que encienda -o prenda, según su continente de origen- el televisor.

3.Permitidme otra cita más de mi admirado V. Nabokov: ...hay, por lo menos, tres temas absolutamente prohibidos para casi todos los editores norteamericanos. Los otros dos son: un casamiento entre negro y blanca, o viceversa, armonioso y feliz, que fructifique en montones de hijos y nietos, y el ateo total que lleva una vida feliz y útil y muere mientras duerme a los ciento seis años.

4.A través del blog de Rodolfo he llegado al de Priscila. Oh, mon dieu, pero qué agradable sorpresa, cuando uno ya no espera que las sorpresas puedan ser agradables. Inteligencia, humor, saber escribir, temas siempre curiosos... Visita obligada, y no olvidéis dejar en los Comentarios vuestros agradecimientos por haberos descubierto tan agradable bitácora (yo debería agradecérselo a Rodolfo, claro). No se debe nada. Bueno, un comentario sí, como ya he dicho.

5.Fui a la biblioteca, y me dispuse a tomar prestado algún libro que subsanase una de mis lagunas más vergonzosas: la filosofía. A nadie le da vergüenza, en ningún sitio, no saber filosofía, pero yo soy un tipo que se cree inteligente, y no es de recibo que no sepa replicar a una observación de quien sea sobre el dichoso mito de la caverna de Platón (el de anchas espaldas). Busqué y rebusqué en los estantes -Melilla tiene una biblioteca pública bien surtida- queriendo encontrar algún libro que no se titulase de forma tan explícita como Filosofía para ignorantes, Los pitagóricos para el estúpido contemporáneo, o cosas por el estilo. Al final, tomé prestado uno, firmado por varios profesores, que lleva por título Los filósofos y sus filosofías (tomo 1 de 6, creo). No vienen todos. He leído Parménides, Platón y estoy liado -entiéndaseme- con Aristóteles. Llegado a este punto, confieso que debí haber seguido buscando hasta dar con un manual para ignorantes. Si lo hubiese hecho, quizás habría quedado como un estúpido ante el trabajador de la bilioteca, pero al no hacerlo he confirmado tal adjetivo ante mí mismo, lo que es indudablemente más triste. Sigamos. Pedí a mi hermano Gonzalo -que lee a Aristóteles en su lengua original, el jodío- algo de ayuda, y me ha recomendado un manual que andaba por casa: Historia de la filosofía, de Julián Marías. Tiene bastantes años (perteneció a mi abuelo). Es una delicia. Un manual hecho para ignorantes como yo. Debí haber buscado antes en la biblioteca de mi casa.

6.Eufemismos estúpidos (y ya van... ni se sabe): descalificación. ¿Eso no era cuando te eliminaban en alguna competición? Ahora, en televisión, se usa como sinónimo de insulto. Deben considerar insulto una palabra malsonante. ¿Por qué? Y yo qué sé.

7.Mi lengua madre es el español -o castellano, como prefiráis-. Leo, escribo, entiendo y hablo el inglés bastante bien. Tengo conocimientos de latín, griego, tamazigt (lengua de los bereberes), noruego, alemán y portugués en distintos grados. Estoy intentando aprender francés, pero aún no sé si se me dará mal o bien. Lo digo para que seáis indulgentes con el título de este post.

8.Más visitantes ilustres: se ha pasado por aquí Valquiria. Echad un vistazo a su diario. Merece la pena, al menos para mí.

9.Ya me han felicitado las Navidades varias veces (gracias, Cristina, entre otras y otros). Siempre me cogen a destiempo, ya que no es Navidad aún y me pillan un poco desprevenido. Sé que es normal, ahora, felicitar la Navidad antes de tiempo, pero soy un viejo animal de costumbres y me cuesta habituarme. No soy de esas personas que odian la Navidad. No la siento como un hecho religioso, ya que yo mismo no lo soy (religioso, digo), y soy consciente de que actualmente es poco más que un desfile ingente de personas pudientes gastando a espuertas dinero ante las caras pasmadas de los que no tienen. Dicho en pocas palabras: la Navidad se ha convertido en una gran maniobra comercial. Pero en fin, por el mismo motivo habría que odiar la Literatura, la música, el cine de Hollywood, las campañas humanitarias que pretenden recaudar para los hambrientos del mundo dinero a través de las entidades bancarias o los refrescos gaseosos, las bodas, los bautizos, la felicidad misma, etc. Total, que este año me quiero adelantar yo también. Feliz Navidad a todo el mundo.

