La Lengua

30 noviembre 2003

Pesadillas


Creo que lo he leído, pero si no es así, sigo estando seguro: la palabra pesadilla tiene referencia a las cenas pesadas. Cuando ceno y me acuesto sin que medie al menos una hora y algo más, suelo tener visitantes inesperados.

Hoy no ha sido así: de hecho me he acostado casi sin cenar (sólo una sopa), y bastante pronto. He puesto a reproducir la película En busca del arca perdida y me he acostado a verla; al poco tiempo me he quedado dormido como un lirón. Entonces he tenido la pesadilla.

En ella, estaba preparando la última función de la obra de marionetas de la que ya os hablé. El pase era a las ocho (en realidad han sido a las siete y media, pero una pesadilla donde impere la lógica, deja de hacer honor a su nombre). A las ocho en punto, con la sala medio llena de público, me doy cuenta de que se me han llevado los altavoces del equipo de música donde he de reproducir la banda sonora.

Envío a mis secuaces adolescentes a buscar los bafles, y voy yo mismo también, y tras un rato los encontramos. Intento acoplarlos al equipo de música, y mis herramientas han desaparecido. Menos mal que para los cables siempre está el recurso de usar unas tijeras: es lo que comienzo a hacer. Entre pitos y flautas dan las nueve. Algunas personas han subido donde estoy trabajando, impacientados por el retraso. Comienzo a pelar cables a la vista de todos. Son seis altavoces en total. Cuando he conectado dos, comienzo a gritar: "¡Traedme algún cedé para ir poniendo música mientras tanto!" Aparece un tipo con el que me peleé cuando iba al instituto (hace once años) y me pone un disco en las manos. Entonces descubro que el reproductor, donde he de poner el disco de la banda sonora, ha desaparecido.

Me levanto de la cama bañado en sudor (la película ha terminado) y voy a la cocina a comer algo. Es la una de la madrugada, y toda mi familia se ha acostado ya. Esto nunca sucede los sábados. Es lo que yo llamo una pesadilla completa: cuando al despertar la realidad también ha perdido algo de su lógica.

Siempre que sueño (ya sea sueño o pesadilla) olvido lo soñado a los pocos minutos. Por eso hoy me pongo al teclado a estas horas intempestivas, que diría más de uno.

29 noviembre 2003

Mirad qué curioso


Aquí, aquí... aquí mismo.

Virtual


Calderón de la Barca, Wittgenstein, Borges, y los hermanos Wachowski, entre otros muchos, han tratado el tema de lo que es real y lo que no, y lo que lo parece. Hoy voy a hablar de un libro: la Enciclopedia de las cosas que nunca existieron, texto de Michael Page e ilustraciones de Robert Ingpen (el otro día mencioné el libro). Cuando tenía unos once o doce años, iba a la biblioteca municipal a leerlo, ya que no dejaban llevárselo a casa. Lo leía de cabo a rabo y miraba las ilustraciones. Son unas ilustraciones preciosas. Seguro que por la red podéis encontrar varios ejemplos que avalen lo que os digo.

El libro se divide en varias secciones como El cosmos, El suelo y el subsuelo, La magia, etc. Algunas de las cosas que describe existen, pero por supuesto no con los atributos que la enciclopedia afirma (v. gr., el albatros, los enanos, etc.). Se describen algunas criaturas de las que jamás había oído hablar (Grendel), otras que conocía bastante bien (gnomos, brujas), y otros cuya existencia me era sabida pero cuyo aspecto y origen desconocía (gremlins).

Me costó unas seis o siete mil pesetas de las de hace unos dieciséis años. Bueno, a mí no, a los Reyes Magos, o a mis padres (creo que después sus majestades les pasaron la factura). En Amazon sólo está disponible en inglés, y creo que al cambio sale más o menos la mitad de lo que les costó a mis padres. Si yo no lo tuviera, lo compraría ahora mismo aunque solamente fuese para mirar las ilustraciones.

27 noviembre 2003

Nuevo diseño


Seguro que casi todos os habéis dado cuenta, pero por si acaso lo digo: gracias a la inestimable e imprescindible ayuda de José C. (webmaster de El Lector), he dado un cambio a la imagen de esta humilde bitácora. Más correcto sería decir que lo ha hecho él todo, pero en fin, no siempre se puede ser sincero en todo. Espero que guste.

