Hace un par de años que no veo televisión casi nada (desde que uso esto de Internet masivamente). La encienden en casa a la hora de comer, y veo Los Simpsons, que son casi siempre muy entretenidos, frecuentemente geniales. Da lástima ver la escasa calidad de los últimos episodios. A veces veo también las noticias.
No lo digo para dármelas de elitista, ni de héroe cultural: hace años yo veía mucho la tele, y no precisamente los documentales de La 2. Había multitud de programas divertidos. Pero desde hace unos cuantos meses, todo es lo mismo, y ya aburre ver a todas horas a personas que son como tú y como yo, sólo que con menos vergüenza (no encuentro otra diferencia. Bueno, sí: algunos encima son horrorosamente feos).
Como están las cosas, me parece más heroico ver televisión que abstenerse de hacerlo. La he abandonado por otra amante que exige más: la red. Pensé que me cansaría, ya que no soy demasiado trabajador, y para usar Internet es necesaria mucha más energía que para usar la tele. Pero no ha sido así. Cada día está mejor.
Bueno, nosotros a lo nuestro.
Cuando yo era niño no había tantos dibujos animados japoneses. Bueno, esto tengo que matizarlo. La mayor parte de las series estaban realizadas en Japón, pero tenían temáticas muy diversas. Quiero decir que ahora hay muchas series de dibujos animados que creo que emiten porque son japonesas, como si eso les confiriera calidad automáticamente. A veces siento pena por las personas a las que les toca ser niños en estos tiempos.
Un poco de literatura. Recuerdo varias series. Ale, a recordar todo el mundo.
-La vuelta al mundo de Willie Fogg. Supongo que el nombre original de Phileas les pareció a los productores demasiado difícil para los niños españoles, así como el del mayordomo Passepartout (traducido en la versión que yo tengo como Picaporte). Fueron sustituidos por Willie y Rigodón. Habría preferido, ya puestos, Picaporte. Pero la serie me enganchó. Creo que era una buena adaptación infantil de la obra de Verne.
-Las aventuras de Sherlock Holmes. Otra vez los protagonistas eran animales, pero creo recordar que respetaron todos los nombres de los relatos de Conan Doyle. Al menos, el de Holmes, Watson y Lestrade. Por lo demás, si no me equivoco, las aventuras eran inventadas.
-Ulises XXXI. También respetó los nombres, e introdujo, como era habitual, el personaje estúpido y graciosillo que ponía la puntilla humorística. En La vuelta al mundo... era el hámster Tico; aquí era Nono, un robot-mascota propiedad de Telémaco, hijo de Ulises. A mí me gustaba, yo era muy pequeño, y fue mi primer contacto con el personaje de Homero.
-D'Artacan y los tres mosqueperros. Me viene una sonrisa a la cara cuando recuerdo el título (y la canción a base de ladridos del final). Aquí el cambio de nombre de los personajes, si no justificado, estaba al menos hecho con cierto pretexto: hacerlos más caninos. Creo que los mosqueteros eran en la serie Amis, Portos y Dogos. También fue mi primer contacto con los personajes de Dumas.
-Don Quijote de la Mancha. Si no me equivoco, estaba realizada por entero en España, y creo que es la mejor serie de dibujos inspirada en una gran obra literaria. Bastante fiel a la obra de Cervantes, y, para mi gusto, con la mejor sintonía musical de cualquier serie de dibujos animados (seguro que quien ronde los veinticinco o treinta años se acuerda perfectamente, y la estará tarareando ahora mismo).
Me da rabia pensarlo, porque significa que aunque no me esté haciendo viejo aún, así es como me siento. Pero muchas veces digo a mis amigos: "Hay que ver, ya no se hacen dibujos animados como en nuestros tiempos, ¿verdad?"