22 diciembre 2003

Lo.Li.Ta.

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.


Vladimir Nabokov
, Lolita, capítulo 1. Editorial Anagrama. 17,48 euros.

¡Por fin! ¿Os acordáis, o no? Pedí a una amiga -que trabaja en una librería local- que me encargase Lolita, de Nabokov, que había leído y perdido hacía años. Esto merece un post largo, ¿verdad? Si eres de los que está aquí más o menos por accidente, puedes continuar página abajo y buscar alguno más cortito, si no tienes muchas ganas de leer (aunque no lo recomiendo).

Leí el libro por primera vez con diecisiete años (hace ya once, Dios mío), y me dejó hechizado. Qué gran libro. Este sábado, con una gripe que no come ni deja comer, fui tempranito a comprar regalos para mi familia. Poca cosa, ya que no soy muy pudiente, pero la intención y la sorpresa son lo que cuenta. Bueno, no es el tema. Sigamos.

Ya había estado el día anterior en la librería donde trabaja mi amiga Samira. Pasé como tres cuartos de hora echando un largo vistazo, y no encontré nada que me convenciera (y no estuviese ya en mi biblioteca). El sábado iba decidido a comprar alguno para mi padre, y quizás alguno para mí, bajando un poco el listón de mis exigencias. No encontré nada para mi padre, pero compré la segunda novela de la serie Alexandros para mi madre (espero que Cristina me dé su experta opinión). Entonces apareció Samira y me dijo: "hola, Elías, espera un momento, voy a preguntar si ha llegado tu libro" sin dejarme tiempo para contestar "déjalo, y gracias, pero ya se lo encargaré a Satch", cuando oí la voz de su jefa que decía algo así como "sí, sí, llegó ayer". Casualidades de la vida, que se suele decir.

Había intentado encargar una edición en rústica, baratita y manejable, pero me habían dicho que no, que sólo tenían la edición cara (unas 3.000 calas). He de decir que el concepto de "cara" para un editor no es el mismo que para mí: para mí suele significar, entre otras cosas, "tapa dura". Pero no ha sido así. Tapa blanda, buen papel, formato cuartilla (o algo menos: 22 x 14 cm.), letras grandes, y una excelente (repito: excelente) traducción de D. Francesc Roca. Algo que aunque parezca mentira, no es tan habitual como debería: no he observado faltas de ortografía en ninguna de las páginas. No sé lo que pensaréis; a mí, por desgracia, ya me sorprende no ver faltas de ortografía en un libro (¡las tenían hasta mis libros de Lengua de la universidad!).


Nada de material extra, más que alguna relativamente inútil nota a pie de página, y un a-modo-de-epílogo de Nabokov: Acerca de un libro titulado "Lolita". Buscadlo por Google a ver si lo encontráis; merece la pena.

Nabokov era un tipo muy inteligente, y un gran artista. Me hace desanimarme en la pretensión que tengo de escribir algún día algo que valga la pena, cuando él escribe una novela de casi cuatrocientas páginas y te da la sensación de que cada una de las palabras va donde tiene que ir, que todas son necesarias y que no falta ninguna. Dios, cómo lo odio (con esa clase de odio conocida como "envidia").

Para ser justos, una cita extraída de Lolita debería abarcar unas cuatrocientas páginas, más o menos. Pero esto no sólo es poco práctico para un blog; además, seguramente me buscaría follones con los amigos de la SGAE. Así que copiaré únicamente un párrafo, casi al azar:

Ahora creo llegado el momento de introducir la siguiente idea: hay muchachas, entre los nueve y los catorce años de edad, que revelan su verdadera naturaleza, que no es la humana, sino la de ninfas (es decir, demoníaca), a ciertos fascinados peregrinos, los cuales, muy a menudo, son mucho mayores que ellas (hasta el punto de doblar, triplicar o incluso cuadruplicar su edad). Propongo designar a esas criaturas escogidas con el nombre de nínfulas. [...]
Además, puesto que la idea de tiempo gravita con tan mágico influjo sobre ese asunto, quien lo estudie no ha de sorprenderse al saber que ha de existir una brecha de varios años -nunca menos de diez, diría yo, treinta o cuarenta, por lo general, e incluso noventa, en algunos pocos casos conocidos- entre nínfula y hombre para que éste pueda caer bajo su hechizo. Es una cuestión de ajuste focal, de cierta distancia que el ojo interior supera lleno de placentera emoción y de cierto contraste que la mente percibe con un jadeo de perverso deleite. Cuando ambos éramos niños, mi pequeña Annabel no era para mí una nínfula; yo era su igual, un faunúnculo por derecho propio, en esa misma y encantada isla del tiempo; pero hoy, en septiembre de 1952, al cabo de veintinueve años, creo distinguir en ella el inicial elfo fatal de mi vida.

17 diciembre 2003

Cuatro cinco uno


Estoy viendo a ratos una película que se me antoja fantástica, Fahrenheit 451 de François Truffaut. Se basa en una novela de Ray Bradbury. Un diálogo de la película (cito de memoria, como siempre):

-¿Por qué aparece el número cuatrocientos cincuenta y uno en sus uniformes?
-Es la temperatura en grados fahrenheit a la que el papel de los libros comienza a arder.


El protagonista es un bombero del futuro. En el futuro los bomberos -según la prosa de Bradbury- no apagarán incendios, sino que se dedicarán a quemar libros, por estar prohibida su lectura, y a detener a las personas que los guardan para leerlos en la clandestinidad.

La siguiente frase de una bella joven:

-¿Y nunca ha leído ninguno de los libros que quema?

hace pensar a nuestro bombero, que un día coge un libro de Dickens y comienza a leer. Me he quedado por ahí.

Es mejor la situación que tenemos ahora, es decir, que haya libertad para leer, pero no lea ni Dios, que una dictadura que prohíba leer y en la que hubiese que hacerlo como delincuentes. Pero sería muy romántico, ¿no creéis? Y bastante heroico. Hoy en día si lees en lugar de ver algún programa televisivo nocturno, eres una suerte de apestado. Pues que se jodan. Y perdón por la jerga barriobajera. Y ahora, a leer un poquito, mientras otros ven la pelea de gallos de la tele.

16 diciembre 2003

Ein schlechter Tag


Hoy ha sido un mal día, en general. Y tenía pensado escribir en el blog, pero únicamente iba a poner "hoy ha sido un mal día". Pero me he dado cuenta de que es una excusa barata, y que llevo varios días sin escribir nada más que mis amables conversaciones con los de Wanadoo (por cierto, seguimos sin imágenes, según veo... habrá que ir pensando en mudarse).

Estaba en el trabajo enfrascado en la lectura del Otelo bilingüe que me regaló Satch cuando ha llegado mi jefe (tengo la ventaja de estar solo casi todo el tiempo, así que suelo aprovechar para leer o escribir, o desaprovechar para escuchar la radio). Lo tengo pendiente acabando el cuarto acto (supongo que mañana estará listo).

Hay que ver lo malo que es Iago, que va a hacer que Otelo estrangule a Desdémona y los convierta en víctimas a ambos sin comerlo ni beberlo. Creo que es casi seguro que los geniales Uderzo y Goscinni se inspiraron en este personaje para crear al verdoso envenenador de mentes que protagoniza La Cizaña, uno de los tebeos de Astérix que más me gustan.

La trama que monta Iago alrededor del pañuelo que Otelo regala a su esposa es genial, propia de Shakespeare. El regalo del amor provoca el veneno de los celos y la desgracia final. Todo va bien juntito. Por cierto, el bufón que se burla -bien que respetuosamente- de Desdémona cuando ésta le pregunta por Casio me recuerda al Hamlet ya enloquecido que aparece siempre presto a iniciar un engañoso juego de palabras (para eso, precisamente, vienen de lujo las ediciones bilingües).

Mi mal día no ha tenido nada que ver con la vuelta de mi jefe, con el que me llevo razonablemente bien. Ha sido un asunto de la menor importancia, pero como ocurrió al final del día, ha bastado para estropearlo. Suficiente por hoy. ¿Alguien sabe algún buen servidor baratito (o gratuito) para alojas las imágenes? Si es así, se agradecerán los comentarios. Un saludo.