Gracias, José C.

26 noviembre 2003

Pérdidas


Recojo el testigo de José C., que se me ha adelantado un par de días (se lo perdono porque cualquier cosa que él escriba es interesante, al menos para un servidor). La gente que no devuelve los libros.

Los libros son un algo curioso. Hay cosas que cuando las prestas, te preocupas mucho de que te las devuelvan: el coche, un vídeo-juego, una película, dinero. Con los libros no siempre pasa así. Y los motivos no son fáciles de adivinar, no creáis. Como dice José C., el que no te devuelvan un libro es una especie de halago intelectual: significa - normalmente - que el lector-ladronzuelo conecta intelectualmente contigo, que comparte tu sensibilidad. Lo malo es que yo por ahora no puedo hacer lo mismo que él, comprarme varios ejemplares de los libros que me gusten. Primero, por cuestiones económicas, y segundo, porque ya dije una vez que en esta bendita ciudad (Melilla) no es nada fácil conseguir un libro (a los asiduos, les informo de que aún espero a Lolita).

Puede haber razones más prácticas. Un libro se lee y si no se devuelve al instante, puede quedar olvidado en la biblioteca. De vez en cuando, buscando otro, te lo encuentras, y dices: tengo que devolver este libro a Zutano. Pero no lo vas a llamar solamente para eso, y como no tienes otro motivo, pues el libro se queda. Yo mismo tengo algún que otro libro pendiente de devolver. Algunos desde hace años (me viene a la mente Hojas de hierba, del poeta estadounidense Walt Withman; hace años que el que me lo prestó se trasladó a vivir a la Península). Quiero decir con esto que el que esté libre de culpa, que tire la primera piedra. De todas formas, hay libros que uno agradece que no sean devueltos. Sin embargo, a mi Hamlet bilingüe, lo sigo echando mucho de menos.

Conclusión: a mí, que no tengo amigos delincuentes - al menos no demasiados - me molesta que no me devuelvan los libros. Pero sé que no se hace a posta. O eso espero.

(Que yo recuerde, espero que alguien me haga feliz devolviéndome el susodicho Hamlet; también me haría ilusión recuperar Ética para Amador, de Fernando Savater; la Enciclopedia de las cosas que nunca existieron, de Michael Page y Robert Ingpen - libro formidable - fue recuperado inesperadamente hace unos años; mi Lolita lo doy por perdido, y como sabéis, lo he vuelto a comprar)

Internet


Hace unos días ya comenté que estoy releyendo (tercera vez) el magnífico libro Una odisea espacial 2001, de Arthur C. Clarke. Una curiosa premonición de Internet:

Uno a uno conjuraría a los principales periódicos electrónicos del mundo; conocía de memoria las claves de los más importantes, y no tenía necesidad de consultar la lista que estaba en el reverso de su bloque. Conectando con la unidad memorizadora de reducción, tendría la primera página, ojearía rápidamente los encabezamientos y anotaría los artículos que le interesaban. Cada uno de ellos tenía su referencia de teclado al pulsar el cual, el rectángulo del tamaño de un sello de correos se ampliaría hasta llenar por completo la pantalla, permitiéndole así leer con toda comodidad. Una vez acabado, volvería a la página completa, seleccionando un nuevo tema para su detallado examen.
Floyd se preguntaba a veces si el bloque de noticias, y la fatástica tecnología que tras él había, sería la última palabra en la búsqueda del hombre de perfectas comunicaciones. Aquí se encontraba él, muy lejos en el espacio, alejándose de la Tierra a miles de millas por hora, y sin embargo en unos pocos milisegundos podía ver los titulares de cualquier periódico que deseara. (Verdaderamente que esa palabra de "periódico" resultaba un anacrónico pegote en la era de la electrónica.) El texto era puesto al momento automáticamente cada hora; hasta si se leía sólo las versiones inglesas, se podía consumir toda una vida no haciendo otra cosa sino absorber el flujo constantemente cambiante de información de los satélites-noticiarios.
Resultaba difícil imaginar cómo podía ser mejorado o hecho más conveniente el sistema. Pero más pronto o más tarde, suponía Floyd, desaparecería para ser reemplazado por algo tan inimaginable como pudo haber sido el bloque de noticias para Caxton o Gutenberg.


La edición que manejo es de Biblioteca básica Salvat. La novela es de 1968.