13 diciembre 2003

Paciencia


He escrito un correo a Wanadoo quejándome por la desaparición de las imágenes (leed justo debajo si no sabéis de qué va esto). Me han respondido diciéndome que llame a un número de teléfono, cosa que he hecho. He hablado con un operador de la compañía, bastante amable por cierto -los operadores de esta empresa suelen serlo, no tanto las operadoras- y me ha dicho, aunque no prometido (supongo que los tienen enseñados) que hoy o mañana la bitácora recuperará sus imágenes. Los de Wanadoo suelen ser serios. Comparados con Telefonica, quiero decir.

Telefonica, por cierto, se escribe sin tilde. Es por algún asunto que no recuerdo. El adjetivo "telefónica", claro, sí lo lleva; la empresa, no.

12 diciembre 2003

Problemas graves (según se mire)


Te ruego que leas este post, aunque estés aquí por casualidad. Mi bitácora usualmente no es tan fea. De hecho, gracias a mi amigo José C. -me permito llamarle amigo- ha mejorado su aspecto admirablemente. Pero por algún motivo parece que el servidor de Wanadoo donde alojo las páginas está fuera de servicio. Mientras tanto, espero que el texto te aproveche algo. Saludos por doquier.

11 diciembre 2003

Dona ferentes


Eso decían en La Eneida, recordando el incidente del caballo de madera en Troya: timeo danaos et dona ferentes, esto es, "desconfío de los griegos hasta cuando hacen regalos". En este caso no es así, y lo digo con toda la alegría del mundo, fiajos. Y es que Satch ha vuelto a darme pruebas de su desinteresada -y apreciada- amistad, enviándome... ¿no lo adivináis? Pues enviándome un Hamlet bilingüe.

Ya tenía aviso de sus intenciones, y le advertí que sería notición en esta humilde bitácora. Pero me he llevado una sorpresa: era un paquete dual. Quiero decir que había dos libros, no uno solo como yo esperaba. El otro es Otelo, también del bardo de Stratford, que he comenzado a leer hoy mismo en el trabajo (he finalizado el primer acto, qué interesante, por Dios). La edición no es la misma que perdí, sino una de la editorial Imagine Ediciones. Es una editorial que no conocía, y en un primer vistazo creo que la visita a su página merece la pena. Las ediciones son más delgadas, manejables y con letras más gordas que la que yo tenía, lo que se agradece sin duda. Los magos de oriente se han portado, y además, prontito.

Coincido con Satch en que algunos funcionarios de Correos merecen la misma suerte que las personas humanas que subrayan libros prestados de una biblioteca pública (leed algo más abajo, si queréis saber de qué va el tema). Me han dejado el sobre verde en el buzón; no ha querido el cartero llamar al portero electrónico para que bajase mi hermano a por él (ni que decir tiene que tampoco ha querido subir). He llegado del trabajo a las dos menos cuarto de la tarde, y he visto más de medio sobre asomando por fuera del buzón (el cartero suele dejarse caer sobre las once de la mañana). Creedme, es un auténtico milagro que tenga ahora mismo a Hamlet y a Otelo (y a Ofelia y Desdémona, ya puestos) en mis garras. La de revistas que me han distraído del buzón ni os cuento. Lo dicho, un milagro.

Gracias, Satch. Un abracete.

10 diciembre 2003

In versus


Enlacé hace unos días una curiosa versión nacional del conocido Google. No me di cuenta de algo. Escribid varias palabras seguidas en la caja de búsqueda. Por ejemplo, vuestro nombre y vuestros apellidos. Curioso, ¿no?

09 diciembre 2003

Lo fatal

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...


Rubén Darío.

Fenomenal, ¿no? El soneto, digo, no la sensación que deja, claro. Muchos poetas han tenido épocas tremendamente formales y épocas tremendamente profundas, como el mismo Rubén, como Machado, como Juan Ramón Jiménez (con jota, por supuesto). Este soneto truncado me encanta. Habla bastante de la insatisfacción y la impotencia que genera esta vida. Por ello, no consigue ser un soneto completo: el segundo terceto se queda a la mitad. Creo que ya lo he dicho, pero lo repito: fenomenal.