23 noviembre 2003

Poema y café

Ne devinez-vous pas pourquoi je meurs d'amour?
La fleur me dit: salut; l'oiseau me dit bonjour.
Salut: c'est le printemps! c'est l'ange de tendresse!
Ne devinez-vous pas pourquoi je bous d'ivresse!
Ange de ma grand'mère, ange de mon berceau,
Ne devinez-vous pas que je deviens oiseau,
Que ma lyre frissonne et que je bats de l'aile
Comme hirondelle?...

(¿Acaso no adivinas por qué de amor me muero?
La flor me dice: ¡Hola! ¡Buenos días!, el ave.
Llegó la primavera, la dulzura del ángel.
¡No adivinas acaso por qué de embriaguez hiervo!
Dulce ángel de mi cuna, ángel de mi abuelita,
¿No adivinas acaso que me transformo en ave,
que mi lira palpita y que mis alas baten
como una golondrina?


Arthur Rimbaud,
Poesías completas, Cátedra - Letras Universales. Edición bilingüe de Javier del Prado.

Creo que el apellido del poeta se pronuncia más o menos "gambó" o "rambó". He aquí una de las cosas de las que me avergüenzo: de no saber francés.

Iba a dejar el post más o menos como estaba, pero supongo que no tiene sentido: con haber recomendado el poema habría bastado. Así que habrá que contar algo.

Ayer por la noche fuimos a un pub llamado Café con Libro, de ambiente bastante agradable. Música y luces bajas, y una decoración un poco especial: hay varias estanterías con libros, supuestamente para que lea el que quiera (aunque con la luz tan tenue no es demasiado fácil). La mayoría de los libros que hay - me da la impresión - son de lectores que han pensado que el espacio ocupado por ellos en sus estanterías es más valioso que el libro en sí. No hay demasiada calidad, algo de poesía, algo sobre leyendas bereberes, algunos tebeos (más de uno se preguntaría qué estaría haciendo un chiflado examinando minuciosamente la decoración del local).

Entre tantos libros, había uno de Rimbaud, que fue un poeta francés, como sabéis, que creo que es más conocido por su nombre que por sus poemas. Y es una pena. Y supongo que la muestra de arriba es - para mí - una especie de prueba de lo que digo.

La edición es excelente. Las ediciones bilingües de Cátedra me encantan. Tuve una de Hamlet que debí de prestar a algún listillo. Es tema para un post, ¿verdad? La gente que no devuelve los libros. A ver si mañana me acuerdo. Volviendo a las ediciones: es fantástico poder comprobar cómo suenan las obras en su redacción original (o al menos cómo se escriben). Los estudios introductorios creo que los hay buenos y no tan buenos, pero aun así, os recomiendo que os hagáis con alguno de estos libros y le echéis un vistazo. Edición en rústica, con portada blanca y una ilustración en medio.

The Others


No me refiero precisamente a la película, sino a una palabra: "los demás".

Mi padre me comentó una vez que los españoles somos acaso el pueblo más egoísta del mundo: en los demás idiomas no se alude a las otras personas diciendo que son las de más. Son, simplemente, los otros.

Estaba exagerando, por supuesto. No creo - ni creo que él lo crea - que seamos más egoístas ni menos que cualquier otro ciudadano del mundo. ¿Qué opinarán los demás?

20 noviembre 2003

Frases célebres


Ahí va una: Yo nunca doy dinero a un pobre; le doy comida. Si le doy dinero se lo gasta en vicios.

Por algún motivo que se me escapa, la gente suele pensar que sólo los que tienen dinero acaparan el derecho a tener vicios. ¿Por qué los pobres no pueden?

18 noviembre 2003

Estructuralismo y ¡canibalismo!


El estructuralismo aplicado a la lingüística ha dado mucho juego en el siglo pasado, con nombres para una Historia de la Lingüística tan ilustres como los de Levi-Strauss y Ferdinand de Saussure. La teoría del estructuralismo es más o menos sencilla: la lengua se comporta como el ajedrez. Hay una serie de piezas (monemas, palabras, depende el nivel que estudiemos) que interactúan de diversa manera (morfología, sintaxis) para lograr un objetivo (en nuestro caso, la comunicación; en el de los ajedrecistas, el jaque mate).

Uno de los campos semánticos que se suele poner de ejemplo para aplicar la teoría estructural es el de los grados de parentesco. Cada lengua tiene el suyo, según la importancia o función de los familiares para el individuo. En castellano, por ejemplo, no diferenciamos a los hermanos o hermanas del padre o la madre: hay una sola palabra, tío, -a. Sin embargo, tenemos vocablos distintos para referirnos a quien se casa con nuestro hijo (o nuestra hija): yerno, nuera. En inglés no ocurre lo mismo. Se diferencia entre "hermano del padre o la madre" (uncle, del latín AVVNCVLVS, origen también del catalán oncle) y "hermana del padre o de la madre" (aunt, desconozco la procedencia). También diferencia el inglés los vocablos para "hermano" y "hermana" (brother, sister). Pero una vez asumida la diferencia, las palabras para "yerno" y "nuera" son análogas: son-in-law, daughter-in-law.

¿Y a qué viene este rollo? Pues al último libro que he comenzado, Tótem y tabú, de Sigmund Freud (la edición que manejo es de Alianza Editorial). Comienza el psicólogo vienés hablando sobre las relaciones de parentesco entre los diversos clanes de aborígenes australianos y su concepto del incesto. Cada clan tiene un tótem, que suele ser un animal comestible, aunque puede ser también una fuerza de la naturaleza, como el agua, v. gr. Todos los miembros de un clan se consideran hijos de su tótem; por tanto, dos personas pertenecientes a él que mantengan relaciones sexuales, son culpables, dentro del clan, de incesto. Al hombre se le suele asesinar (ajusticiar dirían algunos: eufemismo estúpido) inmediatamente. La mujer es acometida a dentelladas por los miembros de su clan y cosida a lanzazos. Si sobrevive, es posible que se le perdone la vida. Qué bestias, ¿no?

Me pregunto si se le expulsaría de una hipotética universidad donde en la actualidad diese clases el Dr. Freud. Lo digo por pasajes como el que sigue:

No podemos esperar, ciertamente, que estos miserables caníbales desnudos observen una moral sexual próxima a la nuestra o impongan a sus instintos sexuales restricciones muy severas.

Mientras pensaba sobre lo que iba a escribir en este post, reflexionaba sobre si me parecía más reprobable la censura antigua o la moderna, basada en lo políticamente correcto. Bah, es como cuando me preguntan: "¿A quién quieres más, a mamá o a papá?". Sencillamente, me es imposible elegir.

Un chiste (malo)


-Buenas tardes, ¿es aquí donde se imparten clases de inglés?

-If, between.

17 noviembre 2003

Títeres


Mañana estrenamos una obra de teatro escrita por mí. El público, Dios mediante, estará compuesto por alumnos de Primaria. Nos ayudan unos chicos, entre ellos algunos de nuestros alumnos del Programa de Compensatoria que llevamos. El castellano tiene refranes para todo. ¿Lo había dicho ya? Hoy éste es el que viene a cuento: El que se acuesta con niños, etc.

En la redacción original, varias marionetas que representan a unos niños agarran a un anciano que regenta una tienda de animales - símbolo de un Dios universal - y se lo llevan para tirarlo al río. Puse la escena para criticar la intransigencia religiosa, y para hacer un pequeño homenaje a Nietzsche. A mi novia (directora de la obra) no le hizo demasiada gracia. He tenido que eliminar todo resquicio de violencia. Es una obra para niños (le sugerí que prohibiesen todas las películas de Disney. Censura, censura).

A pocos días de la representación, se imprimieron las entradas. Harta de esperar a que decidiese un título para la obra, lo eligió ella misma: se llamaría Los pajaritos de la felicidad. Con los ojos inundados de terror, le pedí que mi nombre no figurase como guionista en ningún sitio; demasiado tarde. Ya la he advertido de que, si alguien me pregunta, le pienso decir que el título es un homenaje a la película de Pilar Miró. Siento un enorme respeto por la cineasta española, y además me viene al dedillo.

Para la banda sonora he elegido dos versiones del Arabesque nº1 de Claude Debussy: una en versión original, al piano, y otra con sintetizador grabada por el músico japonés Isao Tomita (la que sonaba como sintonía del programa de televisión El planeta imaginario, si lee por aquí alguien de más de veinticinco años, seguro que se acuerda). También aparece el Minute Waltz de Chopin y Cavatina, de John Williams, interpretada por Stanley Myers (la famosa música de la película El Cazador).