No os deprimáis, pensad que quien lo escribió lleva muerto varios años. Vaya. No debería haber dicho eso. En fin. Os espero pronto, aquí mismo.

08 diciembre 2003

Liberalibros


Alejandro Gassman me ha enviado un correo electrónico a través del cual he llegado a su página (Liberalibros). Propone algo que creo que ya se ha hecho en algún lado, aunque sin tanta organización: liberar los libros. Alguien se lee un libro y lo deja abandonado en algún lugar público, para que otra persona lo recoja, lo lea y haga lo propio con él (dejarlo en otro lado).

Me parece bastante encomiable la idea. La lástima es que tengo poca -o nula- esperanza en el género humano, y no sé si el que encuentre el libro querrá abandonarlo a su vez una vez leído, suponiendo que le haya gustado.

Pero en fin, mis manías y prejuicios no tiene por qué aguantarlos nadie. Visitad su página, y a ver si os animáis. Ya son más de cien registrados. Un saludo.

07 diciembre 2003

Marley

Emancipate yourselves from mental slavery


Bob Marley, Redemption song.

Celebramos hoy (en realidad técnicamente fue ayer, pero ya comenté hace tiempo que mientras no me vaya a la cama, para mí es 6 de diciembre) el aniversario de la Constitución Española. Es un gran día para la libertad de expresión, y lo que es bueno para la libertad de expresión, lo es para los libros. La edición que tengo de Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos, y las que tengo de El Quijote, de... no me acuerdo del nombre, o no quiero acordarme; las ediciones que tengo, decía, muestran algunos párrafos escritos con un tipo de letra distinto al resto, prueba de que han sido imprimidos en plancha distinta, posterior al resto de la edición, impresa en tiempos de dictadura censora.

Uno lee los párrafos censurados y da la impresión de que hay más inteligencia en ellos, aparte, claro está, de la preceptiva denuncia al gobierno establecido, o los toques de sensualidad tan mal vistos generalmente por la censura castiza (que suele ser de tipo religioso). Puede ser que los párrafos me parezcan mejores porque soy consciente de que cuando los leo manejo un pedazo de literatura preciosa, amenazada, como si viese un cóndor de los Andes de repente, o un tigre siberiano. Crece la idea de que la censura está en contra del libre pensamiento político y la sexualidad, sí, pero sobre todo está contra la inteligencia y el pensamiento crítico.

Emancipaos de la esclavitud mental.

03 diciembre 2003

Pena capital


Ayer fui a la Biblioteca Pública de Melilla, después de unos dos años sin acercarme por allí. He tomado prestados dos libros: la Historia de la literatura hispanoamericana, de la profesora Jean Franco, y Los esenios y los rollos del mar Muerto, del historiador César Vidal Manzanares (ese señor tan bien hablado que aparece de vez en cuando en la tertulia de María Teresa Campos, y que chatea con los visitantes de la página Libertad Digital).

El libro de Jean Franco es de relectura: lo tuve que estudiar en la asignatura Literatura Hispanoamericana durante mis estudios, y guardo un grato recuerdo de él. Es cortito (para la materia que trata) y bastante ameno, pero muy útil. Lo guardo para el segundo lugar.

El de César Vidal trata sobre la secta de los esenios, a la que tal vez perteneció Jesús de Nazaret, y los datos sobre ella aportados por el descubrimiento relativamente reciente de unos papiros en unas cuevas cercanas al mar Muerto. De momento (llevo unas cien páginas) está muy interesante. Alguien ha subrayado algunos párrafos y hecho unas anotaciones con un rotulador de punta fina.

Con este post quiero solicitar a quien competa que promueva una ley que sentencie a pena de muerte a quien sea encontrado culpable de tales actos. No imagino qué les debe de pasar por la cabeza. No imagino que alguien tome un libro prestado de la biblioteca, compruebe que está intacto, sin pintar, para que él pueda disfrutarlo, y acto seguido decida que los que lean el libro después de él no disfruten del mismo derecho. No me imagino a mí mismo escupiendo en las sillas de un restaurante, después de cenar, para que los que vengan luego no cenen tan a gusto como yo. Imagino, eso sí, que quien ha iluminado el libro de Vidal seguramente tiene sus propios libros (si es que los tiene) inmaculados. De verdad que no lo entiendo.