Pues ya os contaré. De momento, recitaré religiosamente mi frase de todos los estrenos: "Es la última vez que me liáis en algo así".

Efe de fe; fe de erratas


La errata más gorda que he visto en mi vida aparecía en un libro de Gustavo Adolfo Bécquer. Vi en un estante de una librería local un ejemplar - que tenía bastante mala pinta, dicho sea de paso - de las Rimas. Lo tomé, lo abrí, y en realidad eran las Leyendas.

Aunque pensando... si tomamos por errata la tapa, quizás el error no sea tan grande. Pero si tomamos el contenido...

13 noviembre 2003

Elegir el momento


Cuántos posts se pueden iniciar con este título, ¿verdad? Pero aquí se habla fundamentalmente de libros.

Hay veces que se inicia un libro y se es incapaz de continuar tras unas decenas o unos cientos de páginas. A menudo es porque el libro en cuestión es malo, en cuyo caso está totalmente justificado. Otras veces, simplemente ocurre. Y ya está.

Supongo que tiene que ver con los estados de ánimo, con el tiempo libre previsible en las semanas siguientes, con lo ajetreadas que tengamos las neuronas, qué sé yo.

Me ocurrió algo curioso con Iván el imbécil, de León Tolstoi: lo estaba disfrutando como un niño con un vídeo-juego de última generación, y un día lo solté y no he vuelto a cogerlo. Está en la pila de los "el-día-menos-pensado". Lo mismo puedo decir de Trópico de Capricornio, de Henry Miller. Cosas que pasan.

Fue distinto con La tía Tula, de Unamuno, Sonata de estío, de Valle-Inclán y Un asunto tenebroso, de Honoré de Balzac. A las pocas páginas de coger cada uno de ellos, me di cuenta de que no era el momento adecuado para leerlos. Y no me gusta leer forzado, como hice a veces, durante el extinto Bachillerato: es una forma muy tonta de perder mi tiempo y el del libro. De vez en cuando los abro y compruebo si el momento ha llegado. Ah... mala suerte. Pues otro día.

¡También pasa con las relecturas! Siempre procuro que uno de los cuatro o cinco libros que leo durante una época determinada sea una relectura de un libro que me haya gustado especialmente. Hace poco dejé El Aleph de Borges a la mitad, y lo sustituí por Una odisea espacial 2001, de Arthur C. Clarke. Como dice Mark Rowlands (comentado por P. Jorge), a los autores de ciencia-ficción se les lee a menudo más por las ideas que por la calidad literaria. Creo que en muchas ocasiones Clarke es una excepción (no por ausencia de ideas, sino por presencia de la Literatura).

Como dije al principio, hay libros que no se merecen ser terminados. Y esos, pues ni pienso comentarlos. Además, la mayoría de ellos no los recuerdo, aunque seguro que estoy vacunado: si caen otra vez en mis manos espero reconocerlos y desecharlos. Dicen por ahí que de todo libro, por malo que sea, se puede aprender algo. Bueno, no es el momento ni el lugar (quizás el lugar sí, pero el momento seguro que no) para ponerse a hablar sobre la veracidad de tal afirmación. Pero en siendo el tiempo de vida limitado, es mejor aprovecharlo leyendo un buen libro, comiendo castañas, yendo al cine o haciendo el amor que desperdiciarlo leyendo un libro malo. Para eso siempre hay tiempo.

1010


¿Binario? No. Es el número de visitas recibidas la última vez que comprobé el contador.

A menudo he leído posts de gente que hace bitácoras, que se defienden de las críticas negativas argumentando que el diario lo escriben para ellos, así que al que no le guste, que no lo lea. ¡Yo no! Yo quiero tener un millón de amigos, como dice la canción. Cuantos más visitantes, mejor. Si lo que escribo fuese para mí, probablemente lo escribiría en un diario de papel y lo guardaría bajo la almohada (aunque si sólo escribiese para mí, seguramente terminaría no escribiendo nada, soy bastante vago).

Aproximadamente un diez por ciento (algo menos) de las visitas son mías, de cuando he tenido que probar el sistema de comentarios o el vínculo a las estadísticas, o los enlaces. No hay trampa. Entro al diario desde mi cuenta de administrador de Blogger, y compruebo los comentarios desde la página de Blogspeak. Actualmente sólo entro directamente a la bitácora cuando respondo a algún comentario. Desde aquí doy las gracias a los proveedores de ambos servicios gratuitos.

Quiero agradecer también a mis dos o tres lectores habituales por su fidelidad, y a las páginas que me tienen enlazado (al menos dos, pero ¡ojo!, páginas de calidad garantizada). También a los que, llegados a La Lengua a través de Google se han tomado unos minutos viendo los archivos. Y a un nuevo Visitante Ilustre, Rodolfo, autor de Hasta las pelotas, que al parecer se ha pasado por aquí alguna vez (y, por supuesto, a los que han llegado desde su diario).

Ya sé que este post es fantásticamente inútil, pero es que estoy contento de haber recibido más de mil visitas. Espero que sepáis perdonarme. Un saludo.

11 noviembre 2003

Lecturas


Estoy leyendo La fiel Infantería, de Rafael García Serrano. Dice en la portada que es "la mejor novela sobre la guerra civil vista desde el lado nacional". Fue Premio Nacional de Literatura, lo que no impidió que fuese retirada de la circulación a los seis días de obtener el galardón. De momento no me está entusiasmando (me refiero a la obra como Literatura; ya dije que este diario no trata la política). Aun así, hay ciertas pinceladas coloristas en sus descripciones que me hacen disfrutar a ratos. Una cita sobre La Lengua:

Entender el idioma del enemigo, hablar la misma lengua de los que matan, de los que tienes que matar, es un suplicio que deprime como si una montaña cayese en los hombros o un grano de arena en la conciencia...

Y otra cita, esta vez literaria:

Mario y yo acabamos también allí de leer un ejemplar de "Sin novedad en el frente". Sus páginas, luego de leídas, nos servían para los más ínfimos menesteres: las usábamos con frecuencia, debido a las aguas de la roca, las conservas y el calor.

No parece haberle gustado mucho a García Serrano la obra de Erich Maria Remarque (o, al menos, a sus personajes).


También estoy con Marianela, de Pérez Galdós. Qué decir... Galdós es siempre una gozada. El autor canario clasificaba esta novela entre las de su primera época. Claro, no es Miau, pero para escribir un Miau hace falta ser algo parecido a un genio. Yo me conformaría con escribir una Marianela. Y creo que muchos escritores actuales, también. El argumento trata la relación entre la Nela, chica pobre y fea, y Pablo, muchacho ciego de padre adinerado a quien se va a someter a una complicada operación para intentar que recupere la vista. Su relación, al principio, es bastante idílica, pero me estoy temiendo lo peor...

(Voy acabando La Odisea; ya lo comenté hace poco. Y sigo con La Divina Comedia. Pena de una edición pésima para una obra tan respetable: hay fallos en la traducción, erratas, se echan en falta citas que son realmente necesarias, etc. Pero bueno, la estoy disfrutando a pesar de todo)

10 noviembre 2003

Lluvia


Está lloviendo en Melilla. A mares. Hace lo que se suele llamar un día de perros.

La expresión alude al trato despiadado y desagradecido que solemos dar a unos animales sin los que seguramente no gozaríamos de una vida tan cómoda (me limito a hacer referencia a los perros policía, los que tiran de los trineos, los sanbernardos, los que buscan a los supervivientes bajo los escombros causados por un terremoto o simplemente, los perros de compañía). Parece ser que en días así ha sido costumbre secular expulsar a los animales bajo la intemperie. Puede ser que simplemente los perros sean los únicos que no buscan un refugio, o que no lo encuentran, cuando llueve. En inglés, como es conocido, se dice it's raining cats and dogs. Me resulta más difícil buscarle una explicación.

(Mi gata se ha asomado a la ventana y contempla la lluvia, parece bastante interesada. Creo que los gatos son más inteligentes que los perros, aunque me caigan bien ambas especies. Jamás he visto a un gato trabajar para nadie. Y mucho menos gratis)

09 noviembre 2003

Actualización (visitantes ilustres)


Aquí comenté, hace unos días, los diarios que visito frecuentemente.

Considero a José C. visitante de honor. Es el webmaster de la bitácora El Lector, ya comentada en el citado post. Un saludo desde aquí.