Para los que subrayen a lápiz he pensado cadena perpetua, con posibilidad de acogerse a la libertad condicional, previa muestra de arrepentimiento. El que (y la que) quiera votar puede hacerlo en los comentarios.

(Más visitantes ilustres: han estado por aquí satch, el autor de El poder del absurdo; Rodolfo, de Hasta las pelotas; y Juan Carlos, de Octaedro)

02 diciembre 2003

Más ollas podridas


Olla podrida, ya sabéis, popurrí. Llevo casi dos semanas sin leer casi nada. Y eso que tengo mucho tiempo (de repente me asalta una pregunta: ¿a quién diablos le importa esto? En fin, me lo tomo como un acto de disciplina espartana). Tengo un trabajo de veinte horas semanales que dedico casi exclusivamente a jugar al buscaminas. Soy todo un experto, eso sí. Quería dedicar todo el tiempo a leer y escribir, pero he perdido fuelle. He de recuperarlo. Quizás desinstale el jueguecito. Cuando mi jefe vuelva a pasarse por África, espero que no me pregunte (creo que él prefiere el solitario).

Tengo un libro intitulado Gran diccionario múltiple de citas. No recuerdo el autor, pero sí que es de la editorial Círculo. Supongo que está muy bien. Hay citas muy inteligentes, dignas del libro, en realidad, casi todas. Me gustan las citas: lo que no me gusta es su uso abusivo y fuera de contexto. Eso es pedantería. Y las personas pedantes que he oído y leído, generalmente no tienen motivos para mostrar esa actitud, salvo excepciones que puedo contar con los dedos de una mano de alguno de Los Simpsons.

Leer a Isaac Asimov en sus obras de divulgación científica es un placer difícilmente descriptible. Pocos autores pueden hacer que mi trasero quede pegado al sillón, y él es uno de ellos. Mi novia me regaló su autobiografía, publicada poco después de su muerte. Altamente recomendable. Hace unas semanas descubrí que había muerto de SIDA. Su viuda, Janet, confesó que había ocultado su enfermedad por recomendaciones de sus médicos. No lo entiendo. Solamente he leído una obra suya de ficción, Los océanos de Venus, y debo confesar que me dejó algo frío.

Con Ernest Hemingway, hasta ahora, me ocurre que no puedo avanzar en ninguno de sus libros más que unas pocas páginas. He probado con París era una fiesta, Por quién doblan las campanas y con el best-seller El viejo y el mar. No sé si será que aún no es el momento de leerlo, si es difícilmente traducible o si simplemente es mediocre. Me quiero inclinar por la primera opción.

(Esta va para Cristina) Hay que ver lo que son las cosas: Julio César es, sin embargo, un escritor que me parece muy fluido y ameno. Y eso que no leo nada de él desde que lo traducía en el Bachillerato. Pero es que hasta leerlo en latín es un gozo (Gallia omnis est divisa in partes tres, etc.).

(Y esta para José C.) La Historia universal de la infamia, de nuestro querido Jorge Luis Borges, me recuerda a trazos a Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, sobre todo en algunos diálogos. Por cierto, adquirí un ejemplar de poesía del autor argentino, pero me pareció un poeta menor, comparado con su inmensa dimensión de prosista. Diréis: nos ha jodido. Pues eso mismo digo yo.

Si no recuerdo mal, Ludwig Wittgenstein, en su Tractatus Logico-philosophicus, afirma algo así como: "todo lo que puede expresarse, puede expresarse de manera simple". Y, si no recuerdo mal, a lo largo de su Tratado vemos cómo se contradice en más de una ocasión.

Daría lo que fuera por saber la sensación que obtuvo un antiguo hombre - o mujer - al hacer por primera vez en la Historia de la Humanidad una muesca cuneiforme en un cilindro de arcilla.

Y bueno, por hoy basta.

01 diciembre 2003

Dedicado a los españoles asesinados en Irak

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espuma mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada.
Y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
aún tengo la vida.


Miguel Hernández, El herido, de Poesía beligerante.