Gracias a José C. (y a su página) llegué al diario de Cristina, que es una de los nuevos ilustres visitantes. Si eres de los que llegando aquí (por gusto, por Google o simplemente por error) no omite la lectura de los posts dedicados a Homero, Ovidio, Virgilio y otros, seguro que adorarás su página. Como ella dice, son las impresiones de una helenista. Estoy en ella ahora mismo, y el banner de Blogspot me enlaza con ofertas de viajes a Grecia. ¿Casualidad? Por cierto, el diseño me encanta.

Ya comenté hace unas semanas el diario de Rafa Marín. Dije algo así como que estaba constituido por reflexiones inteligentes - y muy bien escritas - de un profesor de Literatura acerca de los más diversos temas. Lo mantengo. Es un honor que tanto él como Cristina (a José C. ya lo tengo por numerario) hayan perdido unos minutos de su tiempo por aquí.

Cuando comencé este diario, pensé que estaba iniciando algo original (un a bitácora literaria). Después de visitar El Lector, I Elada Oudepote Pethanei y Crisei, me di cuenta de mi equivocación. Lo bueno es que pocas veces he estado tan satisfecho de equivocarme. Un saludo a los tres, a Carlos (mi paisano) y a todo el que nos visite.

08 noviembre 2003

Frígilis


Suelen decir los estudiosos de Clarín que en La Regenta se salvan únicamente tres personajes, entre toda la hipocresía malvada que tiñe a los demás: el obispo Camoirán, el médico Bermúdez y el gran amigo de don Víctor Quintanar, Tomás Crespo, Frígilis. A mí solamente me cae simpático este último. Fortunato Camoirán es ciertamente bueno, pero por su indolencia no deja de ser una pieza del engranaje eclesiástico que permite que el magistral Fermín de Pas y su madre se enriquezcan a costa de la caridad de los parroquianos. El doctor Bermúdez no hace nada malo, pero tampoco nada bueno, aconseja a Ana Ozores lo que es mejor para ella por mera y pura profesionalidad. Es cierto que no presentan las características freak del donjuán Mesía, de la viuda alegre Obdulia, del basto Trabuco o el insulso marquesito, pero tampoco muestran la heroica indiferencia de Frígilis ante la sociedad corrupta de Vetusta. Le vemos, sobre todo en los últimos capítulos, desviviéndose por salvar a Álvaro Mesía de su propia falta de coraje, a Quintanar de un duelo de desenlace dudoso, en incluso a la Regenta de la miseria, a pesar de que ella ha sido la causante de la destrucción de su mejor - su único - amigo. Me cae bien el ecologista de Vetusta. Estoy loco por que pasen unos meses y releer a Clarín de nuevo.

Gore


Odiseo (más conocido por su nombre latino Ulises) es enviado por la bella Circe al mismísimo Hades, para entrevistarse con el anciano Tiresias. Le indica cómo ha de hacerlo: los animales que debe sacrificar, dónde debe verter la sangre, etc. Cuando sigue las indicaciones, una legión de muertos (entre ellos Aquiles, Agamenón, que había sido asesinado por su esposa, la misma madre de Odiseo, etc.) se van acercando, ansiosos por beber la sangre derramada en los sacrificios, y el héroe los auyenta con su espada. Tras hablar con Tiresias, permite a los demás acercarse. La madre bebe la sangre del agujero y después departe con el itacense.

Me parece bastante gore. No sólo por esto, sino por miles de otras razones, enfrentándome a los cantos finales de La Odisea me lo estoy pasando realmente bomba.

(Odiseo descolló entre los griegos por ser el más inteligente y uno de los mejores oradores, pero en la obra en cuestión se aprecia muy claramente que las argucias de que se sirve para vencer sobre Polifemo, Circe, Escila, Caribdis y otras amenazas, son más bien consejos que le dan diversos dioses. No tiene, después de todo, tanto mérito, ¿no?)

06 noviembre 2003

El buen gusto


Me da la impresión de que Leti*ia Ortiz (la futura reina de España, no sé si os habréis enterado ya) tiene buen gusto. Y no lo digo precisamente por Felipe de Asturias - no me gustan los hombres, pero creo que aunque me gustaran, tampoco sería mi tipo - , sino por otro par de cosas: primero, porque estuvo casada con un profesor de Literatura (yo creo que eso es buen gusto; si no, que se lo pregunten a mi novia).

Segundo, porque dice que va a regalar a su prometido un libro de Larra, que por cierto no conocía. Creo que apreciar a Larra es tener un gusto bastante decente (aunque supongo que la elección ha sido cuidadosa, al regalar algo de un autor preocupado por su país, como fue el infeliz de Mariano José). El libro no lo conozco, pero seguro que estará interesante. Aunque a mí los románticos no me suelen volver locos como prosistas de ficción, sino como poetas y articulistas más bien. En fin.

¡Ah! Más buen gusto. Dice que le gusta de D. Felipe de Borbón que es un gran lector, cosa muy importante para ella. Lector no sé, pero desde luego grande es un rato.

(No he podido evitar, y eso que lo he intentado, tragarme todo lo concerniente al acto de pedida de nuestro futuro jefe de Estado. No había manera de escapar, ni en la radio ni en Internet, ni en la prensa; es más o menos lógico. Tengo mis ideas sobre la monarquía y la república, pero no es éste el lugar, ni creo que interesen a nadie. Un saludo y a ver si alguien me echa una mano con lo de Amazon.com (vid. infra))

Amazonas


Bonito nombre para un río. Y para la - creo - mayor tienda de libros en Internet. En fin, un pretexto para solicitar vuestra ayuda. ¿Alguien ha comprado alguna vez en Amazon.com? Me gustaría que en los comentarios me dejáseis vuestras experiencias, para saber si tardan mucho o poco, los gastos de envío, y el servicio en general. Pues nada, que muy agradecido.

05 noviembre 2003

Mentirosos


Debe de haber alguna fórmula matemática para calcular el grado de [falta de] sinceridad de una persona. Por supuesto, si es que realmente la hay, la desconozco. Sin embargo, creo haber descubierto una constante: al número medio previsible de mentiras que una persona normal dice a lo largo de su vida, hay que añadir +1 si la persona en cuestión es de esas que de vez en cuando afirman: "yo nunca miento". Ya comenté en algún post que la mentira, entre otras cosas, es lo que nos hace humanos. Parece ser que los animales no pueden mentir.

Siempre he reivindicado el derecho a la mentira (por supuesto, si no existe mala intención). Supongo que, quien más y quien menos, todos hemos pasado por la experiencia de romper en casa, siendo niños, la primera pieza de vajilla (vaso, plato, jarrón... cenicero). Estoy seguro de que a todos, en ese momento, nos ha socorrido (sin comerlo ni beberlo) el hermano pequeño, el mayor, o el gato, o un ficticio ladrón, o un fantasma. Por supuesto, mamá - o papá - conocen perfectamente la verdadera autoría del estropicio.

Entonces, ¿fue realmente mentir? Eso da para otro post.

03 noviembre 2003

Otros problemas


He comenzado hoy a dar clases de compensatoria en un Instituto de Secundaria aquí, en Melilla (el nivel escolar de los jóvenes melillenses, al menos de mis alumnos, es espantoso, es decir, produce espanto real). Son sólo dos horas por la tarde, que se unen al otro empleo-basura por el que por supuesto doy gracias a nuestros políticos (a los de ahora y a los de antes).

El caso es que cada vez dispongo de menos tiempo libre. Además, eso de libre ya sabemos que es, más que nada, un eufemismo estúpido, en fin... El caso es que procuro leer cuanto me es posible, y también escribo algo. Me gusta escribir en este diario, primero porque es posible que a alguien - aparte de a mí mismo - le entretenga, y tengo espíritu filantrópico. Por otro lado, me gusta la rutina que supone sentarme al ordenador y escribir al menos cuatro o cinco días a la semana: practico algo y además mantengo el cerebro algo activo. Bueno, todo esto para decir, simplemente, que quizás los posts se distancien algo en el tiempo, en contra de mi gusto, pero espero que no mucho.

Bien, pues vamos a hablar de Google, antes de que - previsiblemente - haya que teclear su dirección como www.microsoft.com/google (buscad la noticia por ahí, si es que aún no la habéis leído). A la derecha de la página principal hay un enlace titulado Herramientas del idioma. Desde ahí, mediante traductor informatizado podemos probar a traducir palabras, frases y páginas de Internet entre diversos idiomas, por ejemplo, el español, el inglés, el francés y el alemán. Una opción es escribir (o copiar y pegar) una dirección web en una de las cajas para que el traductor haga lo que le es propio con una página en concreto. Ejemplo: The Language. Otro día, con más tiempo, veremos las ventajas y los inconvenientes de los traductores automáticos.